Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2006/12/02 00:00

No hay derecho

La vida en Colombia es peor para las lesbianas, los gays, los bisexuales y los transgeneristas. Son más vulnerables y tienen menos derechos.

Las manifestaciones y acciones políticos de las lesbianas y los gays han servido para la adopción de normas que protegen sus derechos. Sin embargo, hay leyes que aún faltan, y prácticas que violan derechos esenciales

Decir que la ley se obedece pero no se cumple no tiene nada de nuevo. Pero la manida frase refleja con exactitud la situación de desigualdad y vulnerabilidad de la población Lgbt (lesbianas, gays, bisexuales y transgeneristas). Aunque la Constitución es progresista en esta materia, se han adoptado normas adicionales y la Corte Constitucional ha hecho un meritorio aporte con decisiones y jurisprudencia, este sector padece peores condiciones que el promedio nacional.

Así lo demuestra un informe que acaba de publicar 'Colombia Diversa', una ONG que trabaja por los derechos de la población Lgbt. El estudio se basó en derechos de petición realizados a diversas entidades del Estado para indagar sobre el diagnóstico y las políticas estatales sobre los derechos de estos grupos. Las conclusiones corroboran las peores hipótesis que se habían planteado.

Las personas que forman parte de estos grupos viven mal. Padecen exclusión y discriminación. Y eso, a su vez, los convierte en centro de violaciones adicionales y hace que algunos de los males del país, que golpean a la totalidad de la Nación, los golpee a ellos con mayor gravedad. Los estudios demuestran que ha habido asesinatos y malos tratos ocasionados por la orientación sexual de la población Lgbt. En Bogotá, uno de cada tres ciudadanos considera desagradable tener un vecino homosexual, 62 por ciento de los Lgbt han sido agredidos verbalmente y un 21 por ciento ha sido víctima de ataques físicos. Incluso hay reportes de asesinatos: entre 2000 y 2005 hubo 60 de hombres gays. También hay casos de personas que no han sido contratadas por alguna empresa en razón de su preferencia sexual. Y hasta de parejas que han buscado asilo en el exterior por intimidaciones de los grupos armados. En el informe de derechos humanos de la oficina del Alto comisionado de la ONU se establece que "los homosexuales son víctimas de detenciones arbitrarias y tratos crueles, inhumanos y degradantes por parte de miembros de la Policía".

El panorama es tan sombrío, que ni siquiera su diagnóstico es completo. Hacen falta estadísticas creíbles. La mayor parte de las respuestas obtenidas por 'Colombia Diversa' en sus cuestionarios a las oficinas estatales es cualitativa y conceptual. No hay números concluyentes.

Pero se han detectado problemas concretos. Violaciones de los derechos humanos por parte de la Policía, por ejemplo. O dificultades con la educación, que van desde la falta de acceso para la población lgbt hasta carencia de programas entre toda la ciudadanía dirigidos a asegurar su mejor integración y respeto. Se sabe de colegios que mantienen normas que sancionan la orientación sexual de los estudiantes o que toleran prácticas discriminatorias. Los fallos que ha promulgado la Corte Constitucional en contra de estas conductas no han sido suficientes. En materia de salud, hay falencias en la prestación de servicios y en muy pocas entidades estos se adecuan a las necesidades de las lesbianas y de los gays y de quienes cambian de sexo.

Hay otros asuntos de mayor conocimiento para la opinión pública. La desigualdad de los derechos de pareja, en comparación a los heterosexuales, trata de ser corregida por un proyecto de ley que avanza a marchas forzadas en el Congreso. Una decisión que sería muy bien recibida por los Lgbt, lo mismo que la eventual aprobación de un proyecto que circula en el Concejo de Bogotá, promovido por el alcalde Lucho Garzón, para establecer lineamientos de una política global.

No basta con nuevas normas. 'Colombia Diversa' formuló 13 recomendaciones muy concretas mediante las cuales el gobierno, varias entidades y hasta los ciudadanos comunes y corrientes podrían contribuir a enderezar el cuadro y desterrar -o al menos disminuir- aberrantes injusticias. Lo cual sólo sería posible si el tema es abordado como una prioridad colectiva. Pero, hasta ahora, con contadas excepciones, los únicos que piensan así son los interesados: los lgbt

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