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| 7/21/2012 12:00:00 AM

“No hubo ni golpes ni golpecitos de Estado”

El exministro y politólogo Fernando Cepeda analiza la controversia reciente sobre la reforma a la Justicia.

SEMANA: Hay una polémica en este momento en el país acerca de la ortodoxia jurídica con que se habría manejado el hundimiento de la reforma a la Justicia. ¿Qué opina usted de este debate?

FERNANDO CEPEDA:
En primer lugar quiero aclarar que soy parte interesada porque mi hijo de alguna manera participó en el proceso de decisiones que archivó la reforma. Pero hecha esta aclaración quiero precisar que esas opiniones son independientes de esa vinculación familiar.

SEMANA: Pero no nos ha contestado, ¿cuál es su opinión sobre el debate?

F.C.:
Me parece un debate legítimo. Deploro que en ese debate solo se presentó un documento de una de las partes, el gobierno, y nunca se presentó un texto similar por parte de los críticos. Si hay tantos constitucionalistas a quienes les parece "un golpecito de Estado" el sustento jurídico del gobierno, como dijeron ustedes en SEMANA, ¿por qué no hubo uno solo que hiciera una contradicción de ese nivel?

SEMANA: Tal vez no hubo un documento como el que usted menciona, pero en términos de columnas de prensa la mayoría de las opiniones sobre la legalidad de lo que se hizo fueron negativas.

F.C.:
No estoy de acuerdo. Las criticas que se presentaron no fueron ante lo que se hizo sino ante las especulaciones de lo que se iba a hacer. Cuando el presidente adoptó una decisión e hizo público el sustento jurídico de esta prácticamente todo el mundo pareció aceptarlas.

SEMANA: Pero eso sucedió por dos razones. Primero porque era un hecho cumplido y segundo porque casi todos los críticos si bien tenían reservas sobre la legalidad, reconocían la conveniencia.

F.C.:
Es que la legalidad y la conveniencia no son contradictorias. Las Constituciones contemporáneas tienen tanto de jurídico como de político. Tan es así que se llama Constitución Política de Colombia. En otras palabras, tienen que ser dinámicas. En Estados Unidos se refieren a la Carta como "The Living Constitution", la Constitución viviente. Tanto es así que con la de 1776 impusieron la segregación racial y con esa misma, dos siglos después, establecieron la igualdad en ese campo.

SEMANA: Pero esos cambios se llevaron a cabo a través de enmiendas constitucionales totalmente ajustadas a los mecanismos vigentes para hacerlas. Nadie nunca se saltó los procedimientos establecidos, que es la crítica que se les ha hecho a algunos episodios trascendentales de la vida del país como el plebiscito de 1957, la Asamblea Constituyente de 1991 y el hundimiento de la reforma a la Justicia.

F.C.:
En todos esos episodios se dio un debate como el que se está presentando en la actualidad. Pero la legalidad del procedimiento no depende de la opinión de unos comentaristas, sino de la decisión del árbitro legítimo, que es el más alto tribunal del momento: antes la Corte Suprema y ahora la Corte Constitucional. Eso es lo que define la legalidad de los procedimientos. Siempre habrá controversia.

SEMANA: Lo que usted está diciendo significa que la línea de interpretación constitucional de Colombia se parece cada vez más a la de culturas anglosajonas, ya que en Inglaterra ni siquiera hay Constitución escrita y en Estados Unidos se ha pasado de la época colonial a la globalización con la misma Constitución. La tradición constitucional colombiana era más europea y conservadora.

F.C.:
Eso se puede resumir en una frase: la interpretación constitucional no puede ser una camisa de fuerza. En cuanto al episodio de la reforma a la Justicia, había una situación inédita que era necesario superar a la luz de las leyes y la jurisprudencia. Pero la teoría de la necesidad de flexibilidad frente a lo imprevisible no es solo mía. La han sostenido constitucionalistas tan eminentes como el expresidente Alfonso López Michelsen, quien en 1958, cuando regresó de México, escribió lo siguiente a raíz de los debates que se presentaron alrededor del plebiscito que no estaba previsto en la Constitución. Citando al juez Holmes, una de las luminarias de la jurisprudencia norteamericana, López recordó: "porque el mérito de toda Constitución consiste en dar paso a lo imprevisible y no en cerrárselo". ¿Qué más imprevisible que las implicaciones de los 'orangutanes' de la reforma a la Justicia?

SEMANA: Pero en 1957 había un vacío jurídico, pues solo el Congreso podía reformar la Constitución y no había Congreso. En el caso de la reforma a la Justicia era exactamente lo contrario. Se trataba de hundir una reforma tramitada legítimamente por el Congreso.

F.C.:
No se le ha dado suficiente importancia al principio o a la norma constitucional que habla de colaboración entre las diferentes ramas del poder. Este es un ejemplo emblemático de cooperación entre el Ejecutivo y el Legislativo, y veremos qué dice la Corte Constitucional. El Congreso aprobó con una abrumadora mayoría la reforma y la archivó sin un solo voto en contra, aunque criticando duramente al gobierno. Digamos que el gobierno le facilitó al Congreso corregir un error descomunal. El Congreso no lo niega. No hubo un voto en contra.

SEMANA: Pero eso no se debió a un acto de contrición del Congreso sino a la presión incontenible de la opinión pública, cuya indignación salió a flote como nunca antes. Entre las redes sociales y los periodistas se logró transmitir ese procedimiento.

F.C.:
Ya que hablan ustedes del papel de los periodistas, una cosa que me ha llamado la atención es que la indignación que mostraron frente a los 'micos' de la reforma no apareció frente al antecedente jurídico que la permitió. Poco tiempo antes, el Congreso aprobó el acto legislativo 01 de 2011, que en mi opinión es la madre de todos los micos. Este estableció que no había conflicto de interés para los congresistas cuando debatían una reforma constitucional que podía favorecerlos. ¿A quién se le ocurre que no iban a hacer uso de esa luz verde? Pero anotando ese lunar quiero reconocer que en esta ocasión los medios de comunicación fueron el contrapeso real que requiere todo sistema democrático. El poder del cuarto poder quedó demostrado. Yo estoy seguro de que alguien escribirá una tesis sobre el papel de la sociedad civil y los medios en este capítulo de la historia.

SEMANA: Pero reconózcanos también que algunos de los argumentos esgrimidos en el documento del gobierno que usted tanto elogia son bastante polémicos. Por ejemplo, la teoría de que lo que se les aplica a las leyes ordinarias se tiene que poder aplicar para una norma superior. ¿No se está invirtiendo el principio del derecho de que el que puede lo más puede lo menos?

F.C.:
Hay base legal para ese procedimiento y hay también respaldo jurisprudencial. El artículo 227 de la Ley 5 de 1992 contempla que el procedimiento que se aplica para las leyes se puede aplicar también para reformas constitucionales. Están equivocados los que afirman que se hizo por analogía. Hay una disposición vigente. Finalmente la Corte Constitucional dirá si esta interpretación es o no es válida.

SEMANA: Usted es bastante convincente pero parece formar parte de los que consideran el término 'santanderista' un concepto obsoleto de apego estricto a la letra de la ley. Sin embargo, en estas latitudes donde el poder presidencial es tan fuerte y donde en cualquier momento puede surgir un Chávez, esa rigidez puede ser más un contrapeso que una camisa de fuerza.

F.C.:
En ese aspecto no estoy en desacuerdo con ustedes. Sin duda existen peligros como ese. En el gobierno de Allende se extralimitó la interpretación constitucional con base en lo que se llamaban los "resquicios" de la Constitución para llegar a un régimen comunista. Pero así como existe ese riesgo, también existe el del apego enfermizo a la legalidad que ha sido característico de Colombia. No hay que caer en ninguno de esos dos excesos. Sin embargo, el tipo de interpretación que yo creo se le debe dar a la Constitución es un lujo que se puede dar un país con la trayectoria democrática y legalista de Colombia.

SEMANA: Cambiemos de tema. Para usted que ha sido un observador calificado de todos los gobiernos desde hace 40 años, ¿cuál es el balance de los dos primeros años del gobierno Santos?

F.C.:
Veo dos características simultáneamente: un gobierno muy competente y al mismo tiempo, como dirían los norteamericanos, que sufre de "overconfidence". Ese exceso de seguridad en sí mismo, en mi opinión, ayuda a entender algunas de las dificultades que hoy enfrenta. Eso se ha traducido en que el exceso de unanimismo y de adulación que tuvo lugar en el primer año del gobierno se esté dando paso a un exceso de críticas y de valoraciones negativas que se están haciendo ahora. Ni lo uno ni lo otro.
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