06 junio 2012

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"Nos falta más paciencia y la paciencia es la ciencia de la paz": nuevo director del CINEP

ENTREVISTALuis Guillermo Guerrero, el nuevo director del CINEP, habló con Semana.com sobre el escenario de un posible proceso de paz, de las dificultades para la restitución de tierras y sobre la situación de los derechos humanos en el país.

"Nos falta más paciencia y la paciencia es la ciencia de la paz": nuevo director del CINEP. luis Guillermo Guerrero, director del CINEP.

luis Guillermo Guerrero, director del CINEP.

Foto: Andrés Gómez, SEMANA.

El final de los años 60 fue convulso para América Latina. En Cuba se libraba el pulso entre Estados Unidos y la Unión Soviética. En toda Latinoamérica pululaban brotes guerrilleros. En Colombia nacían las FARC, el ELN y el EPL. Por el otro lado, los militares brasileños y los argentinos se inst
alaban en el Gobierno. Acababa de terminar el Segundo Concilio Vaticano y se gestaba la Teología de la Liberación, como un producto latinoamericano. Camilo Torres había optado por la guerrilla. Este es el panorama que resume Alejandro Angulo, director del Banco de Datos de Derechos Humanos y Violencia Política del CINEP.
 
Y en ese contexto nace el Centro de Investigación y Educación Popular - Programa por la Paz (CINEP). Desde entonces, y durante cuatro décadas, esta fundación sin ánimo de lucro que anima el cambio social a partir de las orientaciones de los jesuitas no sólo ha sido testigo de primera línea del conflicto en el país, sino que, según las palabras de su nuevo director, "ha buscado la construcción de la paz al mismo tiempo que genera la despolarización del conflicto social y armado".
 
Luis Guillermo Guerrero, será la primera persona laica en dirigir el CINEP y además tendrá que hacerlo en tiempos muy distintos a los que soplaban en la década de los 60, que hicieron necesaria su creación. 
 
Semana.com: ¿Qué significa que un laico ocupe la dirección del CINEP y cuáles son sus principales retos?

Luís Guillermo Guerrero:
Que el nuevo director del centro sea una persona laica, un no jesuita, como decimos acá, es una confianza muy grande que deposita la compañía en los hombres y mujeres que hemos trabajado en esta institución. Y el reto es seguir siendo un centro al que miren con legitimidad y respeto y fortalecer las exigencias que hace la sociedad.
 
Semana.com: Resulta imposible menospreciar las continuas referencias que tanto el Gobierno como la guerrilla hacen sobre las posibilidades de alcanzar la paz. ¿Estamos ante un escenario en el que eso sea posible?

L.G.G.: Si uno lee el momento, puede ver que la gente está cansada de la guerra y debemos empezar por ahí, por ver cómo nos acercamos a la humanización de la guerra. Hay un escenario estructural, que es lo que el país ha recorrido a lo largo de la historia, eso ha existido y no podemos ver la coyuntura separado de la estructura histórica del país. Es el ejemplo del árbol y el bosque, no se pueden ver por separado.
 
Cada vez que sale un intento o unos visajes de paz, se deben aplicar las lecciones de los diferentes procesos que hemos tenido, para poder sacar de ahí un modelo que sea nuestro, que sea propio.
 
Semana.com: ¿De qué modelo estaríamos hablando?

L.G.G.: Tenemos que inventarlo, uno que sea nuestro. Uno ve ejemplos internacionales para ver los procesos de negociación, son ejemplos inspiradores pero no son para repetirlos. Ya hemos ensayado algunos, pero no nos han salido, entonces debemos aprender de los errores de lo que hemos vivido y a partir de ahí crear nuestro propio esquema.
 
Semana.com: Son varias las lecciones que sobre el camino ha tenido que aprender el país, ¿Cuáles son las que más importantes?

L.G.G.: Hay que ser muy despolarizados, es decir que no hay que entrar con prejuicios a hablar de paz. Tampoco podemos trabajar con agendas maximalistas, como sucedió en el Caguán con una agenda muy bien pensada teóricamente, pero que era tan grande e inasible que se perdía en un mar de temas.
 
De igual forma se aprendió que no puede ser una comunicación entre las élites armadas únicamente, tiene que ser con cada uno de los sectores de la sociedad civil, cada quién debe hablar de su pedacito de paz.
 
Semana.com: En el tema de que la agenda no puede ser tan maximalista están de acuerdo varios sectores. ¿Sobre qué ejes se debe plantear el diálogo?

L.G.G.: Temas y políticas alrededor de la tierra y el despojo, esos son dos ejes esenciales y en ese sentido está la Ley de Víctimas. Otro tema es el mismo conflicto, cómo lo humanizamos, cómo se dejan las armas, hay que hablar del fuero militar, eso es importantísimo.
 
Semana.com: ¿Y cómo discutir el fuero militar en medio de tanta polarización?

L.G.G.: La discusión se debe centrar en los campos del derecho y de la ética, de cómo volver nuestro Ejército más profesional y cómo quitarles campo a esos ejércitos construidos a los que hemos recurrido. El tema del fuero militar debe establecer la constitución de un Ejército que le sirva a la ciudadanía y no que se lo quiten a la sociedad para atender otros asuntos.
 
Semana.com: El tema de la restitución es importante, pero ¿cómo hacerla efectiva en medio del conflicto?

L.G.G.: Claro, una de las críticas a la ley es que a lo mejor es inoportuna en esos términos, ¿cómo restituir en medio de un conflicto donde todavía hay disputas por el territorio que se va a devolver? Parece un exabrupto. Yo lo veo en materia de búsquedas, hemos ensayado por tantas vías, que esta puede ser una. Es construir una metodología a la mitad del camino, puede ser que no se logre nada pero es mostrar un camino para construir algo.
 
Semana.com: ¿La restitución es como la pinta el Gobierno o como la borra el senador Robledo?

L.G.G.: Cada uno tiene su interpretación. El Gobierno tiene que mostrar resultados serios para que la gente le crea. Yo estoy de acuerdo con Robledo en visibilizar que el proceso está lento, pero hay que guardar las proporciones, esto es un conflicto que lleva 50 años, entonces no se puede pretender resolver todo en menos de un año.
 
Pero esto, además de ser un problema de cifras, debe ser sobre las posibilidades reales que hay de hacer la restitución. De cómo restituir en medio del conflicto, en medio de los grupos armados, de los narcotraficantes, de la guerrilla cuando todos tienen intereses en esa tierra. Yo no me atrevo a decir cuántas hectáreas se han devuelto y eso es importante, pero debemos analizar el problema de por qué no se pudo restituir todo lo que se dijo.
 
Semana.com: ¿Es un error que el Gobierno busque hablar de paz aislado de la sociedad?

L.G.G.: El problema no es que no se sepa, sino cómo manejar esos silencios. Los medios quieren saber todo y al instante, entonces aparece una cantidad de interpretaciones mediáticas y eso genera mucho ruido que contamina el proceso. Yo sí creo que hay que tener cierta prudencia constructiva, no querer saber las cosas antes de que estén terminadas. Nos falta más paciencia, y la paciencia es la ciencia de la paz.

Semana.com: El presidente Santos habla de dos manos negras, una de derecha y otra de izquierda, si esto es así no todo el mundo está cansado de la guerra…

L.G.G.: Sí, ciertamente hay gente de derecha y de izquierda que todavía cree en la solución militar, pero los que hacen la guerra no son los hijos de esa gente ni son sus intereses los que están en peligro, ellos no ponen la carne de cañón. Yo no creo que haya militares que estén contentos con que les maten tanta gente, ni lo está la guerrilla, ni los paramilitares.
 
Uno habla con militares y ellos no creen que la solución sea armada, esto ya es desgastante, es el Ejército que más tiempo en guerra lleva en el mundo. Ellos quieren investigar, hacer otras labores propias, quieren dejar de hacer la guerra.
 
Semana.com: ¿Entonces cuáles son los intereses?

L.G.G.: Son intereses económicos, también de poder político, pero más pesan los económicos, el tema de la minería, por ejemplo. Hoy se entiende más el tema del desplazamiento, si usted ve el mapa de desplazamiento y el de minería, se ve que coinciden. Donde había gente antes y ahora no, hay minería.
 
Se ve que el cruce se está dando, pareciera, aunque no me atrevo a asegurarlo del todo, que donde hubo grandes despojos de tierra, ahí hay algo de interés por los recursos naturales: oro, carbón, esmeraldas o desarrollos agroindustriales importantes. ¿Por qué cinco o seis millones de desplazados? ¿Por qué el despojo de seis millones de hectáreas? ¿Qué era lo atractivo de esa tierra?
 
Semana.com: En el tema de derechos humanos, varios organismos han rajado recientemente a Colombia ¿Qué percepción tienen ustedes de este tema?

L.G.G.: La evolución del conflicto, en tendencia más que en cifras, es que estamos en los años 90. Es cierto que hay un descenso en las acciones bélicas del conflicto y esto se nota desde el 2002, pero le gana la tendencia a la victimización de la sociedad.
 
Estamos en una guerra donde los muertos no los ponen los ejércitos sino la población civil que es victimizada por todas las violaciones a los derechos humanos que conocemos. Por eso el no a la guerra en las diferentes regiones, el que hizo la marcha patriótica, ha tomado carrera en varios escenarios. Esta no es una guerra regular y es totalmente fratricida.


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