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| 2/4/2012 12:00:00 AM

Nudo aéreo

El país puede estar cerca de un colapso aéreo. Mientras el número de viajeros y la carga se dispararon, hay déficit en la infraestructura y de personal de la Aeronáutica. ¿Está la seguridad en juego?

Los viajeros que se han movilizado por avión en las últimas semanas en Colombia se han visto en situaciones de verdadera angustia y desespero. Han tenido que padecer la cancelación de vuelos, el retraso de entre media y dos horas en los itinerarios, sobrevuelos de hasta media hora sobre el cielo de Bogotá e incluso situaciones como, en pleno vuelo, tener que regresar al punto de partida por no tener autorización para el aterrizaje.

Según la Asociación del Transporte Aéreo en Colombia (Atac), que reúne a las compañías del sector, de las 17.000 operaciones comerciales que se realizan mensualmente en Bogotá, el 33 por ciento se han visto afectadas. Es decir, cerca de 5.600 vuelos han sufrido algún retraso o cancelación en el último mes. En un país donde el transporte aéreo es fundamental por falta de carreteras o trenes, lo que está pasando resulta aún más crítico.

Pero no solo están indignados los pasajeros. También lo están las aerolíneas que, después de hacer cuentas, dicen que por culpa de la 'operación reglamento' de los controladores, o plan tortuga, se han generado sobrecostos que ya superan los 2 millones de dólares, por el combustible que consumen los aviones durante el tiempo adicional que permanecen en el aire y por las compensaciones que deben dar a los pasajeros y las tripulaciones.

Aunque el detonante de los retrasos y congestiones es el pliego laboral que negocian los controladores con el gobierno, lo que está quedando en evidencia es que el país no se preparó para atender el crecimiento de la industria aérea. El pulso con los controladores es apenas una parte de un problema de fondo.

Las cifras son reveladoras. En 10 años el número de viajeros se duplicó al pasar de 10 a 20,7 millones de pasajeros; el transporte de carga aumentó 35 por ciento, y el número de operaciones (despegue y aterrizaje) en todo el país se ha incrementado en más del 60 por ciento, superando el millón. Solo Bogotá el año pasado tuvo más de 300.000 operaciones. Las rutas internacionales han mostrado un mayor dinamismo, y registra un crecimiento superior al 109 por ciento, con conexiones a decenas de destinos internacionales. Hoy Colombia es el único país de la región que tiene a los tres grandes jugadores del mercado aéreo de Latinoamérica: LAN, AviancaTaca y Copa Airlines, y ocupa el tercer lugar entre los países de la región en movilización de viajeros, después de Brasil y México.

Pero mientras la industria aérea crece a pasos acelerados, la infraestructura se queda corta y el personal de la Aeronáutica Civil no aumenta para atender la mayor demanda de pasajeros y de aerolíneas que ven en Colombia un jugoso mercado. Desde 2004 no se autorizan nuevos ingresos a la planta de personal de la Aeronáutica Civil, conformada por 2.500 empleados. El tema más crítico es el de los controladores, que protestan por la sobrecarga de trabajo.

Actualmente, 568 controladores atienden las operaciones de 75 aeropuertos. De este número, 147 -los de mayor experiencia- se encuentran en Bogotá, donde se concentra la mayor operación aérea.

Esta es la razón por la cual la Asociación Colombiana de Controladores de Tránsito Aéreo está pidiendo desde el año pasado 300 funcionarios más. En el pliego de peticiones que negocian incluyeron un aumento salarial del 20 por ciento y que la entidad se ponga al día con vacaciones y descansos. Dada la responsabilidad que tienen y el alto grado de concentración que demandan sus funciones, trabajan seis horas al día, cuatro de ellas al frente de las pantallas; sin embargo, ante la falta de personal, es frecuente que tengan que doblarse.

También hay escasez de técnicos, de inspectores, supervisores y hasta de bomberos. Desde la administración Uribe se discute una reestructuración de la Aerocivil que tendría un costo de 60.000 millones de pesos por año y cuyo visto bueno depende del Ministerio de Hacienda. Pero también hacen falta mayores inversiones en tecnología y en modernizar y ampliar los aeropuertos que se quedaron pequeños frente a la dinámica del sector.

Santiago Castro, director de la Aeronáutica, señala que durante este gobierno se nombraron 49 controladores, y están autorizados para contratar otros 35. "Estamos alistando la reestructuración de la Aerocivil para vincular 200 adicionales. Vamos a pasar de una planta de 568 a cerca de 800 controladores".

¿Y la seguridad qué?

En medio de la tensión de las últimas semanas, el tema de la seguridad volvió al corazón de la agenda. La gente se pregunta si una operación como la que adelantan los controladores no llegará a afectar la seguridad de los vuelos.

La semana pasada Caracol Radio reveló una información en la que controladores reportan fallas técnicas en algunas operaciones que monitorean. Esto alborotó un avispero en el sector, en el cual la seguridad es la regla de oro. Para Santiago Castro es alarmante que se esté creando pánico sobre el tema de seguridad aérea. "Estamos operando bajo los reglamentos aéreos internacionales y estos están diseñados para preservar la seguridad de las operaciones. La vida de los pasajeros es la prioridad. Además, este gobierno ha hecho una inversión sin precedentes, que asciende a 80.000 millones de pesos en renovar cuatro radares y en comprar equipos de tecnología y de comunicaciones". La Organización de Aviación Civil Internacional, en una inspección realizada a Colombia en noviembre del año pasado, certificó que el país cumple con los estándares internacionales y que no hay riesgos en la operación.

Para el expresidente de Avianca y actual promotor de la aerolínea de bajo costo Viva Colombia, Juan Emilio Posada, "volar en Colombia es seguro, y lo es mucho más que antes. Las estadísticas de seguridad han mejorado. Los reportes sobre incidentes son muy importantes acá y en cualquier parte del mundo porque permiten corregir y mejorar, no se pueden esconder".

Carlos Arturo Bermúdez, presidente de la Asociación Colombiana de Controladores Aéreos, cree que la seguridad aérea sí está en entredicho por el exceso de trabajo del personal de controladores. "Esta es una combinación peligrosa a la que la Aerocivil no le ha puesto coto". Según Bermúdez, mientras en otras naciones de América Latina un controlador maneja en promedio 12 vuelos por hora (aterrizaje y despegue), en Colombia la cifra se duplica o triplica. Lo cierto es que en las últimas semanas hay un ambiente de gran tensión en el sector, a tal punto que nadie se atreve a expresar públicamente lo que está pasando.

Las compañías aéreas, por ejemplo, no quieren hacer parte del debate de los controladores porque, como se dice en el sector, "ellos tienen la llave y pueden tomar represalias aplicándoles al extremo el reglamento, y eso significa demoras". Por ello Atac, el gremio que agrupa a las aerolíneas, ha tomado la vocería.

Se sabe, además, que hay malestar en las aerolíneas con el actual director de la Aerocivil, a quien se le responsabiliza de una parte del caos de las últimas semanas. Pero otros creen que, en el fondo, el malestar contra él se origina en la decisión que tomó el gobierno del presidente Juan Manuel Santos de eliminar, a partir del 31 de marzo de este año, el sobrecargo al combustible, una especie de 'gabela' que tenían las aerolíneas para compensar las dificultades que se generaron en el pasado por los altos precios de los combustibles en el mercado internacional, pero que el gobierno cree que ya no se justifica.

Por su parte, los pilotos, que también hablan en voz baja, se solidarizan con los controladores a través de la Asociación Colombiana de Aviadores Civiles (Acdac), que tiene la vocería. Su presidente, el capitán Jaime Hernández, afirma que este ha sido un problema recurrente en los últimos 15 años, pero ahora se rebosó la copa porque además de la falta de personal se suma el hecho de que los recursos tecnológicos están obsoletos, como es el caso de varios radares. Afirma que el gobierno no le está dando la importancia que requiere la industria aérea ya que mientras esta creció aceleradamente, no ocurrió lo mismo con los recursos para la modernización del sector. "Este es un sector de alto riesgo porque estamos hablando de la vida y la seguridad de millones de pasajeros, y si no ocurren accidentes es gracias a los esfuerzos de los controladores y a la habilidad de los pilotos", dice Hernández, quien asegura que los reclamos de los controladores son apenas la punta del iceberg.

Lo crítico es que el panorama -ya de por sí complejo- se podría complicar todavía más por las obras de mantenimiento y las reparaciones que se avecinan en 13 aeropuertos del país, entre ellos Eldorado. En febrero debería entrar en mantenimiento la pista sur del terminal bogotano. La Aeronáutica dice que está dispuesta a reprogramar estas tareas, en caso de que siga la protesta de los controladores, pero eso también tiene problemas porque está comprobado que febrero es el mes de menos operaciones y sería como mover la congestión para otro mes.

En síntesis, con la nueva dinámica de la economía colombiana y con un TLC con Estados Unidos próximo a entrar en aplicación, el gobierno tiene que ponerle mucho más cuidado a este sector. Un estudio de Fedesarrollo afirma que frente al crecimiento del transporte aéreo y su impacto en la economía, las políticas públicas no han respondido de manera adecuada para cerrar los cuellos de botella. "El sector evoluciona en contravía de las políticas adoptadas", dice el centro de estudios al señalar que la inversión para el sector ha disminuido. La mayoría de compañías aéreas han emprendido un proceso para modernizar sus flotas con inversiones superiores a los 7.500 millones de dólares. Pero no ha sucedido lo mismo con la parte que le toca al gobierno. El país ya tiene un cuello de botella con las carreteras, y lo único que falta es que se arme un trancón aéreo.
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