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| 3/1/2015 10:00:00 AM

“Nunca habíamos visto a las FARC tan comprometidas”

El presidente Juan Manuel Santos dialogó con el diario 'El País', de España, sobre la justicia transicional. Dio puntadas sobre la no extradición de guerrilleros.

En su gira por España el presidente Juan Manuel Santos ahondó en temas clave sobre el proceso de paz. En la entrevista con el diario madrileño El País dijo que “La justicia no puede ser un obstáculo para la paz”. También dio a conocer que estaría dispuesto a interceder para evitar la extradición de guerrilleros a Estados Unidos. Semana.com reproduce el primer fragmento de la entrevista.

¿El proceso de paz colombiano es irreversible?

Nunca se puede decir nunca. Yo no puedo garantizar que vaya a haber un acuerdo, pero todas las señales indican que vamos en la dirección correcta. Vamos hacia el fin del conflicto, pero falta lo más difícil, y los procesos se rompen en los puntos más difíciles.

¿El tema más dificil es lo que en los procesos de paz llaman “justicia transicional”?

Sí, es el más difícil. ¿Dónde traza uno la línea entre justicia y paz? Ese ha sido el meollo de todos los procesos de paz. Los que quieren más justicia jalonan por más justicia, y los que quieren que la paz se imponga y que la justicia no sea obstáculo, jalonan para su lado.

La historia de los procesos de paz en otros países demuestra que la justicia y la paz no son buenos compañeros. ¿Así lo ve usted?

Yo tengo para eso una frase que describe con bastante certidumbre lo que estamos buscando: queremos alcanzar el máximo de justicia que nos permita la paz. Siempre va a haber gente desencantada. Siempre va a haber gente que quiere más justicia y gente que dice: “No me aplique la justicia porque no la merezco: yo era un rebelde, yo cometí esto por un ideal”.

¿Qué señales positivias ve en las negociaciones de la Habana?

Nunca habíamos visto a las FARC tan comprometidas con el proceso. Por otro lado, las condiciones de este proceso, la forma como se inició, el apoyo internacional y el realismo y pragmatismo, pero al mismo tiempo la seriedad de como se ha adelantado.

¿Ha visto realismo y pragmatismo en las FARC?

No tanto. El mundo que ellos consideran que debe ser, su mundo ideal, no coincide con el mundo real de hoy. Tienen aspiraciones que transcienden lo que ellos se imaginan. Por ejemplo, ellos plantean, desde su punto de vista, que no quieren ir a la cárcel y que no quieren pagar las penas por los delitos cometidos. Pero el mundo de hoy tiene unas reglas internacionales diferentes y unas realidades diferentes.

¿Un factor internacional que complica el asunto sería que Estados Unidos pide la extradición para miembros de las FARC supuestamente relacionados con el narcotráfico?

A eso tenemos que encontrar una solución. Nadie te va a entregar las armas para irse a morir a una cárcel norteamericana. Eso es totalmente irrealista. Buscarle una solución a eso ya es una responsabilidad mía en mis relaciones con los Estados Unidos.

O sea, usted les dice a las FARC: si ustedes colaboran con esto, esto y esto, yo a cambio voy a interceder a su favor con Estados Unidos.

Por supuesto. Todo es un paquete. Por eso nada está acordado hasta que todo esté acordado, pero ese es un tema que sin duda alguna tendremos que abordar ahora en la justicia transicional. Ellos van a preguntar ¿qué va a pasar con nosotros, nos van a extraditar? Y yo tengo que decirles: pues vamos a buscar la forma para que no. En el fondo la justicia no puede ser un obstáculo para la paz.

¿Existe la posibilidad de que algunos integrantes de las FARC accedan a un período reducido de encarcelamiento, aunque insistan en que no lo harán?

Se supone que la justicia transicional exige que se condene y que paguen las penas, sobre todo los llamados máximos responsables. ¿Qué quiere decir que paguen penas? ¿Dónde las pagan? Eso es parte de la negociación. Lo que mucha gente exige es que sea en una cárcel. ¿Cómo define uno una cárcel? Todo eso es parte de la negociación.

¿El arresto domiciliario sería una alternativa?

Sería algo donde pudiéramos ponernos de acuerdo.

Lo que las FARC podrían responder sería que también los hay del lado del Gobierno, militares, paramilitares, políticos que merecen la cárcel, ¿por qué sólo nosotros?

En ese sentido también hay ya casi un acuerdo donde los militares que hayan cometido errores en ocasiones o delitos relacionados con el conflicto también van a poder entrar dentro de la justicia transicional —y no solo los militares: la propuesta que está sobre la mesa es que los llamados no combatientes, empresarios, ganaderos, políticos, jueces— que en una u otra forma contribuyeron al conflicto, financiar el conflicto, también pueden ser sujetos de justicia transicional.

Si todos entran dentro del bote de la justicia transicional, otra lógica sería optar por una comisión de la verdad. ¿Sigue sobre la mesa esta posibilidad?

Sí. La Comisión de la Verdad es un elemento fundamental dentro del respeto por los derechos de las víctimas y en este momento el equipo en la Habana está comenzando a discutir exactamente eso.

¿Y se puede conseguir algo al estilo sudafricano, una Comisión de la Verdad con confesiones y amnistía a cambio?

Dependiendo de lo que se llame amnistía. Pero sí. Para muchos, el hecho de decir la verdad será motivo para que les suspendan las penas. Pero también ahí entra a jugar la gradualidad: para unos sí, para los más responsables de esos crímenes atroces, pues eso no es suficiente.

La justicia transicional de la que hablamos, entonces, es algo que no tiene los parámetros definidos, es algo bastante líquido…

Como dice la canción, en el caso colombiano estamos haciendo camino al andar. Cada paso que estamos dando es un paso sin precedentes. Nunca en ningún país se va a reparar a las víctimas antes de que termine el conflicto. Nunca las víctimas han tenido la oportunidad de irse a las mesas negociadoras a expresar cómo les gustaría a ellas que les respetaran sus derechos, que es una decisión que yo tomé muy audaz en contra de viento y marea, pero creo que resultó muy buena porque descubrimos algo maravilloso: las víctimas en muchos sentidos son más generosas que un normal de la población. Están más dispuestas a perdonar y a reconciliarse.

¿Cómo se explica usted eso?

Pues yo creo que es la parte buena de la naturaleza humana.

La naturaleza humana en un proceso de paz exige generar confianza entre ambos bandos. Un proceso de paz es como una especie de baile ¿no? Se crea una dependencia mutua.

Ese tema es fundamental y es uno de los temas más complejos en este caso. El pueblo colombiano no cree en las FARC. Ahí hay un problema y es un problema para mí: explicarles a la población colombiana y al mundo que en esta ocasión sí vamos a creerles porque entre otras cosas vamos a poner las garantías suficientes para que cumplan. Ese es un gran reto. Otro es que ellos tampoco nos creen a nosotros. Pero yo creo que hoy el grado de desconfianza de parte y parte ha venido descendiendo.

Para que siga descendiendo y funcione el proceso de paz, ¿es necesario para usted meterse en los zapatos de las FARC, intentar entender cuáles son sus miedos, sus ambiciones…?

Sí, permanentemente. Y yo sé que a través de ese ejercicio sus miedos tienen que ver con su seguridad, tanto jurídica como personal. El miedo está ahí: ¿qué nos va a pasar? Y también el tema de la dignidad. Esto tiene que ser una solución digna para todo el mundo y allí también tengo que ponerme en los zapatos de ellos. Aquí hay que tener cierto grado de flexibilidad para poder lograr unos acuerdos.

¿Qué ve más difícil, negociar con las FARC o vender lo que se negocia con ellos a su propia gente?

A veces es más difícil vender a mi propia gente, sobre todo cuando encuentra uno gente que está deliberadamente interesada en que este proceso no funcione porque ahí no hay margen de convencimiento; es un muro. Uno se estrella contra ese muro y ¿cómo manejarlo?, ¿cómo manejar las mentiras sobre el proceso? Por ejemplo, que yo ya negocié la propiedad privada. Van y les dicen a los agricultores que yo ya entregué la propiedad privada. Me toca irme de agricultor en agricultor a decirles: eso no es cierto. Está uno permanentemente como a la defensiva frente a este tipo de ataques que son supremamente efectivos, deliberados y muy difíciles de contestar.

Lea aquí la entrevista completa.
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