Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2015/08/08 22:00

Opción Ciudadana, una fábrica de avales

El antiguo PIN entregó más avales que nunca para estas elecciones, a muchos aspirantes polémicos que no lograron cupo en otras toldas. ¿A qué juega?

PARA ALGUNOS DIRIGENTES DEL PARTIDO LA DUPLA GIL Y ACUÑA DECIDE LOS AVALES EN LAS REGIONES.

El lema del partido político Opción Ciudadana es “grandes decisiones, grandes cambios”.  Pero para algunos de sus miembros, los candidatos que avalaron para las elecciones regionales no representan algo distinto. Desde que se creó a finales de 2009 no había entregado tantos avales. Más de 10.000 candidatos bajo la sombrilla de esa colectividad esperan ser elegidos en octubre (en 2011 entregaron casi 7.000). No todos dentro del partido ven esa explosión con buenos ojos.

Opción Ciudadana carga una pesada cruz. Su historia comenzó en 1997 cuando Luis Alberto Gil llegó a ser diputado gracias al movimiento político Convergencia Ciudadana.  Cinco años después, Gil saltó al Senado y su partido respaldó al gobierno del expresidente Álvaro Uribe. Entonces el escándalo de la parapolítica salpicó a la mayoría de sus congresistas, y para dejar atrás el estigma cambió de nombre. A finales de 2009 pasó a llamarse Partido de Integración Nacional (PIN) y hace dos años se rebautizó como Opción Ciudadana.

A pesar del intento, el fantasma todavía lo persigue. Aunque sería injusto decir que la mayoría de sus candidatos son cuestionados, hay casos que despiertan polémica. El más sonado es el de Sucre. Tres de los cinco senadores de Opción Ciudadana son de ese departamento. Milene Jaraba, esposa del controvertido exrepresentante Yahir Acuña, se quedó con el aval para la Gobernación.  En la convención del partido en marzo, Gil presentó a Yahir como miembro y nuevo integrante de la dirección nacional. Los senadores quedaron sorprendidos, pues según ellos eso nunca se sometió a votación y hasta hace pocos meses Acuña tenía partido propio: Cien por ciento Colombia. “Ese encuentro fue muy amañado. Parecía por momentos que se le entregaba el partido a Yahir”, cuenta uno de los asistentes. Incluso le dieron autonomía para negociar avales en Sucre, Bolívar y Cesar.

En Santander también se presentó algo particular. Desde el escándalo de la parapolítica, que afectó al antiguo PIN, la supervivencia del partido en esa región quedó en manos de la casa Aguilar. Ellos ya tenían candidato para suceder al gobernador Richard Aguilar, pero extrañamente el aval se le concedió a Didier Tavera. Un ex del PIN, que terminó aliado con los más duros contradictores del movimiento en Santander: Horacio Serpa.

En La Guajira le dieron aval a Pablo Parra para la Alcaldía de Albania. El negro, como lo conocen, fue guardaespaldas y ahora exesposo de Oneida Pinto, la cuestionada candidata a la Gobernación de ese departamento por Cambio Radical. Parra fue investigado por el asesinato de un exconcejal de Maicao, pero el caso terminó archivado en la Fiscalía. En Nariño pasó la misma historia. A pesar de que había varios afiliados que querían ser candidatos, le dieron el aval a Julio Rivera, quien es carta del representante liberal Neftalí Correa.

El veedor de Opción Ciudadana hasta hace pocos días, Rubén Arango, dice que el hecho de que haya lunares en la elección de candidatos no es razón para tanto escándalo. “Para nosotros es indispensable la ventanilla única y bajo ese criterio hemos entregado los avales”. El punto es que más allá de esa ventanilla, que un candidato no tenga antecedentes no significa que realmente represente los ideales de un partido.

Fuentes consultadas por esta revista aseguran que en ese tipo de decisiones Gil tiene la última palabra, y que el criterio no es quién represente ideológicamente al partido, sino quién paga más por el aval. “Todos le mandamos mensajes a Gil, pero él nos ignora. Ni siquiera nos contesta las llamadas”, aseguran, y añaden que los avales se entregan “al mejor postor ” e incluso han descrito la situación como “la danza de los millones por un aval”. Es tan grave la situación, que hace unos días el representante Ricardo Flórez renunció al partido y hay congresistas que han enviado cartas quejándose por lo mismo: “Solicitamos se nos brinde un espacio de diálogo para discutir dichos temas”, dice uno de los escritos.

Para el exveedor Arango eso no es así. “No es cierto que seamos unos títeres. Lo que pasa es que nuestros estatutos son distintos a los de los demás partidos. Aquí la base para tomar decisiones no son los congresistas porque somos un partido de regiones, que no depende del poder central”.
Lo cierto es que para muchos Opción Ciudadana se convirtió en un partido sombrilla, pues algunos candidatos,  literalmente, se metieron bajo su sombra porque no encontraron otro escampadero.

Tiene candidato propio en cinco gobernaciones (Sucre, Amazonas, Guainía, Cauca y San Andrés) y aspira a conquistar un buen número de alcaldías municipales, pues en 2011 no se llevó ninguna gobernación y tan solo 35 alcaldías pequeñas.  Falta ver si alcanzará una apuesta tan ambiciosa.

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