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| 7/21/2015 10:34:00 PM

"No estamos haciendo un acuerdo a cualquier precio": Humberto de la Calle

Por momentos parece que un acuerdo en La Habana es más fácil de lograr que un consenso en el Congreso frente al proceso de paz.

El Gobierno aprovechó el espacio del debate sobre los diálogos en La Habana para intentar convencer al Congreso sobre su conveniencia y para responder a las principales críticas que ha recibido por parte de la oposición uribista.

Pero el debate demostró que así haya avances en La Habana, en el capitolio no se han apaciguado los cuestionamientos.

Aunque en su discurso del 20 de julio el presidente Juan Manuel Santos habló de unidad y les pidió a los congresistas apoyar los diálogos, el proceso de  paz con las FARC no parece ser un tema de consenso entre los parlamentarios. Más cerca se ve un acuerdo en la Mesa, que en el Congreso.

La plenaria del Senado estaba empapelada de imágenes de pacifistas como la madre Teresa de Calcuta, Nelson Mandela, Martin Luther King y la Santa Laura.

Los congresistas de la Unidad Nacional tenían un cartel que decía: “La paz llega si usted quiere”. Algo parecido al mensaje de Jhon Lennon y Yoko Ono de “La guerra se acaba si usted quiere”, que le dio la vuelta al mundo a finales de los 60 por la guerra de Vietnam.

El primero en hablar fue el senador del Polo Iván Cepeda, que enfocó su intervención en desvirtuar las mentiras que, según él, se han tejido alrededor de lo que el Gobierno ha discutido con la guerrilla. “Si algo tiene este proceso son avances reales y concretos en tiempo breve. No es cierto que el Gobierno este entregándole el país a la guerrilla, ni que haya aumentado el desplazamiento, ni que vaya a haber impunidad. Todo lo contrario”.

Cepeda le habló de frente al Centro Democrático: “No le mientan a la gente, no la asusten, dejen de distorsionar lo que se está negociando”.

El senador uribista Alfredo Rangel contestó las críticas. Señaló que su partido no distorsiona y que el Gobierno sigue sin responder preguntas que los colombianos necesitan. Dijo que el cese bilateral es inconstitucional y que no se puede paralizar la fuerza pública y “mandarla a los cuarteles cuando su deber es proteger a la población”.

Agregó además que es la sexta vez que se habla de una tregua unilateral y que las FARC no han cumplido. “Qué le hace pensar al Gobierno que esta vez sí van a cumplir? Albert Einstein decía que el loco es el que repite las mismas acciones esperando distintos resultados”.

El uribista también cuestionó que no es la primera vez que el Gobierno promete que ahora sí se va firmar la paz. Y se refirió al proceso como un “callejón sin salida” donde no hay claridad frente a la dejación de armas, ni se sabe si se le exigirá a la guerrilla que entreguen sus recursos producto del narcotráfico.

El jefe del equipo negociador de La Habana, Humberto de La Calle, aclaró varias cosas. 1) En La Habana hay certeza de que el fin de la guerra sólo se alcanza con el diálogo. 2) No se está discutiendo el modelo económico del país, ni la guerrilla ha llegado con una propuesta marxista-leninista. 3) El tiempo del proceso no obedece a hitos electorales. 4) La confidencialidad no es negociar a espaldas del país. 5) No es cierto que haya un disfraz de un cese de facto. 6) Firmado el acuerdo, el cumplimiento de los acuerdos se debe hacer de manera simultánea. 7) No hay espacio para amnistías generales y si habrá castigos de privación de libertad.

En defensa del proceso, los senadores Horacio Serpa, del Partido Liberal, y Roy Barreras, de La U, llamaron al Congreso a repensar y valorar el esfuerzo del equipo negociador en cabeza de Humberto De la Calle. “Santos tiene la paz en la cabeza y quiere dejar ese legado no para él, para Colombia”, dijo Serpa. Roy, por su parte, invitó al micrófono a Sandra Martínez Jaraba, hermana de Wilson de Jesús Martínez, el soldado que murió en El Orejón, y luego de un minuto de silencio, les pidió a los uribistas dejar a un lado el “aguacero de mentiras”. “Lo que importa es terminar la guerra, no la paz”.

El ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, volvió a convocar a los congresistas a la unidad y aclaró que aunque el Gobierno entiende la incredulidad de los colombianos, los próximos cuatro meses serán decisivos para pensar “que gana el país echando por la borda todo lo que hemos avanzado”. Trajo a colación el encuentro de enemigos históricos como Cuba y Estados Unidos y recalcó que no es posible que en Colombia “no seamos capaces de hacer lo mismo”.

A su turno, el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, defendió al Gobierno con cifras en mano. Dijo que se han desmovilizado 3.022 miembros de Las FARC desde cuando empezaron los diálogos y 724 fueron dados de baja. Agregó que los homicidios han disminuido en todo el país. Y advirtió: “Toda acción de Las FARC será enfrentada por la fuerza pública y me da tristeza que haya quienes digan que le estamos entregando el país a la guerrilla. Lo único que hemos entregado es nuestra tranquilidad”.

Al final el alto comisionado para la paz, Sergio Jaramillo, aseguró que lo que se quiere evitar es que pase lo de otros procesos de paz en el mundo: que después de la firma se rompan. Por eso la columna vertebral de los diálogos es la no repetición. “No podemos seguir reciclando la violencia”, dijo. Y además agregó: “No vamos a hacer un cese encubierto. Vamos a desescalar sin que eso signifique que el Estado deje de proteger a los colombianos en todo el territorio”. Jaramillo terminó con una frase contundente: “Debemos perderle el miedo a la paz”.

Como se esperaba, el senador y expresidente, Álvaro Uribe, atacó con dureza el proceso e insistió en su argumento de que el gobierno Santos ha debilitado a las Fuerzas Armadas y frenó la política de seguridad democrática, con un resultado nocivo para el orden público. “Las Fuerza Armadas han sido igualadas con el terrorismo”, dijo. Y agregó: “No ha habido liderazgo de la seguridad. A las Fuerzas Armadas las han desmovilizado”.

No hubo, en síntesis, argumentos muy diferentes a los que se han planteado desde cuando se inició el proceso de paz. El Gobierno, por boca de Humberto de la Calle, defiende los beneficios futuros y afirma que la oposición critica aspectos que aún no han sido negociados. El uribismo insiste en que la seguridad se ha deteriorado por cuenta de los diálogos porque las Fuerzas Armadas se han debilitado y las FARC se han fortalecido en lo político.

En momentos en que se inicia una nueva campaña electoral para alcaldías y gobernaciones, el acercamiento entre el Gobierno y la oposición no parece posible. Ni siquiera después de los avances que se produjeron en La Habana (cese al fuego unilateral, acuerdo para acelerar los diálogos, vinculación de nuevos actores internacionales, compromiso con un posible cese bilateral).

La tradición colombiana indicaba que un proceso de paz es más factible si es conducido por un gobierno en el que, frente a ese punto, convergen las fuerzas políticas. Se decía que la capacidad de negociación del Estado era mayor frente a los alzados en armas en la medida en que el juego Gobierno-oposición se mantuviera al margen de los negociaciones. En los procesos de Belisario Betancur (1982), César Gaviria (1990) y Andrés Pastrana (1998) en general la oposición respaldó los esfuerzos por llegar a un fin negociado del conflicto.

Todo indica que ese escenario no será posible en el actual proceso, liderado por Juan Manuel Santos. Paradójicamente, hasta ahora los diálogos de La Habana han avanzado más que los de la Uribe, Caracas, Tlaxcala y el Caguán. Falta ver si la imposibilidad de un consenso en Colombia –y en el Congreso– impedirá que se culmine un acuerdo que se percibe cercano.


El Gobierno, por boca de Humberto de la Calle, defiende los beneficios futuros y afirma que la oposición critica aspectos que aún no han sido negociados. Foto: Carlos Martínez
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