Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2015/10/17 22:00

Algo huele mal en Doña Juana

El derrumbe de este relleno tiene en emergencia ambiental al sur de Bogotá y desató un nuevo enfrentamiento entre el gobierno y el alcalde Petro por el manejo de las basuras.

El 2 de octubre se derrumbó el frente de trabajo del relleno Doña Juana. El hecho causó una avalancha de críticas del ministro de Vivienda contra el alcalde Gustavo Petro. Foto: Guillermo Torres

Las basuras en Bogotá, un negocio que mueve cientos de miles de millones de pesos al año, huele bastante mal cuando se escarba un poco. Lo afirman los habitantes de los barrios cercanos al relleno sanitario, de Usme y Ciudad Bolívar, quienes desde la semana pasada han tenido que soportar terribles olores debido a un derrumbe que dejó al descubierto 750.000 toneladas de desperdicios depositados allí.

Es gravísimo que un incidente de estos se repita después de 18 años, cuando más de 1 millón de toneladas se derrumbaron y obligaron a cerrar temporalmente el relleno. No solo evidencia fallas en quien lo construyó o lo está operando, sino demuestra la carencia de competencia técnica de los actuales funcionarios del Distrito. Incluso, el derrumbe del 2 de octubre pudo colapsar a Doña Juana y dejar a Bogotá sin un sitio para disponer sus basuras. Como dijo un experto consultado por SEMANA: “Los operadores y la administración distrital la sacaron barata”.

Sin embargo, esta tragedia ambiental, que poco le ha importado a la mayoría de los capitalinos, desató un nuevo enfrentamiento del alcalde Gustavo Petro con el ministro de Vivienda, Luis Felipe Henao, quien denunció que lo ocurrido en Doña Juana es muy grave y demuestra que el esquema de basuras creado por su administración es un fracaso.

Según el ministro, los camiones compactadores de basura de Aguas de Bogotá, filial de la Empresa de Acueducto, están ingresando al relleno hasta con 30 por ciento más de tonelaje de basuras, lo que pudo haber causado el derrumbe. Esto, porque en un complejo así es necesario saber con precisión cuánta basura entra, no solo para pagarles a los operadores, sino para organizar toda la operación. Pero, dice Henao, las básculas a la entrada muchas veces no sirven y las autoridades distritales tampoco están controlando la operación del relleno.

Mientras la Superintendencia de Servicios Públicos, entre otras entidades, tendrá que determinar lo que ocurrió y sancionar a los responsables, el ministro Henao, que ha tenido otros rifirrafes con el alcalde Petro, aprovechó que la herida estaba abierta para alertar también que la operación de las basuras no solo es un desastre sino que están poniendo en riesgo las finanzas de la Empresa de Acueducto de Bogotá.

Como se recuerda, en 2012 Petro decretó una emergencia para poner fin a las concesiones privadas y crear un modelo público, en medio de una improvisación tal, que la Alcaldía importó compactadores usados desde Estados Unidos. Tras largas polémicas y debates, la Empresa de Acueducto asumió el 60 por ciento de la ciudad por medio de su filial Aguas de Bogotá, mientras el resto quedó subcontratado con Lime, Ciudad Limpia y Aseo Capital, tres de las cuatro empresas privadas que ya recogían las basuras.

Aunque las cifras no son claras, el Distrito tuvo que invertir más de 112.000 millones de pesos en comprar equipos, pagar mano de obra y combustibles solo para comenzar a operar. El gobierno y la Contraloría Distrital creen que el Acueducto recibe menos plata de lo que vale operar el servicio de aseo urbano y ha tenido que entrar a financiar con recursos propios la aventura petrista. Según el Ministerio de Vivienda, la empresa tenía a junio pasado pérdidas por más de 43.000 millones de pesos. Mientras en 2009 la Eaab obtuvo 245.000 millones de pesos de utilidades, en 2014 cayeron a 155.000 millones de pesos.

Además del hueco financiero de las basuras, algunos críticos dicen que la gestión en el Acueducto no ha sido la mejor. Los gastos se dispararon, los ingresos han crecido poco, se pierde mucha agua y el costo de la nómina ha crecido considerablemente.

Frente a esta andanada el alcalde Petro salió al ataque. Tildó al ministro de hipócrita, de defender a la familia Ríos, dueña del único consorcio de basuras que salió del negocio en la capital, y de andar promoviendo por un lado el ahorro del agua, mientras que por otro quiere que la Empresa de Acueducto invierta en extender el agua a la sabana de Bogotá. Según el alcalde, el modelo de basuras, al contrario de lo que dicen sus críticos, le va a generar a la empresa utilidades, entre 2013 y 2015, por 33.000 millones de pesos. Y el jueves, en rueda de prensa, anunció que las tarifas de agua se van a reducir en 14 por ciento a partir del próximo año. Sin embargo, muy pocos han podido ver el balance real de este negocio.

Más allá de este enfrentamiento, es claro que el esquema público de basuras impuesto por Petro aún genera serias dudas, que las cifras no son claras y que algo está ocurriendo en la Empresa de Acueducto, una de las joyas de las empresas del Distrito.

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