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| 11/13/2016 2:34:00 PM

¿Qué pasó con la ideología de género?

El Gobierno intentó zanjar una de las disputas más álgidas del proceso de paz. Aunque limitaron el tema a los derechos de las mujeres, algunos pastores cristianos no quedaron satisfechos. ¿Por qué?  

Un tema que no tenía que ver en principio nada con el proceso de paz, terminó generando una de sus peores tormentas: la supuesta ideología de género. El tema se convirtió en el caballo de batalla con el que líderes políticos y religiosos intentaron demostrar que los diálogos que realizaba el Gobierno con la guerrilla en Cuba atentaban contra los valores morales de los colombianos y contra la “familia tradicional”.

Santos sabía que en ese terreno sólo había arenas movedizas, pero también que si quería llegar a un verdadero acuerdo nacional no podía dejar ese tema por fuera.

El presidente, en su alocución, introdujo el tema de una forma bastante inusual. Aseguró que “para atacar de manera más efectiva el problema del consumo de drogas, se robusteció el papel de la familia y de los grupos religiosos en la política de prevención y atención a los consumidores”.

La discusión de esas comunidades nunca giró en torno a la problemática de drogas, pero sí al concepto de ‘familia’. Según Santos, la supuesta ideología de género “fue revisada con sumo cuidado por la Iglesia Católica, por los pastores cristianos y otros voceros del No”.

Y agregó una frase que seguramente le dio mucha tranquilidad a ese sector: “se hicieron las modificaciones para garantizar que la llamada ideología de género no está presente – nunca lo estuvo— ni siquiera de manera sugerida”.

Las comunidades cristianas, que según muchos analistas, fueron las que inclinaron la balanza por el NO en las urnas el pasado 2 de octubre salieron ganando. Sus principales temores quedaron disipados en la alocución.

El principal tiene que ver con el hecho de que como había pedido la senadora Viviane Morales la expresión “enfoque de género” debería tener una interpretación unívoca. Y así quedó finalmente pues, según el presidente, el nuevo texto va a dejar claro que este solo “busca garantizar que las mujeres, que han sufrido especialmente este terrible conflicto, sean tratadas con prioridad y que sus derechos como víctimas estén totalmente protegidos”.

Para dejarlo aún más claro, Santos envió un tweet que decía que el “Acuerdo ratifica que enfoque de género ÚNICAMENTE significa reconocer a mujeres como víctimas para garantizarles derechos”.

Sin embargo, eso no significa necesariamente que los gais quedarán por fuera del nuevo texto. Aunque el presidente no los mencionó específicamente, se entiende que sus derechos estarían nuevamente incorporados en los principios de igualdad y no discriminación del texto pactado.

El Gobierno le apostó a un equilibrio para darle tranquilas a ambas partes. Aunque quizás mucho más a los líderes religiosos que a los activistas Lgbti. Esto tiene cierta lógica en el sentido de que el nuevo acuerdo tenía como meta incluir a quienes votaron que No, más que a quienes ya estaban sumados al proceso.

Unos felices, otros no tanto

La senadora Morales le dijo a Semana.com que el nuevo acuerdo incorpora modificaciones importantes. Celebró, por ejemplo, que se limitara el bloque de constitucionalidad, que el enfoque de género se refiriera sólo a los derechos de las mujeres y que se garantizara la libertad religiosa.

Los pastores cristianos fueron mucho menos generosos. Claudia Castellanos, de la Misión Carismática Internacional, aseguró que “no esperábamos conocer el nuevo acuerdo a través de los medios de comunicación”. Agregó que luego de analizar el nuevo texto con los demás pastores representantes del No (Héctor Pardo, Eduardo Cañas, y John Milton Rodríguez) se pronunciarían sobre si lo aceptaban o no.

En un comunicado de prensa lanzaron un dardo que nadie esperaba: “para esta comunidad es indispensable que dentro del nuevo documento se elimine el concepto de enfoque de género, debido a que este supone una redefinición de la de familia, tal y como lo contempla el espíritu de nuestra Constitución”. Esta es una petición extraña en el sentido de que el enfoque de género dirigido hacia proteger a la mujer no tendría por qué ir en contra de los principios religiosos.

Los pastores agregaron que “con lo ocurrido el día de hoy el Gobierno ha creado un clima de desconfianza y no se ha reconocido el sentir de los colombianos expresado el pasado dos de octubre”.

Una pelea compleja

La discusión alrededor de la ideología de género encendió uno de los debates más álgidos que se ha vivido en Colombia en tiempos recientes. Más que la cárcel o la elegibilidad política, la supuesta amenaza a la “familia” puso a los principales líderes del país a trenzarse en una discusión aparentemente lejana al eje de la polémica, el acuerdo de paz.

Y la pelea fue entre pesos pesados. El mismo día en que el presidente Juan Manuel Santos y ‘Timoleón Jiménez’, jefe de las FARC, se alistaban para firmar la paz ante los ojos del mundo, en el castillo de San Felipe en Cartagena, Álvaro Uribe se subió en el platón de una camioneta y se despachó con un discurso ante un grupo de seguidores que le gritaban “Amén”.

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Ese día, los que seguían con atención las palabras del más enconado promotor del No no eran militantes de su partido, el Centro Democrático. Se trataba de fieles de la iglesia cristiana Ríos de Vida, del carismático pastor Arrázola, el mismo al que acuden los futbolistas del Real Cartagena y los beisbolistas cartageneros que participan en las grandes ligas de Estados Unidos.

Uribe realmente se montó en una ola que no había iniciado. Tres hechos políticos habían definido el peso de la comunidad cristiana en la agenda nacional antes del plebiscito: 1) el referendo de Viviane Morales para limitar la adopción a parejas conformadas por papá y mamá que recogió más de dos millones de firmas. 2) Las multitudinarias marchas contras la cartillas de educación sexual del ministerio de Educación y 3) La encuesta de sexualidad del Dane en los colegios.

Pero en ese contexto de polarización y en una sociedad mayoritariamente conservadora, la idea de que el proceso de paz era una amenaza para la familia tradicional pegó. “Lo grave es que desde La Habana se están diseñando políticas públicas basadas en esa concepción para rediseñar en nuestro ordenamiento jurídico, la familia, el matrimonio, el derecho a la vida y la libertad religiosa”, le dijo Alejandro Ordóñez a Semana.com en una reciente entrevista.

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Hubo elementos que hicieron creer a muchas personas que lo que se decía era verdad. El principal quizás fue una declaración de Humberto de la Calle en la presentación del acuerdo de género en La Habana. Ese día el jefe negociador parafraseó a la escritora francesa Simone de Beauvoir, quien dijo que “no se nace siendo mujer, sino que se llega a serlo”. De la Calle agregó que “no se nace siendo hombre, pero se llega a serlo”. Las frases sacadas de contexto del jurista se volvieron virales.

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La negociación en La Habana

Por eso, a nadie le pareció extraño que los únicos voceros del No que pidieron una cita directa en La Habana fueran precisamente las comunidades religiosas. La primera que visitó la isla fue la senadora Morales con su esposo Carlos Alonso Lucio. Aunque la Casa sobre la Roca, iglesia a la que pertenece la pareja, estaba con el Sí, el enfoque de género les generaba inquietudes. Morales volvió de La Habana con unos puntos comunes firmados con la guerrilla, que finalmente se respetaron en su mayoría en el nuevo acuerdo.  

Unos días después fueron los voceros del pastores del No (Héctor Pardo, Eduardo Cañas, y John Milton Rodríguez) quienes trajeron otro papel con temas similares. Y al día siguiente estuvieron en la isla los principales voceros de la iglesia católica, quienes también llegaron a coincidencias con la guerrilla.

Ante ese panorama, la comunidad Lgbti se preocupó y pidió su propia audiencia. A La Habana fue una comitiva de cerca de 10 personas, entre quienes estaba la congresista Angélica Lozano y la directora de Colombia Diversa Marcela Sánchez. Y del mismo modo que los invitados anteriores, el resultado fue un breve documento que disipaba sus temores.

El contenido de todos estos textos no necesariamente apuntaba a las mismas conclusiones. Los pastores y la senadora Morales entendieron que cuando las FARC les firmaron que la ‘familia’ del artículo 42 de la Constitución política iba a ser el eje transversal del proceso, a lo que se referían es a la familia conformada por “un hombre y una mujer” como sostiene ese texto.

La comunidad LGBT por su parte, logró un documento que les garantizaba lo contrario pues decía que en el nuevo acuerdo nada podría ir en contravía de las conquistas jurisprudenciales que han alcanzado, y una de ellas es que ese Alto Tribunal ha dicho repetidas veces que la unión de dos personas del mismo sexo es una familia. En ese sentido, en el documento que elaboraron con la guerrilla quedó muy claro que los diálogos de paz no serían el escenario para definir ese concepto. Ese punto también parece que se respetó en el nuevo acuerdo de paz.

Finalmente, lo que terminó sucediendo es que a ambos lados, el acuerdo les dará probablemente la razón, pero no expresamente como habrían deseado. Falta ver si el documento que entregue el Gobierno y las FARC deja satisfecho a los grupos religiosos, pero también a la comunidad LGBT. El tema que parecía un asunto menor en un inicio, puede resultar el más importante a la hora de lograr la reconciliación entre dos Colombia que piensan muy diferente.

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