Lunes, 16 de enero de 2017

| 1998/01/05 00:00

NO VA MAS

Los escándalos por la modernización de la Registraduría y el caos electoral le costaron el puesto a Orlando Abello.

NO VA MAS

A las seis de la tarde del jueves pasado empezó la cuenta regresiva para el registrador nacional, Orlando Abello. A esa hora el Consejo Nacional Electoral _CNE_ se reunió para estudiar las numerosas cartas enviadas a ese organismo por diversos frentes políticos con el fin de expresar su inconformismo por las irregularidades, no superadas hasta ese momento, ocurridas en la jornada electoral del pasado 26 de octubre, que fueron las que terminaron por tumbar a Abello. Primero fue una carta del Partido Conservador, enviada por su presidente, José Antonio Gómez, en la que afirmó que "el sistema electoral colombiano registra severas deficiencias de diversa índole, que originan intranquilidad y alarma para los futuros procesos electorales. Presenta, además, complejas falencias, tales como errores y falsedades sistemáticas en los escrutinios y métodos que alteran burdamente los resultados de las votaciones". El Partido Liberal tampoco se quedó atrás. Tres congresistas, entre ellos Juan Martín Caicedo e Ingrid Betancur, también expresaron su preocupación por el despelote de las pasadas elecciones y su incertidumbre por lo que ocurriría en los comicios de marzo, en los que será renovado el Congreso de la República, y de mayo, cuando se desarrollará la primera vuelta para elegir al nuevo Presidente. Este panorama le esperaba a Abello frente al Consejo Electoral. Y como las relaciones entre ese organismo y el registrador estaban en franco deterioro desde hace varios meses, nada bueno podía esperar el funcionario de la reunión. Los magistrados creían tener motivos más que suficientes para justificar una decisión que se veía venir: su destitución. El megaproyectoDesde comienzos del año el registrador Orlando Abello estaba en la cuerda floja. Y no fueron pocos los analistas sorprendidos por el hecho de que Abello lograra capotear durante tanto tiempo los graves problemas que afectaron su gestión. Todo comenzó en enero de este año cuando, forzado por el escándalo, tuvo que suspender en forma abrupta el megaproyecto otorgado inicialmente a la empresa alemana Siemens para montar un nuevo sistema de cedulación en el país. El proceso de contratación, estimado en 90 millones de dólares, se vio empañado por la detención del espía alemán Werner Mauss. Las suspicacias crecieron después de quedar al descubierto un documento en el que Mauss, a nombre de Siemens, ofrecía ciertas prebendas para los funcionarios que intervenían en la adjudicación. Tanto las empresas que perdieron, Unisys y Sofremid, así como el gobierno de Estados Unidos, expresaron su preocupación por el presunto manejo amañado de dicha adjudicación. El pasado 28 de enero el gobierno colombiano explicó que se vio obligado a suspender el contrato por razones de ajuste fiscal y dijo que un nuevo intento para modernizar la entidad se daría sólo en enero de 1998. Sin embargo el registrador salió maltrecho de este episodio. Desde entonces las relaciones entre Abello y el CNE fueron tensas y ninguno de los dos tuvo la diplomacia para ocultarlas. Abello se sentía atornillado en su puesto porque, aun cuando procedía de las esferas conservadoras, contaba con el respaldo del contralor general, David Turbay, y de altos funcionarios del gobierno. El principio del finHasta que llegaron las elecciones municipales de octubre pasado. Abello proclamó a los cuatro vientos que la entidad que dirigía estaba preparada para afrontar una jornada amenazada por la renuncia masiva de candidatos y los atentados de guerrilleros y paramilitares. Al mismo tiempo el funcionario tenía ante sí el reto de administrar unas elecciones con el más alto índice de sufragantes de los últimos 50 años.Aun cuando en una gran parte del territorio nacional mal que bien los comicios se desarrollaron sin contratiempos, hubo episodios, como los ocurridos con la elección de gobernadores en Bolívar y Sucre _en los que se demoraron cerca de 15 días para definir el ganador_, que empezaron a minar la credibilidad del registrador. Las críticas arreciaron aún más cuando diversos sectores políticos denunciaron un sinnúmero de graves fallas en los pasados comicios. La situación de Abello fue debatida duramente en el Congreso, hace dos semanas, donde según analistas políticos su defensa fue deficiente. Abello seguía considerando que estaba suficientemente respaldado para seguir en su cargo. Una muestra de esa seguridad la dio el funcionario el pasado 7 de noviembre cuando sorprendió al país entero con la firma del contrato para la nueva cedulación por 41 millones de dólares otorgado a la firma francesa Sagem S.A. Abello mantuvo su decisión contra viento y marea pese a las denuncias presentadas, especialmente por la Contraloría. Pero Abello nunca se imaginó que sería el propio Consejo Electoral, que lo había elegido hace más de dos años, el que le movería la butaca al declararlo insubsistente. Por eso a la reunión rutinaria del CNE del jueves pasado el registrador llegó confiado. Según les había explicado a algunos de sus asesores sólo existía una posibilidad para que este organismo tomara una decisión en su contra: la parcialidad política. Pero en su concepto, aun cuando en las elecciones pasadas existieron algunos problemas, ninguno derivaba del favorecimiento de uno u otro movimiento. Estaba equivocado. Con la carta del Partido Conservador y con tres mensajes de importantes congresistas liberales el Consejo Electoral decidió, pasadas las 11 de la noche del jueves, pedirle la renuncia a Abello. El cargo: parcialidad política. El funcionario protestó por la acusación y dijo que no dimitía. Tres horas después, en una decisión poco usual, los siete magistrados del CNE, tres liberales, tres conservadores y uno del M-19, produjeron la resolución 1274, mediante la cual lo destituyeron. En su reemplazo, de manera inmediata, fue designado el magistrado del CNE, el también conservador Jaime Calderón Brugés. Así, en la madrugada del viernes se dio por terminado el período de uno de los funcionarios más controvertidos de la actual administración. Su sucesor enfrentará dos retos enormes: la continuidad del proceso de cedulación y las elecciones de congresistas y de Presidente de la República.

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