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| 11/24/2012 12:00:00 AM

Oleada de nacionalismo

La decisión del tribunal de La Haya sobre San Andrés desató en Colombia una indignación colectiva que se reflejó en el Congreso, las redes sociales, los medios, las calles de San Andrés y el propio alto gobierno.

Los libros de historia de educación secundaria retratan al presidente José Manuel Marroquín como el mandatario que en 1903 permitió la independencia de Panamá. Casi 110 años después de esa traumática pérdida territorial, ese es el triste legado que los colombianos recuerdan de ese mandatario. Ese fantasma es el que hoy debe asustar al presidente Juan Manuel Santos: el que su mandato sea recordado para la próxima centuria como en el que Colombia perdió una parte importante de su mar Caribe.

Por esa razón, importa no solo la estrategia que el gobierno despliegue en las diferentes instancias internacionales y con respecto a Nicaragua, sino también la manera como la Casa de Nariño se sintonice con el sentir nacional. Pocos minutos después del fin de la lectura del fallo de la Corte Internacional de La Haya una oleada de fervor patrio inundó diferentes espacios de la sociedad colombiana, desde la intervención del propio primer mandatario hasta las tendencias de las redes sociales y foros de internet, pasando por las declaraciones de los partidos políticos. “La Corte cometió errores graves que debo resaltar. Colombia rechaza enfáticamente ese aspecto del fallo”, declaró Santos.

Ese mensaje de desacato del fallo se extendió rápidamente en los círculos políticos. Voceros de prácticamente todas las tendencias del Congreso se manifestaron públicamente en ese sentido y citaron durante toda una jornada parlamentaria a la ministra de Relaciones Exteriores, María Ángela Holguín. Si bien la canciller anunció la evaluación del retiro de Colombia del Pacto de Bogotá y acudir a otras instancias como las Naciones Unidas como también el uso de otros recursos de apelación, así mismo enumeró medidas de mitigación como acuerdos pesqueros con Managua que ayuden a la población afectada en el archipiélago. En ese mismo sentido de estudiar el fallo y de diseñar respuestas para la población sanandresana se manifestaron otros altos funcionarios como el ministro del Interior, Fernando Carrillo. Sin embargo, al final de la semana, Holguín insistía en que “el gobierno no había acatado el fallo. Queremos estudiarlo a profundidad”.

A tiempo con estas declaraciones del gobierno, el rechazo al fallo de La Haya y la presión para desacatarlo crecía dentro de las redes sociales, algunos analistas y líderes políticos. Banderas colombianas con la franja azul disminuida, en referencia a la pérdida del mar, circulaban por internet, así como críticas al equipo de defensa del país ante la Corte y un llamado a atender las necesidades sociales y de infraestructura de las islas. La sensación de que una parte del territorio había sido mutilada crecía así como las manifestaciones nacionalistas. En palabras del columnista de El Tiempo Jorge Orlando Melo, “un nacionalismo de banderitas que pide que no obedezcamos la decisión de la Corte”.

Una voz con gran eco se sumó a la opinión de quienes invitaban a desconocer la decisión de La Haya. Se trata del expresidente Álvaro Uribe, quien no solo trinó sistemáticamente en el sentido de “rechazo al fallo del despojo”, sino también viajó el pasado viernes a San Andrés para acompañar a los isleños en sus marchas de protesta. La inclusión uribista radicalizó el debate como era de esperarse. En una velada referencia al exmandatario, el jefe de la cartera política del gobierno, Fernando Carrillo, afirmó: “La política internacional es una política de Estado. El chauvinismo es un recurso irresponsable e ineficaz. No es hora de la política menor”.

Por ahora Uribe ha insistido en la convocatoria de una consulta ciudadana para que el país se manifieste sobre la situación del archipiélago en el caso de que el gobierno y el Congreso acepten las determinaciones del tribunal internacional. De esta manera, el caso de San Andrés se suma a la agenda opositora del expresidente Uribe contra la Casa de Nariño. Para un político como el exmandatario, cuyos discursos giran en torno al patriotismo, la defensa y la seguridad, la pérdida territorial sufrida en La Haya provee un abultado arsenal de municiones para atacar al actual gobierno. Lo preocupante es que la política construida con base en el nacionalismo despierta pasiones colectivas difíciles de controlar.

Por ahora, el manejo doble de rechazo al fallo y de medidas de mitigación le ha servido a la administración Santos para impedir un coletazo de la opinión pública en su contra. No se ha disparado una postura crítica en el Congreso contra la Cancillería ni han tenido mayor eco los llamados a la renuncia de la ministra Holguín. Aún es pronto para afirmar qué tanto golpeará este fracaso jurídico internacional la imagen del presidente Santos, su nivel de aprobación y a quiénes los colombianos identifican como responsables de la pérdida del mar, incluidos gobiernos anteriores como los de Uribe y Andrés Pastrana. También si la sociedad colombiana respalda que la Casa de Nariño eleve aún más las tensiones diplomáticas.

Sin embargo, no es seguro por cuánto tiempo el gobierno Santos podrá mantenerse sin cumplir las determinaciones de la Corte Internacional. Será difícil sacar del debate político el fervor patrio que ha generado San Andrés, en especial ahora que se ha convertido en bandera uribista, y así mismo muy improbable que el gobierno pase inmune y sin mayor deterioro por esta crisis histórica.

Además de los brotes nacionalistas, que seguramente bajarán de intensidad, y la irrupción de Álvaro Uribe como promotor del desacato al fallo, el panorama de la política colombiana no cambiará mucho en el corto plazo. Faltan muchas semanas para que la evaluación de la historia se consolide y el legado de Santos frente a esta pérdida del mar Caribe quede definido. Por ahora, y aunque suene profundamente injusto, el fantasma de Marroquín sigue acechando.
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