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| 6/29/1998 12:00:00 AM

NOEMI : EL MILAGRO

Con un mensaje anticontinuista y antimaquinaria Noemí Sanín logró la votación independiente más alta en la historia del país.

Se acuerdan de unos señores que querían llegar a la Presidencia de la República y que en algún momento figuraron mucho? Eran Alfonso Valdivieso, que se retiró de la Fiscalía con las más altas posibilidades de llegar a la Casa de Nariño; Antanas Mockus, que también dejó su cargo cuando estaba encabezando las encuestas, y el antiserpa del Partido Liberal, Juan Manuel Santos, que aunque nunca le fue bien en las encuestas arrinconó a Serpa tratando de forzarlo a una consulta popular y llegó a tener una fuerza parlamentaria importante. Pero esos no eran los únicos nombres prestigiosos. Había otros: Carlos Lleras de la Fuente, que sacó 200.000 votos después de una campaña relámpago en la consulta popular liberal del 94 y que había dejado la impresión de que su padre no sería el último Lleras presidente; y un señor que fue vicepresidente de Samper, que fue el primero en renunciar a su candidatura para adherir a Alfonso Valdivieso, quien también desistió de su aspiración en favor de Andrés Pastrana. ¿Cómo es que se llamaba...? Humberto de la Calle. Todos ellos, en un momento dado, fueron rivales y más noticia que Noemí Sanín. Sin embargo ella fue la única sobreviviente de ese abanico de precandidatos. Noemí Sanín no ganó la primera vuelta. Ni siquiera pudo pasar a la segunda. Pero logró un milagro político que hasta ahora nunca se había producido en Colombia: constituirse en el primer reto efectivo contra el sistema desde Jorge Eliécer Gaitán. Lo increíble de todo es que sucedió en tres semanas. Hace un mes nadie en Colombia consideraba que Noemí pudiera ser descrita en estos términos. Su presencia en las encuestas giraba alrededor del 10 por ciento y se anticipaba que iba a desaparecer como consecuencia de la polarización del país. En ese momento la opinión consideraba una gran victoria alcanzar el millón de votos. ¿Cómo lo hizo? No hay una sola explicación. Se trata más bien de una combinación de factores. Para empezar, no cabe duda de que la campaña de publicidad de Noemí fue la única que le llegó al corazón a un gran número de colombianos. Su cuña de televisión en la cual, después de los insultos mutuos entre Pastrana y Serpa, aparece ella diciendo "¿Cuatro años más de lo mismo?", dio en el clavo. Dijo sin rodeos lo que muchos estaban sintiendo. Se trataba de convocar un voto protesta, y el estado de ánimo del electorado era de protesta, pero ese mensaje de oposición iba acompañado de un entusiasmo y un optimismo casi juvenil que contagiaba. No todo el mundo estaba seguro de que Noemí Sanín pudiera lograr el cambio, pero evidentemente ella sí lo estaba y eso logró comunicarlo. Lo anterior fue el resultado de sus propios méritos pero no se puede desconocer que también hubo factores externos que la impulsaron. Por un lado la declaración de apoyo del ex presidente López, que fue interpretada como luz verde para la indisciplina partidista. Por el otro, la estrategia de Horacio Serpa de crecerla para desinflar a Andrés Pastrana sin nunca llegar a pensar que podía llegar a disputarse con ella el paso a la segunda vuelta. El gran milagro de Noemí Sanín fue haber resucitado el concepto de tercería que estaba desahuciado. Ante la desaparición de los demás candidatos la campaña se había convertido en un duelo Serpa -Pastrana. El único sobreviviente durante un tiempo fue el general Bedoya quien, en cierto momento, llegó a tener más votos que todos los demás sumados. De éstos, Valdivieso parecía ser el más fuerte y aceptó con Mockus y Noemí participar en una tercería sobre la premisa de que él iba a ganar. Cuando las encuestas demostraron lo contrario se corrió y acabó aterrizando en la campaña de Pastrana. Esto debilitó aún más la tercería y entonces nadie pensó que se pudiera llegar al resultado de la semana pasada: más de 2.800.000 votos. Curiosamente Noemí elaboró un plan de gobierno serio. En las mediciones que se hicieron de temas como educación, salud, economía o paz con frecuencia su propuesta salió calificada como la mejor. Sin embargo son pocos los colombianos que conocen o recuerdan alguno de esos planteamientos. En un mar de propuestas confusas su éxito radicó en lograr transmitir un mensaje sencillo, elemental y populista: que su candidatura era independiente, sin compromisos y sin maquinarias. Este mensaje fue repetido infinidad de veces, apoyado por la ya famosa cuña de televisión, y acabó calando. Momento crucial
No hay duda de que el momento más importante de toda la cruzada de Noemí por la Presidencia de la República fue su renuncia a la embajada en Londres. Fue una decisión muy difícil. En ese momento se conjugaban dos factores: era la niña consentida de la opinión pública y simultáneamente también lo era de Ernesto Samper. Su favorabilidad, basada en su tránsito por la Cancillería, era del 80 por ciento, cifra que no había registrado nunca alguien en la historia de Colombia, ni siquiera Luis Carlos Galán. Por otra parte era una de las personas más cercanas al presidente Samper quien, por afecto o por miedo a que se le volteara, la llamaba a Londres prácticamente todos los días a pedirle su opinión sobre diferentes temas. Además de amiga era su consejera. Por eso la renuncia era muy difícil e igualmente Ernesto Samper considera que el golpe emocional más duro recibido durante todo el proceso 8.000 fue la salida de Noemí del gobierno. Más duro aun, según él, que la confesión de Fernando Botero. La carta de Noemí contenía términos durísimos para su jefe de la víspera. Entre otras cosas decía: "Los hechos relacionados con la financiación de la pasada campaña electoral (...) no preocupan apenas a la opinión pública nacional e internacional, sino que constituyen la mayor fuente de pérdida de credibilidad a la que nos hayamos enfrentado". Entonces confesó que las únicas personas que habían visto su carta eran tres intelectuales latinoamericanos cuyos nombres nunca reveló. En todo caso lo que entonces pareció la peor movida política, dos años después acabó justificándose con los resultados. Antes de la renuncia a la embajada en Londres Noemí gozaba de una simpatía más bien abstracta que no necesariamente se traducía en intención de voto. Después de su renuncia los simpatizantes se redujeron a la mitad, pero con todo y eso ya tenía una fuerza sólida que la apoyaba. El éxito de Noemí consistió en ser capaz de voltear el punto negativo que le produjo su renuncia y recuperar los altos índices de favorabilidad con que había contado. De ser el símbolo de la simpatía pasó a serlo de la audacia con el costo de popularidad que esto implicaba. La gran venganza de Samper contra ella fue inventarle un alter ego: María Emma Mejía. Antioqueña, bonita y canciller. La pregunta después de los 2.800.000 votos del domingo es qué va a pasar con Noemí. Ella puede querer no tomar partido en la segunda vuelta, pero lo que es un hecho es que ningún gobierno puede no contar con una persona con esa favorabilidad y más de dos millones de votos. En este momento Noemí está pensando en que su prioridad es mantener su independencia, aun si esto significa el desierto burocrático. El cementerio político en Colombia está lleno de héroes de un día que prefirieron la pureza de la causa a la contaminación del sistema. Hasta ahora Noemí es la persona que más cerca ha estado de romperle la espina dorsal al bipartidismo. Sin embargo todavía no se la ha roto y no es seguro que cuatro años en el asfalto sean el camino para llegar a Palacio en 2002. Andrés Pastrana lo hizo y está a un paso de coronar, pero como el candidato de uno de los dos partidos tradicionales. Noemí encarna una expresión ciudadana espontánea de rechazo al establecimiento sin base parlamentaria ni burocrática. Y así nadie ha llegado al poder en Colombia, a excepción del M-19 con Antonio Navarro a la cabeza de la lista para la Constituyente de 1991 y de Antanas Mockus a la alcaldía de Bogotá. Ninguno de estos personajes logró convertir el triunfo coyuntural en algo permanente. El elemento de novedad y renovación es casi siempre la gasolina que prende los motores de estos movimientos, pero esta gasolina se acaba rápido. Sólo hay que pensar que en tan sólo cuatro años Pastrana pasó de símbolo de la renovación a ser parte del sistema que había que renovar. Es lo que sucede con cada renovador en Colombia cuatro años después y no se descarta que esto mismo le pueda suceder a Noemí. Desde ya se puede anticipar que para 2002 muchos le recomendarán buscar la candidatura oficial del Partido Conservador disfrazada de suprapartidista, como lo está haciendo ahora Pastrana. Eso le daría la maquinaria y el apoyo en las zonas rurales que le faltaron el domingo pasado para ganar. Pero también es seguro que recibirá mucha presión para mantener su independencia y es de anticiparse que su corazón está en esa línea. Lo que nadie sabe, aun la propia Noemí, es qué dará mejores resultados: si entrar a formar parte de un gobierno de reconciliación nacional con participación en el gabinete o mantener el espíritu crítico y las banderas de la independencia en alto. Lo que es un hecho es que Noemí consiguió un milagro político. En un país de tradición bipartidista logró lo más cercano a un empate triple sin nada diferente detrás de ella que una buena campaña y su prestigio personal.
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