Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2000/06/12 00:00

Operación Motilón

En el Catatumbo, escenario de una guerra a muerte entre el ELN, las Farc y los paras, la Policía Antinarcóticos despliega la más grande ofensiva contra los cultivos de coca.

Operación Motilón

Tan sólo 15 metros separaban del suelo al helicóptero Black Hawk de la Policía Nacional. Las copas de los árboles parecían rozar la aeronave que volaba paralela a las cinco avionetas Turbo Truch que, a 220 kilómetros por hora, fumigaban los cultivos de coca localizados entre las poblaciones de Tibú y La Gabarra, en Norte de Santander. De un momento a otro un ruido fuerte y seco sacudió violentamente el helicóptero. Eran las 8:23 de la mañana del miércoles pasado. “Nos impactaron”, fue la única frase que uno de los tripulantes logró decir en medio del desconcierto inicial. Nadie determinó con certeza en ese momento si lo que acababa de golpear la aeronave había sido un disparo de fusil, una granada o un rocket. Lo único claro era que desde la espesa y colorida selva del Catatumbo el helicóptero, al igual que los aviones de fumigación, estaban siendo atacados desde tierra. La respuesta, sin embargo, fue contundente.

Los cinco helicópteros UH1-H que volaban un poco más alto, acompañando la misión, comenzaron a repeler el ataque. Al superar la sacudida el Black Hawk se elevó varios metros y tras girar a la derecha se unió al contraataque con incesantes ráfagas de sus dos poderosas ametralladoras calibre .50 y 7.62. La reacción salvó la vida de los pilotos de los aviones y cubrió su retirada tras recibir varios impactos, que los obligaron a regresar a la base antinarcóticos de la Policía en Cúcuta. A las 9:50 de la mañana la segunda misión, de las tres programadas para ese día, terminó con un saldo de 700 hectáreas fumigadas y cuatro de los cinco aviones que participaron en el operativo con varios disparos de fusil en su estructura.

Lo que ocurrió ese miércoles en las selvas del Catatumbo deja ver la magnitud y la intensidad de los combates que la Policía Antinarcóticos libra desde el 7 de mayo como parte de la que se ha convertido en una de las más ambiciosas y exitosas operaciones de fumigación de cultivos y destrucción de laboratorios de coca de los últimos años: la Operación Motilón. En los tres primeros días de operativos se destruyeron más de 85 laboratorios de procesamiento de coca, fueron incautados más de 1.000 kilos de base de coca y se fumigaron cerca de 1.400 hectáreas de cultivos, lo que constituye un récord en este tipo de operaciones (ver recuadro).



Rumbo al norte

Desde hace más de 20 años la región del Catatumbo ha sido una zona dominada por el ELN. Sin embargo, hacia finales de los 80, comenzó allí una bonanza cocalera que con el paso del tiempo terminó representando para ese grupo insurgente una importante fuente de ingresos. No obstante, no pasó mucho tiempo para que los grandes recursos económicos generados por el negocio de la coca terminaran llamando la atención de otros grupos al margen de la ley. Fue así como a comienzos de los años 90 varios frentes de las Farc se desplazaron desde el sur del país, en donde ya ejercían la hegemonía en este tipo de actividades, e incursionaron en Norte de Santander en busca de una porción de la lucrativa actividad. Pero los grupos guerrilleros no fueron los únicos interesados en el negocio de la coca. Hace dos años las autodefensas de Carlos Castaño iniciaron una violenta ofensiva para entrar en la disputa por la zona, la cual dejó más de 250 muertos en masacres, como las de Tibú o La Gabarra, y produjo un desplazamiento masivo hacia Venezuela.

Ese interés por intentar establecer un dominio territorial que les permita quedarse con el control del negocio de la coca ha desatado una compleja situación de guerra en la zona entre el ELN, las Farc y los paramilitares. Según informes de los organismos de inteligencia, en el Norte de Santander en la actualidad hay más de 1.200 guerrilleros, del ELN y las Farc, y cerca de 350 paramilitares dedicados al negocio de la cocaína (ver mapa). La defensa de los intereses particulares por parte de cada uno de los grupos ha hecho que varios de los oficiales que participan en la Operación Motilón la califiquen como una de las más arriesgadas que han llevado a cabo en el país. En el Catatumbo los hombres de Antinarcóticos deben luchar simultáneamente contra tres enemigos que están en la misma zona: ELN, Farc y paras. Pero esta operación también se ha convertido en la primera ofensiva real del Estado en contra de los intereses económicos de los grupos paramilitares.

Para el general Ismael Trujillo Polanco, director de la Policía Antinarcóticos, es claro que el narcotráfico se “ha convertido en un arma ideal para la guerra en Colombia. Y agregó: Es evidente que los recursos que genera la coca en la región del Catatumbo determinan en gran medida el rumbo de la guerra entre paramilitares y guerrilla. Quien logre ejercer el mayor dominio del negocio conseguirá una importante ventaja militar y territorial frente a sus rivales”.

Esta situación, aparte de agudizar el conflicto en la zona, ha contribuido al aumento de los cultivos de coca en los últimos años ya que cada grupo los promueve dentro de los campesinos. “Los paramilitares están haciendo lo mismo que la guerrilla, obligan a la gente a sembrar coca como una fuente de financiación”, afirmó a SEMANA el coronel Carlos Barragán, subdirector de Antinarcóticos. Esa búsqueda afanosa de recursos tiene disparados los cultivos ilícitos en Norte de Santander, hasta el punto que ese departamento es actualmente el tercero con mayor número de hectáreas sembradas con coca en el país (ver recuadro).



La nueva estrategia

Los excelentes resultados conseguidos durante los primeros días de la Operación Motilón reflejan una nueva estrategia en la lucha contra los cultivos ilícitos, la cual se basa fundamentalmente en evaluar costos contra resultados y, sobre todo, en efectuar planes de erradicación a fondo. Si bien es cierto que durante los años anteriores la lucha para erradicar los cultivos produjo resultados que fueron reconocidos por la comunidad internacional es claro, también, que la cantidad de hectáreas cultivadas en el país aumentó en una proporción similar al número de las fumigadas.

En operaciones anteriores se empleaba un número limitado de aviones y personal ya que la capacidad operativa era distribuida en varios frentes simultáneamente. Esa situación hacía que no se lograra fumigar la totalidad de cultivos ilícitos de un departamento. La Operación Motilón lo que ha demostrado es que al concentrar todos los recursos en un solo objetivo se pueden conseguir mejores resultados (ver recuadro). Este operativo ha destinado 25 aeronaves y más de 300 hombres, que no saldrán de la zona hasta erradicar la totalidad de las 7.800 hectáreas que existen en el Catatumbo.

La nueva estrategia, que está basada en modelos empresariales aplicados a los esquemas operativos de la guerra, tiene un inconveniente: la financiación. Erradicar una hectárea de coca tiene un valor de 547 dólares. Esto quiere decir que, de acuerdo con las cifras que maneja la Policía, aplicar un plan agresivo de fumigación en todas las zonas cultivadas del país tendría un costo aproximado de 300 millones de dólares, sin contar el mantenimiento de las aeronaves. Para este año la ayuda estadounidense para erradicación fue de 27 millones de dólares, de los cuales sólo quedan ocho para el resto del año. Tan sólo la operación que se está desarrollando en Norte de Santander costará cerca de 4,5 millones de dólares. Es claro, entonces, que la erradicación es un problema que va más allá de lo militar y estratégico y en el fondo es más un problema económico con el que el gobierno colombiano no puede lidiar solo.

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