Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2009/02/07 00:00

No hay dicha completa

La liberación de seis secuestrados estuvo a punto de fracasar porque se incumplieron compromisos, hubo vanidades personales y neurosis colectiva. ¿Cuáles fueron los errores y qué lecciones dejan?

Piedad Córdoba , Daniel Samper y los miembros del Cicr tuvieron que convencer a las Farc de que liberaran a los secuestrados a pesar de los sobrevuelos

Seis colombianos que durante los últimos años se estaban extinguiendo en la selva ahora están en sus casas. Pueden abrazar a sus seres queridos, dormir en camas limpias y comer decentemente. Esta es la prueba indiscutible de que la liberación unilateral que hicieron las Farc, facilitada por Piedad Córdoba y apoyada por el Comité Internacional de la Cruz Roja (Cicr) y el gobierno de Brasil, fue finalmente un éxito. Pero estuvo cerca de fracasar por los errores cometidos por algunos de los protagonistas de esta delicada operación humanitaria. Muchas de estas fallas se pudieron cometer de buena fe, pero demuestran que quienes debían tener todo bajo control, descuidaron algunos frentes, que todos están con los nervios de punta, que hubo descoordinación tanto en el gobierno como en el grupo de la sociedad civil, y que la mesura es una escasa virtud de las partes del conflicto.

1. Los sobrevuelos

Un primer error que cometió el gobierno fue realizar sobrevuelos militares por encima del helicóptero brasileño que transportaba la misión humanitaria hacia la zona acordada con la guerrilla. El incidente ocurrió el domingo, cuando los garantes salieron por los tres policías y un soldado hacia las selvas del Caguán. El ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, ha reiterado que el acuerdo con el Cicr era que no habría sobrevuelos por debajo de los 20.000 pies, y que el general Freddy Padilla de León habría autorizado operaciones aéreas por encima de esa altura como un "error de buena fe".

Aunque el incidente se superó en su momento, el episodio deja muy mal parado al gobierno por donde se le mire. Muy mal si intentaba ganar ventaja militar haciendo inteligencia en medio de una operación humanitaria. Peor aun, si se buscaba atemorizar con sus aviones a una guerrilla ya bastante paranoica por los golpes recibidos. La única consecuencia fue resquebrajar aun más la confianza de las Farc y correr el riesgo de que los secuestrados no fueran liberados. ?

2. La llamada de Botero

Pero si el gobierno se equivocó con las operaciones aéreas, de parte de Jorge Enrique Botero, periodista y garante de la entrega, la metida de pata fue mayúscula. En lugar de dejar que los jefes de la misión, en este caso el Cicr y Piedad Córdoba, le dieran un tratamiento diplomático al asunto, se apresuró a comunicarse con Telesur en medio del operativo y, no contento con denunciar lo que estaba viendo, puso al aire a un guerrillero. Para terminar de agravar las cosas, en la noche del domingo, Botero dijo ante los periodistas que tenía las pruebas grabadas y las publicaría esa misma noche.

La actitud de Botero contrasta con la de Daniel Samper Pizano, también periodista y garante, quien se negó a hablar con los medios hasta que se consumaran las liberaciones. Botero se subió al helicóptero con la doble camiseta de facilitador y periodista, pero con el compromiso de grabar sólo con fines documentales y no de sacar una 'chiva'. En el camino se le olvidó su condición de garante, y se convirtió en reportero de guerra. Lo cual, con justa razón, molestó al gobierno.

No es la primera vez que los periodistas son llamados a participar en este tipo de misiones humanitarias o de paz, bien sea por su credibilidad pública o porque suscitan confianza en las partes. Pero muchos han logrado hacerlo, sin mezclar su función como ciudadanos con la de periodistas. Lo hizo, por ejemplo, la periodista Laura Restrepo durante el proceso de paz de Belisario Betancur, quien años después publicó un libro con las intimidades del proceso, cuando ya este estaba terminado y no ponía en riesgo su desarrollo. Y más Juan Gabriel Uribe, director del Nuevo Siglo, en el proceso del Caguán, quien nunca abandonó su papel como parte de una comisión de paz.

3. La chiva de Hollman Morris

Cuando los helicópteros de la misión humanitaria aterrizaron en la selva para traer de regreso a los tres policías y el soldado, todos se sorprendieron al ver que el periodista Hollman Morris, reconocido por sus impactantes reportajes en televisión, ya estaba en el lugar de los hechos, grabando la operación. Su presencia allí, aunque causó malestar en el gobierno, puede ser criticable y motivo de suspicacia, pero cualquier periodista donde hay libertad de prensa puede estar en el lugar donde ocurren los hechos, y más aun si estos suscitan el interés nacional, como el caso de las liberaciones. Pero quedan planteados varios interrogantes propios de un debate ético. Por un lado, si el afán de la primicia le llevó a perder de vista que podía interferir en la liberación de cuatro rehenes. Por otro, si siendo él mismo parte de Colombianos por la Paz, no ponderó la posibilidad de convertirse -sin quererlo- en obstáculo para la compleja labor que estaba realizando Piedad Córdoba, quien se había comprometido a que no habría medios en la selva.

4. La culpa es del mensajero

Pero si bien Jorge Enrique Botero y Hollman Morris cometieron graves errores, la respuesta del gobierno, y en particular del Presidente, no pudo ser menos afortunada. Juan Manuel Santos dijo que Morris era "afín a las Farc", y Uribe, que éste se "escuda en su condición de periodista para ser permisivo y cómplice del terrorismo". Frases que, proviniendo de personajes de tanta influencia y poder, dejan un peligroso estigma en los periodistas y ponen en riesgo sus vidas en un país bastante polarizado en estos temas humanitarios. Como bien lo han dicho muchos analistas, si el gobierno tiene pruebas contra ellos, pues debe iniciar procesos judiciales, pero no hacer un señalamiento público de semejante gravedad.

Los episodios ocurridos con estos dos periodistas hicieron que el alto comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, intentara restringir el acceso de los medios al aeropuerto de Villavicencio para cubrir la liberación de Alan Jara. La actitud de Restrepo revela el malestar que sentía el gobierno al no tener el control total de la información. Por fortuna, algunos miembros del gobierno rectificaron la decisión. La historia de los países, sobre todo de aquellos que sufren conflictos armados, como Vietnam, Ruanda, El Salvador, o la Segunda Guerra Mundial, se construyen sobre momentos simbólicos que son recordados para la historia. Haber limitado el acceso de los medios o impedido a los recién liberados hablarle al país habría sido un grave error que hubiese afectado sobre todo a los ciudadanos que querían ver lo que estaba ocurriendo.

5. Destituciones, renuncias y otras emociones fuertes

El caso Botero-Morris hizo que el Presidente, en uno de sus habituales arrebatos, les quitara las facultades de garante a Piedad Córdoba y todo su equipo, el domingo. Pero el lunes rectificó y aceptó que la senadora siguiera su labor, acompañaba apenas de la Cruz Roja y de la tripulación brasileña. Uribe le pidió a la Virgen de los Remedios en La Guajira que le ayudara a apagar "estas llamas que llevo adentro".

Si bien no sorprende que el Presidente estuviera incómodo con la operación porque siente -y no se equivoca- que las Farc ganan protagonismo, también desconcertó que perdiera de vista la importancia que ésta revestía para un país que clama por la libertad de los secuestrados. Generalmente los fines humanitarios requieren sacrificios y concesiones. Pero vale la pena hacerlos si se trata de salvar vidas. Uribe finalmente entendió que sin Piedad no habría liberaciones, y que eso sería un error mayor que todos. Y tuvo tiempo de enmendar.

Similar enmienda ocurrió con Luis Carlos Restrepo, quien renunció ofuscado porque se sintió desautorizado en Villavicencio, y se perdió por varios días. El viernes pasado, sin embargo, retornó a sus funciones. Si bien cualquier persona sometida a la presión de acontecimientos tan delicados puede perder los estribos, esto puede poner en riesgo operaciones donde la confianza, la prudencia y la calma son vitales.

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