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| 3/11/2017 11:00:00 PM

Así define Odebrecht el futuro político de los conservadores

La decisión de los azules parece estar tomada. ¿Cuándo renunciarán a su cuota burocrática en el gobierno?

La excandidata conservadora Marta Lucía Ramírez comparó la semana pasada el escándalo de Odebrecht con el proceso 8.000 y le pidió a su partido retirarle su apoyo al gobierno. A esa solicitud le siguió el anuncio del presidente de la colectividad, el senador Hernán Andrade, de que el 22 de este mes el directorio azul decidirá si continuar o no apoyando las iniciativas de la Casa de Nariño.

Hace más de un año, en pleno revolcón ministerial, los conservadores ya habían amenazado con partir cobijas con el gobierno. Con la salida de Tomás González del Ministerio de Minas organizaron una revuelta parlamentaria para continuar al frente de esa cartera. En ese entonces también estaban pendientes de las decisiones sobre las cabezas de la Fiscalía, la Defensoría del Pueblo y sobre todo de la Procuraduría, que estuvo a cargo de Alejandro Ordóñez, uno de los suyos, hasta septiembre.

En ese entonces el gobierno pudo calmar las pretensiones burocráticas del momento y así mantuvo el respaldo de los azules al proceso de paz. Si bien, exceptuando al representante Telésforo Pedraza y dos o tres senadores, los parlamentarios del partido no sobresalieron en la campaña del Sí en el plebiscito, durante el segundo semestre ratificaron los acuerdos con las Farc vía Congreso y desde diciembre, cuando comenzó el fast track, votaron en bloque y con rapidez los proyectos para implementar lo acordado en La Habana.

Pero el martes, después de que Ramírez y Andrade dejaron ver que se aproxima una ruptura, la situación fue otra con los congresistas azules. Algunos de ellos hicieron parte de los senadores que presentaron impedimentos para no votar la Jurisdicción Especial para la Paz en plenaria y dilatar la aprobación de esa, la columna vertebral de los acuerdos. Según le dijo uno de ellos a SEMANA, esa rebelión hace parte de un llamado de atención porque sienten que el gobierno los ha “faltoneado”.

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Esta vez el malestar por los puestos se debió a que en vez de llegar a la cartera de Justicia –que desde hace unos días ocupa su copartidario Eduardo Gil Botero como ministro de Justicia–, los azules pretendían obtener el Ministerio de Agricultura. “Era lo que nos habían prometido. El nombramiento de Gil Botero no fue concertado”, dijo un senador conservador a SEMANA.

Pero además de la pataleta burocrática, hay argumentos estratégicos que permiten pensar que la apuesta de algunos conservadores por salirse de la Unidad Nacional esta vez sí va en serio y que el escándalo de Odebrecht será su principal disculpa para hacerlo. Esos argumentos tienen que ver, fundamentalmente, con la percepción de que el triunfo del No en octubre dejó en evidencia que los colombianos se han derechizado. “Aunque apoyamos la paz, nuestras bases tienen valores de derecha”, dice Andrade, mientras asegura que, por esa razón, el partido liderará el 8 y 9 de mayo un congreso de fuerzas de esa tendencia en el que participarán movimientos políticos de toda América Latina. A eso se suma que, en un contexto de bajísima popularidad presidencial, en el que según las encuestas la mitad de los electores se ubican a la derecha, muchos de los azules sienten que para ellos cada vez es más difícil defender las banderas santistas y, sobre todo, obtener votos con ellas.

Por lo anterior, frente a las próximas elecciones parlamentarias y presidenciales, hay quienes prefieren acercarse a la orilla del uribismo. Tres de las figuras con mayor visibilidad del conservatismo, Marta Lucía Ramírez, Ordóñez y el expresidente Andrés Pastrana, hicieron llave con el líder del Centro Democrático en la coalición que defendió el No en el plebiscito. Y Ordóñez y Pastrana visitaron hace pocos días a Álvaro Uribe en Rionegro para hablar de posibilidades de cara a 2018. “Participar en alguna gran coalición que represente nuestros valores es una opción que no descartamos. Eso sí, siempre y cuando se logre una unidad previa del partido y tengamos candidato propio”, insiste Andrade.

En cuanto a candidaturas, las dos que más suenan en el partido, la de Marta Lucía Ramírez y la de Alejandro Ordóñez, hasta el momento son cercanas al uribismo y servirían de puente con el Centro Democrático para lograr una coalición previa a la primera vuelta. En el caso de Ramírez, al igual que hace cuatro años, más que con las bases parlamentarias, cuenta con el apoyo de sectores del partido. Según la última encuesta Gallup de febrero, desde diciembre su imagen favorable ha caído de 41 a 31 por ciento y su desfavorable aumentó del 18 al 22 por ciento. No obstante, en algunas encuestas se mantiene con una intención de voto superior al 10 por ciento, por encima de otras opciones como los senadores Jorge Enrique Robledo, del Polo, o Iván Duque, del uribismo.

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En cuanto a Alejandro Ordóñez, en las últimas semanas las directivas del partido han tratado de convencerlo de que se lance con el aval azul. Sin embargo, él insiste en que prefiere inscribirse por firmas para tener un mayor margen de maniobra. Varias fuentes conservadoras le dijeron a SEMANA que tanto él como Ramírez respaldan la idea de hacer una consulta interpartidista con el uribismo para elegir candidato, mientras que Pastrana preferiría que el aspirante conservador se escogiera en una convención después de medir las posibilidades de los aspirantes en una encuesta. Otro que ha dicho que quiere ser candidato es el exsenador y exgobernador del valle Ubeimar Delgado, pero ni siquiera ha sido medido en las encuestas.

A pesar de la derechización de sus figuras más mediáticas y de los anuncios de la semana pasada, el conservatismo no saldrá de la Unidad Nacional inmediatamente. Según acuerdos celebrados en 2014, al partido le corresponde presidir el Senado en la próxima legislatura y la única manera que tiene de garantizar que uno de los suyos llegue a ese cargo es contar con las mayorías que suman La U y el Partido Liberal, las colectividades del gobierno. Adicionalmente, algunos parlamentarios –sobre todo en el Senado—necesitan estar cerca al gobierno para defender intereses burocráticos en institutos con representación regional y piensan que es mejor esperar hasta comienzos de 2018 para marcar una ruptura.

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Por cuenta de lo anterior, es predecible que la salida de los conservadores de la coalición de gobierno se concrete a finales de año, después de la convención partidista. Mientras tanto, los azules seguirán concentrados en buscar un candidato propio que les dé un poder de negociación en cualquier alianza con el uribismo y que impulse sus listas parlamentarias. “Somos conscientes de que no haber tenido candidato propio en los últimas elecciones y alejarnos de la derecha han sido causas de que desde 2006 nuestra bancada haya perdido 38 congresistas”, concluyen.

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