Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2009/04/18 00:00

No hay dicha completa

Los colombianos están entre los habitantes más felices del planeta. ¿Acaso viven en otra galaxia? No, esto mismo ocurre en otros países de la región. ¿Qué lo explica?

La investigación fue financiada por el Banco Interamericano de Desarrollo

Los colombianos son más optimistas frente al futuro, se sienten menos pobres que antes y están entre los habitantes más felices del planeta. ¿Acaso viven en otra galaxia? No, esto mismo ocurre en otros países de la región. ¿Qué lo explica?

La percepción que tienen los ciudadanos sobre su calidad de vida no suele coincidir con la realidad que les toca vivir. Muchos se preguntan ¿cómo pueden ser tan optimistas los colombianos cuando enfrentan tantas dificultades, tienen tantas necesidades insatisfechas y problemas de toda índole? Pues bien, esta aparente contradicción se encuentra en toda América Latina. En los países más prósperos de la región, como Chile, los habitantes se sienten más insatisfechos, mientras que en los más pobres, como Guatemala, la gente está más conforme.

Un libro que acaba de publicar el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) coordinado por Eduardo Lora, asesor principal de su Departamento de Investigación, analiza la forma como los latinoamericanos interpretan el bienestar. Las conclusiones son tan interesantes como sorprendentes.

Los costarricenses son la población de América Latina más satisfecha con la vida que llevan, seguidos de cerca por los panameños, los mexicanos y los venezolanos. Países relativamente ricos en la región como Chile y Trinidad y Tobago presentan niveles de satisfacción bajos para sus ingresos. Colombia está en un rango medio.

Otro hecho que sorprende es que los menos educados están más conformes con la calidad de la educación. Aunque las puntuaciones que logran los latinoamericanos en las pruebas internacionales de competencias académicas son muy bajas, entre la población predomina una opinión favorable sobre los sistemas educativos. Colombia está en el grupo de los más satisfechos con su educación. Es llamativo que la opinión de los padres de familia sobre la calidad del sistema educativo no depende del desempeño académico sino de la apariencia de los planteles educativos, la puntualidad de los maestros o la seguridad de la zona en que están ubicadas las escuelas. Temas subjetivos, que muchas veces se subestiman.

También se debe a que "los individuos más pobres, más aislados de la sociedad tienen expectativas muy bajas, dice Lora. Les preguntan cómo se sienten y dicen bien. Uno se sorprende. Casi no tienen educación y se sienten bien".

Al parecer no es lo mismo estar sano que sentirse así. Por falta de conocimiento sobre su situación pueden creerse sanos quienes no lo están. Los guatemaltecos están satisfechos con su salud, pese a que los indicadores de mortalidad y las mediciones de desigualdad sanitaria en ese país son más altas que en cualquier otro. Irónicamente, los chilenos son los latinoamericanos menos satisfechos con su salud, aunque disfrutan vidas más largas con menor cantidad de enfermedades e impedimentos físicos.

Los colombianos no son los únicos que se declaran contentos. Es sorprendente la alta satisfacción que manifiestan todos los latinoamericanos y los caribeños con sus trabajos: el 82 por ciento de los ocupados se siente a gusto con sus empleos, a pesar de que la informalidad es muy alta y ha aumentado en todos los países. Para Lora, la gente se define a sí misma cuando se compara y se juzga.

Según los expertos, no se puede esperar que cuando la pobreza se reduce, necesariamente, la gente se considere subjetivamente menos pobre. Esto tiene expectativas muy altas. "La gente comienza a sentirse insatisfecha por el consumismo y porque se compara con otros.Cuando hay rápido crecimiento en todo el mundo hay más gente inconforme, aunque no estén perdiendo".

Tal vez se equivocaba Pambelé cuando dijo que "es mejor ser rico que pobre".

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