Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2008/12/06 00:00

“No quiero quebrar ni a ‘RCN’ ni a ‘Caracol’”

La directora de la Comisión Nacional de Televisión, María Carolina Hoyos Turbay, habló sobre la agitada semana que vivió esa entidad.

“HASTA LAS BANCAS SE EQUIVOCAN Y LO único que no se devuelve es un río”

La Comisión Nacional de Televisión disparó esta semana mucha munición: anunció que sólo habrá un canal privado más y que los dos que existen deberán pagar gruesas sumas para prorrogar sus licencias. Hubo queja de los directores de canales, inquietud en Palacio y llamado de atención del Procurador. La directora de la Comisión, María Carolina Hoyos Turbay (hija de Diana Turbay, nieta de Julio César Turbay Ayala y sobrina de Julio César Turbay Quintero), sale al paso de las críticas y anuncia decisiones para calmar las aguas turbulentas.

GUSTAVO GÓMEZ: Por los lados de los canales privados dicen que usted es la sepulturera de la industria. ¿Se siente así?

MARÍA CAROLINA HOYOS: No lo soy, y tengo una responsabilidad enorme con el sector de la televisión. Nací entre cámaras y me dieron televisión desde el tetero. No pueden decir que sepultar la industria sea la aplicación de un modelo sólido que, fundado en el trabajo de dos bancas independientes, dio una valoración del mercado y luces sobre qué es lo mejor para el futuro de la industria.

G.G.: La molestia de 'Caracol' y 'RCN' tiene que ver con lo que consideran un costo exorbitante en materia de prórroga de licencias. ¿Se le fue la mano a la Comisión?

M.C.H.: No desconocemos las inquietudes de los canales privados, así que pusimos en manos de ellos nuestro informe para que, de aquí al viernes 12 de diciembre, nos hagan las observaciones del caso. Ya veremos si acogemos o no las sugerencias y en consecuencia actuaremos.

G.G.: ¿Entonces hay esperanza para una rebaja en el costo de la prórroga?

M.C.H.: Si nos demuestran que subestimamos una variable macroeconómica o nos comprueban que partimos de un supuesto equivocado, claro que sí. Hasta las bancas se equivocan y lo único que no se devuelve es un río.

G.G.: En caso de que bajen el precio de las prórrogas, y teniendo en cuenta que esos dineros iban para el respaldo a la televisión pública, ¿ustedes podrían compensar esa baja de ingresos dando vía libre al cuarto canal?

M.C.H.: No. Las bancas demostraron que no caben dos nuevos canales. Ya lo discutió y ya lo votó la Comisión. El precio no está planteado por las necesidades de la televisión pública sino por la situación del mercado.

G.G.: Hay voces en el gobierno que piden una banca adicional que revise las decisiones de las que han tomado parte en este proceso. ¿Eso es posible?

M.C.H.: Nuevamente, no. Podemos tener expertos que revisen las sugerencias de los canales, pero más bancas no habrá.

G.G.: ¿Los presidentes de los canales comparten esa desconfianza en las bancas?

M.C.H.: Oí a Gabriel Reyes, de RCN, decir que no sabía qué país habían valorado las bancas y me sorprendió esa declaración porque el modelo que corrimos está basado en la información que precisamente los canales nos suministran. Las bancas se reunieron con ellos e incluso tuvieron oportunidad de presentarles una serie de cuestionarios para recopilar más datos.

G.G.: Si hubo tanta conversación y tanto diálogo, ¿por qué los dos canales sienten que los 82 millones de dólares de la prórroga son una cifra que dobla las expectativas que ellos tenían?

M.C.H.: Quiero confesarle algo: la cifra también fue para mí una sorpresa enorme; este es un proceso tan transparente, que no tuve certeza de ella sino cuando recibí el informe, y posteriormente lo hicimos público. Que al ojímetro y que en los círculos de medios se pensara en una cifra inferior es una cosa muy distinta.

G.G.: Las bancas dicen que el panorama es oscuro y que sólo da para un nuevo canal, y no dos. Entonces, ¿cuál es la justificación para cobrarles a los existentes una suma tan alta para conservar la licencia?

M.C.H.: ¿Tan alta según quién? ¿Según los runrunes?

G.G.: ¿Le parece poco el pago de 82 millones de dólares?

M.C.H.: No me parece que sea bajo; me parece que, atendiendo a los expertos, es una suma justa. No quiero acabar con la televisión colombiana. No quiero quebrar ni a RCN ni a Caracol porque, además, creo que han hecho una muy buena televisión y merecen seguir en este negocio. Pero no me pidan que diga que las bancas hicieron un excelente trabajo para mostrar que sólo era viable un canal extra, pero espantoso para valorar las licencias.

G.G.: ¿'Caracol' y 'RCN' deberían estar agradecidos con la Comisión por haber dado vía libre sólo a un futuro competidor y no a dos?

M.C.H.: Lo que ellos tienen que agradecer es el trabajo serio que ha hecho el Estado para valorar un mercado.

G.G.: Y lo que paguen, como hemos dicho, va para la televisión pública.

M.C.H.: Claro. En este proceso ganan los televidentes porque con esos dineros se va a fortalecer esa opción.

G.G.: Con lo que el benefactor va a ser el asesino: los dineros que se reciben para que exista un tercer canal privado van a la televisión pública, pero la televisión pública sufrirá el duro golpe de competir no con dos, sino con tres canales comercialmente sólidos.

M.C.H.: La televisión pública está en la obligación de buscar y cuidar a sus televidentes. No soy de los que creen que la televisión pública debe estar ajena a mediciones de audiencia; deben medirla y ella debe asegurarse de ofrecer contenidos diferentes y atractivos.

G.G.: El criterio último en la adjudicación del canal no es la calidad, sino la plata. ¿No es triste que las cosas queden reducidas a eso cuando hablamos de un servicio público?

M.C.H.: Hubo un registro público de operadores, todos tenían que demostrar horas de producción y que conocían el negocio y dar garantías de calidad. Ese registro nos permitía cualificar a nuestros proponentes, y hoy día tenemos tres que saben hacer televisión, así que sólo en la última milla el criterio sí es quién da más.

G.G.: Usted sostiene que la Procuraduría acompañó todo el proceso. ¿Por qué entonces el Procurador dice que no le parece adecuado ocultar fundamentos técnicos o económicos como el del monto mínimo de subasta para el nuevo canal?

M.C.H.: Cuando se abra el proceso licitatorio presentaremos el modelo de adjudicación y, dependiendo de la clase de subasta, vamos a revelar el precio, acogiendo la recomendación del señor Procurador. Pero quisiera aclarar que, si bien el Procurador dice que es contrario a la ley tener un precio oculto, de lo que nosotros hablamos aquí es de un precio reservado y no oculto.

G.G.: ¿Cuál es la diferencia?

M.C.H.: Lo oculto es lo que nunca se va a mostrar, y lo reservado es lo que se mantiene fuera de los ojos de la opinión para poder hacer una buena evaluación. Participar en una subasta es participar en un juego y, vuelvo al punto, dependiendo del tipo de juego que escojamos, revelaremos en su momento el precio, de manera que se logre el objetivo de conseguir la mayor cantidad de recursos. Estoy de acuerdo con el Procurador en que hay que hacer público el precio mínimo, pero en el momento adecuado.

G.G.: ¿El precio que pagará el nuevo concesionario tendrá correlación con el que pagan los que prorrogan?

M.C.H.: Técnicamente está demostrado que el nuevo actor del negocio debe pagar menos. Se podría pensar que es al revés, pero cuando se escucha a los técnicos en valoración, uno entiende que es así porque el nuevo debe hacer esfuerzos económicos adicionales para entrar a competir, y eso debe reconocerlo el Estado.

G.G.: Al anunciarse que sólo habrá un canal más, mucha gente cree que está cantado que será para los amigos del gobierno. ¿Le preocupa que sea así?

M.C.H.: Perdón, ¿y cuáles son los amigos del gobierno?

G.G.: Eso le pregunto.

M.C.H.: El señor Presidente ha tenido un respeto total conmigo y con la Comisión. La única instrucción que me ha dado fue el día de mi posesión: "Actúe con la verdad y en conciencia". La Comisión no se maneja desde Palacio.

G.G.: La Contraloría dice que hay ciertas entidades en cuidados intensivos desde la perspectiva del manejo de finanzas, y la Comisión está en la lista. ¿Le dolió el jalón de orejas del Contralor, que es su tío?

M.C.H.: Para nada. Está en su derecho. Digo, eso sí, que en lo que tiene que ver con la Comisión, por ese vínculo familiar, nos vigila el vicecontralor.

G.G.: ¿Tenemos dificultades financieras en la Comisión o más bien un Contralor equivocado?

M.C.H.: La Contraloría tiene razón y aspiro a que salgamos pronto de cuidados intensivos.

G.G.: ¿Existe algún futuro para el 'Canal Uno'?

M.C.H.: Aspiraría a que sí. Estos contratos se vencen en 2013 y siento que esos concesionarios han sido unos guerreros muy valientes. Pero lamento que en ese canal convivan tantos egos, tantos intereses y tantas concepciones distintas de cómo se debe hacer la televisión. Poner de acuerdo a peras con manzanas es complicado.

G.G.: ¿Por qué parece que en los últimos días a veces lleva la voz cantante usted y en otras ocasiones la Ministra de Comunicaciones? ¿De cuándo a aquí tanta empatía?

M.C.H.: Históricamente la Comisión y el Ministerio de Comunicaciones han vivido agarrados por todo. Hoy día lo que dice la Ministra coincide con lo que dice la Comisión, porque trabajamos coordinadamente. Pero no pierda de vista una cosa: la Comisión es la autoridad suprema en materia de televisión y la competencia del Ministerio es en telecomunicaciones.

G.G.: ¿Cuándo acaba su período como directora y como comisionada?

M.C.H.: Mire las cosas increíbles que pasan: como directora, acabo el 25 de enero, que es el día en que se conmemora el asesinato de mi mamá, y como comisionada, el 8 de marzo, que es la fecha del cumpleaños de mamá.

G.G.: Cuando Antonio Guerra, hermano de la Ministra, se lance de nuevo al Congreso, ¿ella renunciará para no inhabilitarlo y usted será la nueva ministra de Comunicaciones?

M.C.H.: El dueño de mi pase es el presidente Uribe. Pero ministra Guerra vamos a tener para rato, porque no se mueve del ministerio hasta comienzos de 2010.

G.G.: ¿Y no le sonaría entonces el ministerio?

M.C.H.: En algún momento me gustaría llegar a ese cargo, pero aquí estoy bien y me falta camino por recorrer. No quiero que la ministra Guerra se vaya. Soy Turbay; yo sé hacer la fila.
 

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