Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

Nombramientos a la carrera

Un estudio de la Universidad de los Andes concluye que en el servicio exterior hay demasiadas cuotas políticas y, a la vez, fallas graves entre los diplomáticos de carrera.

El estudio realizado por la Universidad de los Andes revela que los canales de comunicación entre los funcionarios provisionales y el Ministerio de Relaciones Exteriores, que tiene su sede en el Palacio de San carlos (foto), suelen ser deficientes e inconstantes. En cambio los funcionarios de carrera están obligados a mantener una comunicación sólida y permanente.

El jueves pasado se produjo una cascada de nombramientos en el servicio exterior. Jaime Girón, de la carrera diplomática y hasta hace poco vice ministro, será embajador en Canadá. María Victoria Díaz irá a Kenya, y Álvaro Pava Camelo, un político experimentado y dirigente de medios que se mueve como pez en el agua en cualquier ambiente, a Perú. Candelaria Palacio será cónsul en Madrid. Los nombramientos se precipitaron ante la versión de que una vez anunciada la candidatura del presidente Álvaro Uribe entrarán a regir las restricciones en materia de designaciones impuesta por la ley de garantías. La Corte aclaró el jueves que se pueden hacer nombramientos que no impliquen creación de cargos ni incrementos de la nómina. Pero los del servicio exterior serán examinados con lupa, porque ha sido una de las áreas de la nómina oficial cuyo manejo más le han cuestionado al actual gobierno. A comienzos de año, su embajadora ante la ONU, María Ángela Holguín, sacó a la luz las inconveniencias de tener en su equipo a Gustavo Dáger Barguil, Jorge Hernán Betancur y Álvaro Londoño -hijos de políticos del ala gobiernista- que no estaban dispuestos a seguir las indicaciones de la embajadora porque sentían que su jefe era otro. Como si fuera poca la polvoreda que se levantó, el Presidente le nombró en la misma embajada a Margarita Name, hija del congresista José Name Terán. Ese no ha sido un caso aislado. La tendencia a designar funcionarios provisionales se repite en mayor o menor escala en las distintas embajadas y los consulados de Colombia en el mundo. Un estudio realizado por la Universidad de los Andes de próxima publicación ha demostrado que actualmente 64,4 por ciento del total de los cargos diplomáticos en el exterior son ocupados por personas de libre nombramiento o provisionales y no por funcionarios de carrera. El sindicato de empleados del Ministerio de Relaciones Exteriores dice que por lo menos la mitad de ese porcentaje ha sido designado desde que inició el gobierno Uribe. Esa situación trae consecuencias que van desde lo político hasta lo económico. Las actividades de los funcionarios elegidos a dedo no están regidas por los mismos controles que se aplican a los miembros de la carrera diplomática, lo que genera situaciones de descontrol como la ocurrida en la embajada de la ONU e impide una gerencia funcional. Los canales de comunicación entre los funcionarios provisionales y el Ministerio de Relaciones Exteriores suelen ser deficientes e inconstantes. Las relaciones tanto políticas como operativas jerarquizadas que deben regir en la práctica diplomática se quebrantan frecuentemente porque muchos de los funcionarios provisionales consideran que sus jefes no son quienes están en la misión ni en la cancillería, sino quienes los pusieron en el cargo. La falta de una reglamentación completa que les ponga límites a los nombramientos provisionales le ha generado a la carrera diplomática un cuello de botella. El abuso de personal provisional -es decir, que no son de carrera- viene creando cuellos de botella: muchos funcionarios profesionales que cumplen sus tiempos y requerimientos para ascender se encuentran con que no existen cargos para su promoción. En este momento hay varios funcionarios de carrera con rango de embajador que están ocupando cargos inferiores porque las plazas están ocupadas por designaciones políticas. Esa situación implica que el esquema piramidal se desajuste. Pero, adicionalmente, representa un aumento presupuestal desmedido que debe asumir el Ministerio para pagar el salario a quien ocupa el cargo realmente, y a quien debería ocuparlo pero no tuvo espacio. La utilización del servicio exterior como botín político se ha combinado con la percepción generalizada de que los personajes de la vida pública tienen mayores capacidades para desempeñar cargos diplomáticos, que los de carrera. El estudio de la Universidad de los Andes evalúa ese argumento y hace varias revelaciones acerca de la idoneidad de unos y de otros. Si bien los exámenes de ingreso a la carrera diplomática difícilmente miden el potencial que tienen los aspirantes para desempeñarse exitosamente, no existen preguntas o ejercicios que permitan medir las habilidades de negociación ni de trabajo en equipo, y durante la carrera no hay una formación constante en esta área ni en la intensificación del aprendizaje de idiomas, la situación no es más favorable entre los que han sido designados a dedo. Hablar perfectamente un segundo idioma no es suficiente para hacer una buena labor diplomática. Estas personas no pasan por ningún filtro porque no deben presentar exámenes ni someterse a evaluaciones anuales de desempeño que midan su idoneidad. Salvo algunas excepciones, la permanencia de los funcionarios provisionales en los cargos en el exterior es de corta duración, con lo cual la acumulación de conocimiento sobre los temas en los que Colombia está involucrada se interrumpe constantemente. "Así, la memoria histórica de los procesos diplomáticos se deposita principalmente en los funcionarios de carrera y otros pocos de libre nombramiento que han ejercido funciones en el exterior durante un tiempo más largo", señala el estudio. La carrera diplomática es un buen antídoto contra el clientelismo. Sin embargo necesita ajustes para evitar que, por burocracia, personas que no tienen méritos sigan ascendiendo indefinidamente en el escalafón. Los funcionarios de libre nombramiento y provisionalidad tampoco pueden ser descartados de tajo. Hay varios casos de embajadores políticos exitosos, como Luis Alberto Moreno o Noemí Sanín. Lo cierto es que la situación actual puede ser el peor de los mundos: mucha cuota política y muchos de carrera no son idóneos. Lo ideal sería aumentar el número de profesionales y hacer a la vez una reforma a fondo del estatuto. Pero lo ideal no siempre es lo viable desde el punto de vista político. Menos aun en un año electoral.

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