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| 11/20/2010 12:00:00 AM

Nuestro 'Katrina'

Colombia está padeciendo la temporada de lluvias más violenta que se recuerde. Las muertes se han duplicado. Los afectados se han multiplicado. Ha caído 500 veces más lluvia que en otros noviembres.

Hace cinco años, el huracán 'Katrina' azotó a Nueva Orleans y el registro que hizo la televisión de la tragedia sacudió a todo Estados Unidos. Aunque lo que está padeciendo Colombia por estos días no es un huracán ni las cifras de la tragedia son las mismas, las lluvias han sido tan inclementes que las imágenes a lo largo y ancho del país parecen calcadas de aquel desastre natural.

El país está atravesando la temporada de lluvias más violenta que los expertos recuerden. En ciudades como Santa Marta y Riohacha, en lo que va corrido del mes, ha caído un 500 por ciento más que el promedio histórico de todo el mes. Es decir, si todo sigue como va, al final de mes en esas capitales habrá llovido 1.000 veces más que en otros noviembres. Y la situación no es distinta en el resto del país. En Bogotá cayó en un solo día toda el agua de un mes, y en Cali, 300 por ciento más de lo acostumbrado.

El país, ya se sabe, fiel a su disciplina tropical, no está preparado para lidiar con climas extremos como este. Y esa falta de preparación se ha traducido en muertes: van 139 personas fallecidas, más del doble de los muertos del año pasado. Se murió, por ejemplo, una niña de ocho años, cuando la ambulancia en que viajaba de La Gabarra a Tibú se bloqueó en un lodazal; en Quinchía, Risaralda, una familia de cuatro personas pereció sepultada por un alud; y lo mismo le ocurrió a otra familia, pero en un barrio encaramado en las montañas de Usaquén, en Bogotá. Por contar apenas algunas de las decenas de pequeñas tragedias que han provocado los deslizamientos en 28 de los 32 departamentos del país.

Y los que han tenido la fortuna de quedar vivos han padecido días y noches completos en vela por culpa del agua que se les metió a sus casas y no les dejó dónde dormir. En Bosa, cientos de familias de una urbanización de 12 etapas se despertaron con el agua a 60 centímetros de altura. Tuvieron que salir de sus casas en balsas y desayunar y almorzar sancochos improvisados en cualquier pedazo de tierra seco. La sabana de Bogotá, por la zona de Mosquera, el viernes más parecía un lago. El río se desbocó e inundó 2.000 hectáreas de tierra. Las carreteras de acceso están anegadas y tuvieron que cerrar cuatro colegios. Y al otro lado del país, 150 familias de un caserío de Sucre decidieron no seguir lidiando con las inundaciones y abandonaron la tierra que habitaban hace 50 años.

Todas las autoridades, desde el presidente Juan Manuel Santos hasta el alcalde de Cúcuta, han declarado esta semana todos los tipos de estado de emergencia posibles, desde calamidad pública hasta el alto riesgo.

Las vías de comunicación están al borde del colapso. Los aeropuertos están en operación tortuga obligada. Tomar un vuelo cumplido esta semana desde El Dorado de Bogotá era un golpe de suerte. Por tierra, no era mejor. Diez departamentos (Antioquia, Caldas, Cesar, Cundinamarca, Nariño, Norte de Santander, Magdalena, Tolima, Risaralda y Santander) padecen el cierre total de algunas de sus vías y otras 17 vías departamentales presentan cierres parciales y hay paso restringido en 90 puntos de las vías nacionales.

Y si en materia de vías en la zona rural llueve, en las ciudades no escampa: no solo han aumentado los choques -en Cali de 65 a 90 diarios-, sino que en Medellín tuvieron que cerrar dos de las cuatro vías que comunican a esta capital con el oriente antioqueño.

El impacto sobre los alimentos aún está por verse. El ministro Juan Camilo Restrepo ya dio su pronóstico: "La naturaleza nos está pasando la cuenta de cobro". Según él, no solo la lluvia es inclemente, sino que este invierno ha demostrado la catástrofe de la deforestación. Más de 140.000 hectáreas de cultivos están bajo el agua, lo que equivale a un territorio menor al de Quindío.

La jefe de la Oficina de Prevención de Desastres, Luz Amanda Pulido, antes que dar un parte de tranquilidad, lanza un SOS: "Esta situación es muy difícil porque vamos a tener familias tres, cuatro o cinco meses bajo el agua. Este año se pegaron las temporadas invernales desde abril, y todo colapsó". Y es que, en efecto, el fenómeno de 'La Niña' este año se ha mostrado en todo su esplendor. A diferencia de otras veces, cuando el Pacífico se enfría unas cuantas décimas de grado, esta vez se enfrió menos un grado. "'La Niña' puede ser baja o media, pero esta vez está muy traviesa y se está madurando a su máxima expresión", explica Carlos Iván Márquez, de la Cruz Roja.

Desde hace casi 40 años, Colombia no tenía una 'Niña' de esa categoría, cuenta Ricardo José Lozano, del Ideam. "Desde hace varios meses lo sabíamos. Eso lo advertimos. 'La Niña' es fuerte y se va a madurar y esto quiere decir que en noviembre y diciembre, que son meses típicamente secos, va a haber lluvias. Por eso se dice que va a llover hasta mayo".

Todos los conocedores consultados opinan que lo que está ocurriendo es un campanazo de alerta para el país. Los fenómenos naturales obligan a incluir el clima como una variable importante en la agenda: es necesario una mayor educación, saber dónde construir viviendas y cómo evitar inundaciones. Por algo, José Antonio Marengo, líder del Grupo de Estudios de Cambio Climático del Inpe-Ccst en Brasil, dice que el clima no es el responsable, sino la manera como están hechas las ciudades.

Al fin y al cabo, aunque el 'Katrina' ha sido el evento climático más mortífero de la historia de Estados Unidos, de todas maneras sus cifras -1.836 muertos y 275.000 casas destruidas- no están tampoco tan lejos de las que en los últimos tiempos está produciendo el invierno en Colombia.
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