Martes, 24 de enero de 2017

| 2006/02/12 00:00

No es el momento

Aunque la reelección inmediata de alcaldes y gobernadores tiene más peligros que la del Presidente, los congresistas quieren aprobarla para no echarse encima a los mandatarios locales.

Los uribistas Claudia Blum y Mauricio Pimiento pidieron a los senadores liberales Rafael Pardo y Andrés González (fuera de la foto) votar el proyecto de reelección de alcaldes y gobernadores el pasado lunes. De lo contrario, la iniciativa se habría ahogado por falta de tiempo.

Siguen hablando de la reelección", dijo con cansancio el policía que cuidaba, el lunes pasado, el recinto de la comisión primera del Senado. Esta vez no se trataba del proyecto que durante más de un año ocupó la agenda del Congreso, sino de la posibilidad de extenderles la figura a los alcaldes y gobernadores. Durante horas, el quórum mínimo de 10 de los 19 senadores se enfrascó en una larga discusión. A diferencia de lo que ocurrió con el trámite de la reelección presidencial, en el cual era claro cómo iba a votar cada congresista, esta vez no había cómo pronosticar. Incluso se pensó -por propuesta de los senadores liberales Héctor Helí Rojas, Andrés González y Rafael Pardo- aplazar la votación para darle a tiempo a que se tomaran posiciones de bancada. Pero dos uribistas, Germán Vargas y Claudia Blum, obligaron a votar el mismo lunes porque, de no hacerlo, se ponía en peligro la aprobación en primera vuelta antes del 20 de diciembre. El proyecto se salvó sin ningún voto negativo. Pero en este caso la unanimidad no significa entusiasmo. Muchos de los apoyos provinieron de senadores que están en contra pero que consideran que, en plena campaña, oponerse es una mala estrategia por sus efectos negativos sobre los alcaldes y gobernadores. En el heterogéneo grupo que votó a favor de la iniciativa en primer debate, hay senadores que sólo la aprueban de labios para afuera y otros que antes la criticaban y ahora la suscriben. No sería raro, incluso, que entre los que votaron por el 'sí' lo hagan por el 'no' en futuros debates. No hay certeza, por ejemplo, de que a pesar del voto favorable de los senadores Pardo, González y Rojas, la idea sea apoyada por los liberales. El pasado miércoles, en una reunión de parlamentarios de ese partido, 23 dijeron que la respaldaban y 20 que no. La decisión definitiva quedó en manos de César Gaviria, jefe único del Partido. Los conservadores tienen la misma ambigüedad. A pesar de su gobiernismo, no creen que este proyecto les convenga. La Dirección Nacional ha dicho que no alcanzará el tiempo para su aprobación y que primero se debería evaluar el impacto de la reelección presidencial. Pero la verdadera razón del escepticismo tiene que ver con los cálculos que hacen frente a la campaña que se avecina. Los congresistas liberales saben que la mayoría de alcaldes y gobernadores fueron elegidos con su aval, y que su reelección podría favorecerlos. Pero también son conscientes de que muchos se han desplazado al uribismo, y que lo seguirán haciendo mientras el Presidente continúe con una popularidad tan alta. Más aun cuando Uribe ahora aparece como promotor de la reelección inmediata de los actuales mandatarios locales. El dilema de los conservadores es similar, pero a la inversa. Su uribismo los hace pensar que si respaldan el proyecto, algunas autoridades locales podrían apoyar a sus candidatos al Congreso. No obstante, apenas cuentan con dos gobernadores y un alcalde, y quienes quieran subirse al tren uribista, pueden hacerlo en otros vagones: en el partido de la 'U' o en Cambio Radical, por ejemplo. Como a los liberales, no les convence la figura, pero para evitar echarse de enemigos a los alcaldes que quieran ser reelegidos, no la van a rechazar de plano. En cambio, el Polo Democrático se opone de forma abierta a la reelección de alcaldes y gobernadores, porque considera que es una jugada del Presidente para su reelección. "Se convertirán en jefes de campaña de Uribe, dijo el candidato Antonio Navarro. No apoyamos su reelección inmediata por las mismas razones por las que no respaldamos la del Presidente". Más allá de los cálculos electorales, la reelección de los alcaldes no se puede equiparar con la presidencial. El Presidente vive bajo la lupa de la opinión pública. La oposición en el Congreso y la atención de los medios generan controles que no existen en el nivel local, en especial en los municipios más pequeños. En las regiones hay menos contrapesos y más oportunidades para la politiquería, en lo que tiene que ver con el gasto del presupuesto y el reparto de la burocracia. Y se agrega la presión de los grupos armados en sus zonas de influencia. No en vano en la gran encuesta publicada por SEMANA, RCN Televisión, La FM y RCN Radio, mientras el 66 por ciento está de acuerdo con la reelección presidencial, sólo el 44 apoya la de alcaldes y gobernadores (y el 46 está en contra). Uno de los aspectos que más critica la oposición es que Uribe promueva otra vez el trillado cambio de reglas de juego a mitad del partido, sobre todo después de que la Corte Constitucional aprobó la reelección presidencial y de que en su primera campaña se opuso a la figura. Además, después de que la propia bancada uribista se opuso a tramitar simultáneamente la reelección presidencial con la de alcaldes y gobernadores para agilizar la discusión de la primera. En una entrevista en Noticias Uno del 7 de mayo de 2002, Uribe señaló que "en muchas alcaldías colombianas hemos visto que hay un alto porcentaje de alcaldes que ha logrado la reelección dejando un período de por medio, si eso ha funcionado ¿para qué se necesita la reelección inmediata? No estoy de acuerdo con ella". En ese entonces insistía en que la reelección inmediata no necesariamente genera continuidad, lo cual quedó demostrado -por ejemplo- con la sucesión exitosa de gobiernos distintos que tuvo Bogotá desde 1995. Pero también hacía referencia a los problemas que podrían derivarse de esta figura y que, en medio de la coyuntura actual, saltan a la vista. Los riesgos de politiquería son mayores en el caso de las alcaldías que de las gobernaciones. Los primeros están en capacidad de hacer gastos e inversiones más visibles para los electores. Sobre todo en los municipios pequeños, ya que en ellos la poca inversión que se hace depende del Estado y de la capacidad de los mandatarios de hacer gestión ante el gobierno nacional. "Por eso, los que aspiren a reelegirse tendrán que buscar todo el apoyo presidencial. Pero esta vez podrán agradecerlo consiguiendo más apoyo electoral para el Presidente", dice el representante Luis Fernando Velasco. La ex senadora Piedad Córdoba cree que hay un riesgo adicional. Dado que muchas alcaldías se encuentran infiltradas por grupos armados, en caso de que pase la reelección inmediata, difícilmente habrá una rotación del poder. "¿Será que los paras están dispuestos a ceder estos espacios?", se pregunta. No obstante, este argumento tiene menos peso porque la fuerza de un actor armado se puede perpetuar por las vías de la intimidación, independientemente de si hay o no reelección de alcaldes. Ya han surgido varias propuestas para controlar los riesgos de esta figura. El senador Rodrigo Rivera le apuesta a la formulación de garantías electorales. Horacio Serpa considera que sólo habrá equidad política si alcaldes y gobernadores pueden ser candidatos presidenciales. También se ha planteado que la reelección inmediata de alcaldes y gobernadores se ensaye primero en las ciudades grandes. Pero, a pesar de los riesgos que implica, será muy difícil que no sea aprobada. Los tiempos de campaña no son los más adecuados para modificar las reglas de juego de la política, porque las decisiones se toman con base en cálculos inmediatistas y posiciones interesadas. La introducción de la elección popular de alcaldes, en 1988, fue posible gracias a que el ex presidente Alfonso López propuso que su aplicación se pospusiera para dos años después de su aprobación. Eso sería lo ideal, ahora que se quiere agregar la posibilidad de la reelección inmediata. Pero es poco probable porque por esta época la prioridad de los congresistas es electoral. Y no es un momento para pelear con ningún alcalde.

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