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| 7/30/2017 8:15:00 AM

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.

En Colombia se ha vuelto rutinario que cada semana llegue una noticia que para la opinión pública parece ser la última gota que desbordó la copa. Y sin embargo, ocho días después aparece otra gota, con frecuencia más grave. Eso parece estar sucediendo ahora ante las acusaciones que hizo la Fiscalía la semana pasada sobre nuevas revelaciones de los sobornos de Odebrecht.

En rueda de prensa el fiscal general, Néstor Humberto Martínez, reveló que la cifra de los sobornos que pagó Odebrecht en Colombia no era de 11,1 millones de dólares, es decir, 21.550 millones de pesos, como se pensaba inicialmente, sino de cerca de 37 millones de dólares, que con el precio del dólar en ese momento eran alrededor de 84.000 millones de pesos. Tras estimar el monto total de las coimas pagadas en torno a las megaobras Ruta del Sol 2 y Ruta Ocaña Gamarra, el fiscal explicó que el modus operandi fue a través de “contratos simulados” y dio cuenta precisa de al menos 20 pagos documentados con pagarés, cheques y consignaciones que reposan en el expediente.

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El fiscal remató la semana con otros dos anuncios de alto calado. Reveló que el exviceministro de Transporte Gabriel García, quien está detenido y ya aceptó cargos, ocultaba 4 millones de dólares en paraísos fiscales de Islas Vírgenes. La suma haría parte de los 6 millones de dólares que García habría recibido de Odebrecht.

Por otra parte, la Fiscalía anunció que imputará cargos al director de la Agencia Nacional de Infraestructura, Luis Fernando Andrade, por supuestas irregularidades en la suscripción del otrosí que habilitó la construcción de la vía Ocaña-Gamarra.Aunque no se sabe de qué tipo de irregularidades se trata se anticipa que en este caso no hay coimas de por medio.

El fiscal también hizo una relación de políticos y otras personalidades que deberán explicar a la Justicia si se llevaron una parte de la tajada como lo sostiene el ente acusador.

Entre los senadores que rendirán descargos ante la Corte Suprema de Justicia están Bernardo Miguel ‘Ñoño’ Elías, Musa Besaile Fayad, Plinio Olano Becerra y Antonio Guerra de la Espriella, además del representante a la Cámara Ciro Rodríguez. La Fiscalía también ordenó la captura de tres ejecutivos extranjeros y citó para formular cargos a otras tres personas, incluyendo a Básima Patricia Elías, prima de Ñoño Elías, y quien se habría prestado para recibir dineros de la mordida correspondiente al senador.

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El fiscal Martínez explicó que dentro de las decenas de testimonios recaudados hay uno muy particular pues revela que para hacer la repartija de las multimillonarias coimas se fijaron porcentajes así: “2 por ciento para Bernardo y los amigos de las comisiones de presupuesto que maneja Bernardo, un 1 por ciento para Federico Gaviria y para Otto Bula, (…) y un 1 por ciento para otros políticos que estaba manejando Federico”. SEMANA estableció que este es apenas un fragmento de una de las declaraciones rendidas por Bula.

Teniendo en cuenta que el costo de la obra Ocaña-Gamarra se calculaba en alrededor de un billón de pesos, cada 1 por ciento de ese monto sería del orden de 10.000 millones de pesos. Así las cosas el 2 por ciento destinado a “Bernardo y los amigos” se acercaría a los 20.000 millones. Aparentemente por problemas financieros Odebrecht no alcanzó a cumplir con la totalidad de ese compromiso, pero esa era la intención.

Si las anteriores acusaciones hicieran parte de un escándalo aislado, podrían considerarse simplemente uno más. Pero ante el estado de ánimo en que se encuentra el país en la actualidad, que podría describirse como una histeria colectiva por el fantasma de la corrupción, realmente lo sucedido deja la impresión de ser la última gota. Los parlamentarios acusados tienen un peso electoral de tal dimensión y una influencia en el Congreso que en caso de que los lleguen a sacar del juego, cambiaría el ajedrez político del país.

Musa Besaile es el mayor elector del Partido de la U en el Congreso con 145.402 votos. Bernardo ‘Ñoño’ Elías es el segundo con 140.143. Si a eso se agrega que el hermano de Besaile, por ser gobernador de Córdoba, también tiene su propia fuerza electoral, el bloque total de votos que está quedando en el aire en ese partido podría acercarse a 400.000. Como este era la principal locomotora de La U, el golpe judicial intensificará la crisis en que se encuentra ese partido, que en las últimas elecciones se había convertido en la bancada mayoritaria con 2.230.000 votos.

Obviamente los ñoños tienen parientes y fórmulas para tratar de mantener su electorado en cuerpo ajeno. Eso puede suceder, pero sin los jefes no es lo mismo. Y más importante es el hecho de que nadie sabe dónde van a acabar todos los bloques electorales de La U. Se trata de un partido creado por Juan Manuel Santos para reelegir a Álvaro Uribe y dejarlo con una bancada propia. La estrategia consistía simplemente en utilizar el prestigio de Uribe para sonsacar a varios de los grandes caciques de los partidos Liberal y Conservador, pidiéndoles que se pusieran una camiseta con la inicial del apellido de Uribe. Como ahí se iba a repartir la mermelada, ese nuevo partido arrasó en las elecciones de 2006.

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Con el rompimiento de Uribe y Santos todo cambió. Los parlamentarios se quedaron donde estaba la mermelada, es decir con Santos, y Uribe pasó a la oposición. Sin embargo, al acercarse el fin del actual gobierno ya no queda mucho por repartir ni se ve mucho futuro para esa colectividad. De ahí que no tendrá candidato propio a la presidencia y muchos de sus integrantes volverán a sus lugares de origen o se le apuntarán al que crean que será el próximo ganador.

Otro partido que podría acabar afectado por el escándalo sería Cambio Radical. Antonio Guerra de la Espriella, uno de los acusados, es un verdadero peso pesado en el Congreso. A pesar de provenir de una dinastía electoral regional, se había granjeado un respeto no solo político, sino técnico. El martes pasado se posesionó como presidente de la Comisión de Asuntos Económicos del Senado, una de las posiciones claves para el manejo de la legislación del posconflicto.

Guerra es uno de los grandes electores de Cambio Radical, partido que había sido golpeado más que ningún otro por acusaciones de corrupción a alto nivel. Kiko Gómez, Oneida Pinto, Manuel Antonio Carebilla y muchos otros han sido el lunar del partido de Germán Vargas, uno de los aspirantes más opcionados para ser el próximo presidente de la república. No se sabe aún qué pruebas existen contra el senador de Sucre, pero se ha defendido mejor que los otros implicados. Después de una entrevista con Yamid Amat en la que se les preguntó a los televidentes si creían que Guerra era culpable, el 68 por ciento de los votantes le dio la absolución.  

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El último escándalo tiene serias implicaciones políticas. Como el Partido de la U, que ha sido el bloque mayoritario en el Congreso, no va a tener candidato presidencial propio, sus fuerzas se van a dividir. El nuevo presidente de esa colectividad, Aurelio Iragorri, va a tratar de mantenerlo unido y en teoría al apoyar un candidato comprometido con el proceso de paz. Eso no va a ser fácil porque la verdadera prioridad para salvar el proceso de paz es que no gane Uribe. Y en ese escenario la mejor carta para Santos –por ahora– parece ser Germán Vargas, a pesar de su ambivalencia frente al proceso. Algunos de los jerarcas de La U hasta ahora enemigos declarados de Vargas están comenzando a cambiar de tono cuando se refieren a él. Por otra parte, los ñoños y otros acusados en el escándalo están resentidos con lo que consideran la falta de solidaridad del presidente. Este reiteró enfáticamente que al que encuentren culpable le debe caer todo el peso de la ley. Aunque la frase no es más que un lugar común, para ese grupo político, que considera que le salvó la reelección al presidente, es una muestra de ingratitud. Por eso en privado están amenazando con que sus herederos políticos apoyen a Uribe.

Las repercusiones del escándalo comienzan en la política pero van más allá. Todo el que represente el establecimiento tradicional, justa o injustamente, es afectado en forma negativa. En esta categoría estarían los candidatos de la mayoría de los partidos que han hecho parte de la coalición de gobierno: el Partido Liberal, el Partido Conservador, el Partido de la U y Cambio Radical.

Pero el escándalo no solo tiene perdedores sino también ganadores. Todo aquel que esté posicionado como crítico del establecimiento se beneficia. En esta categoría estaría en términos generales la izquierda en todos sus matices: Sergio Fajardo, Claudia López y Gustavo Petro.

A Álvaro Uribe le pasa lo de siempre: nada lo afecta. Independientemente de que este símbolo del establecimiento y de que entre sus seguidores puede haber manzanas podridas, el efecto teflón se mantiene. El hecho de ser el jefe de la oposición hace que todo lo que le haga daño a Santos le sirve a él. Y como congresistas acusados han sido pesos pesados en la mesa de Unidad Nacional, las revelaciones del fiscal repercuten negativamente contra esa coalición.

Los principales problemas que tiene el país en la actualidad son el pesimismo y la apatía. Hoy los colombianos cada vez creen menos en sus instituciones. La justicia está por los suelos, el Congreso ni se diga, el presidente en el 25 por ciento de aceptación y el proceso de paz tan solo un poco mejor. En el aire flota un ambiente de desazón nacional. Se están generando las circunstancias para salidas electorales anti-institucionales que pueden ser muy preocupantes. Todavía no se sabe quién podría ser el Trump o el Chávez colombiano, pero el caldo de cultivo se está preparando.

Los colombianos no saben lo que quieren, pero sí saben lo que no quieren: lo que tienen en la actualidad. Esa percepción no corresponde precisamente a la realidad, pues en comparación con el resto de América Latina el país estaría por encima del promedio, no solo en términos institucionales sino económicos. Sin embargo, en política no solo cuenta la realidad, sino la percepción.

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