Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2007/12/01 00:00

Operación prueba de vida

El operativo que llevó a la captura de tres guerrilleros urbanos que tenían las pruebas de supervivencia es digno de una película de Hollywood.

Sindy Tumay trajo las pruebas desde el Guaviare.

Desde principios de la semana pasada se rumoraba que este domingo las Farc le harían llegar pruebas de supervivencia de los secuestrados al presidente de Venezuela, Hugo Chávez. El propio presidente Álvaro Uribe había dicho en una reunión con su bancada el martes, que información de inteligencia apuntaba a que videos y fotos estarían camino a Venezuela. Como si fuera poco, Piedad Córdoba también lo había comentado, con optimismo, en su círculo más cercano. Pero antes de llegar a Caracas, las pruebas fueron interceptadas por el Ejército. El jueves a las 6:30 de la tarde, en el sur de Bogotá, fueron capturadas tres personas de las Farc que resultaron tener en su poder varios discos compactos, documentos y memorias de computador en los que estaban los videos, las fotografías y seis cartas escritas de puño y letra por los rehenes.

Cuando los militares y los miembros de la Fiscalía rodearon a los tres guerrilleros, Sindy Juliana Tumay Cuevas, la menor de ellas, de 21 años, se aferró al paquete que estaba fuertemente sellado y se negó a entregarlo durante los primeros minutos. Esta guerrillera, de Vista Hermosa, Meta, fue la clave para la operación. Semanas atrás, los agentes de inteligencia le seguían los pasos. Sabían que hacía parte de la estructura logística de la Red Urbana Antonio Nariño de las Farc.

Informaciones recientes pusieron sobre aviso a los militares sobre la entrega de un paquete importante en Bogotá. La joven Sindy llegó hace 10 días a la ciudad y sus movimientos les indicaban a los investigadores que algo importante estaba en juego. Que fueran las pruebas de vida de los secuestrados era una posibilidad, entre muchas que se contemplaban. El jueves salió en compañía de Humberto Montaña, un hombre de más de 60 años, aparentemente miliciano de las Farc, rumbo a la Avenida Primero de Mayo con Boyacá, donde los esperaba Adriana Brigitte Vega Poveda, de 29 años, quien recibiría el paquete. Pero antes de que la misión se consumara, fueron detenidos.

Los miembros del CTI y del Ejército abrieron el paquete y se sorprendieron al ver el contenido. Fotos de 17 de los secuestrados, entre los que se encuentran Íngrid Betancourt, José Eladio Pérez, los tres norteamericanos y 12 policías y militares; videos de algunos de ellos tomados entre el 23 y el 25 de octubre, y varias cartas.

Las fotos no pueden ser más conmovedoras. Íngrid Betancourt aparece extremadamente delgada, sin levantar la vista y silenciosa. No es difícil adivinar que a pesar de los cinco años que lleva en cautiverio, no ha podido ser doblegada por sus captores. Su fotografía evoca ciertas imágenes bíblicas del martirio. Ni ella ni Luis Eladio Pérez hablan en el video.

Las autoridades colombianas creen que este grupo de secuestrados es el mismo que compartió cautiverio con el subintendente John Frank Pinchao, quien se fugó de un campamento en Vaupés hace varios meses. Se supone que de esta zona selvática vinieron las pruebas.

Con estas en la mano, y por tratarse de un asunto de seguridad nacional, militares y fiscales fueron convocados al Palacio de Nariño. Al finalizar la noche, los investigadores; los generales Mario Montoya y Freddy Padilla de León, así como la directora del CTI, Marilú Méndez, se reunieron con el Presidente para analizar la información encontrada. A eso de la media noche se decidió hacerla pública por razones humanitarias, y obviamente políticas. Lo único que se sabe hasta ahora de Adriana Vega, la mujer encargada de recibir las pruebas, es que llegó a Bogotá la noche del pasado miércoles, procedente de Caracas, en un vuelo de Avianca, y que tenía su regreso planeado para la mañana del viernes. Vegas es colombiana, tiene 29 años y, según su propia versión, estudió contaduría en la Universidad Central. Según los registros de inmigración, viaja constantemente entre los dos países y dada la misión que estaba cumpliendo, debe ser una persona de confianza del Secretariado de las Farc. Y aunque no pudo regresar a Venezuela, no se descarta que existan pruebas de los otros secuestrados, que hayan llegado al vecino país por otra vía.

Si se tiene en cuenta que la noche del viernes salió de Bogotá hacia Caracas un vuelo fletado por el gobierno de Venezuela, con Piedad Córdoba y 20 familiares de los secuestrados a bordo, no es absurdo pensar que para este fin de semana Chávez quería demostrar que sus gestiones como mediador iban por buen camino. ?

Atando cabos

La interceptación de las pruebas de supervivencia fue una labor de inteligencia planeada y ejecutada milimétricamente. Todos los datos apuntan a que Sindy Yuley fue seguida durante mucho tiempo a pocos metros, día y noche. Resulta admirable que los militares hayan logrado seguirla desde Tomachipán, en Guaviare, hasta Meta y luego a Bogotá, sin perder su rastro ni el de las pruebas. Aunque las autoridades niegan que supieran de la misión que ella realizaba, es evidente que esperaron con paciencia de relojero hasta cuando se cumpliera la cita con el enlace de Caracas. Y que justo en ese momento se realizó la captura, pues el objetivo era atrapar a los dos eslabones de la cadena: quien traía las pruebas desde la selva, y quien las sacaría del país.

Lo meritorio de esta operación, desde un aspecto puramente militar, es que demuestra que las Fuerzas Armadas tienen informantes en las entrañas de las Farc y que se ha ganado una gran capacidad en hacer operaciones 'quirúrgicas' de gran importancia estratégica. Con el valor agregado de que se ha hecho cumpliendo con todos los requisitos que exige la ley y el nuevo sistema penal acusatorio. Por eso el gobierno, al hacer públicas las pruebas, se cuidó de no caer en errores que pudieran viciar el proceso judicial.

A juicio de muchos observadores, los tres capturados podrían correr la misma suerte que 'Simón Trinidad' y 'Sonia', pues han sido sindicados de secuestro agravado, y al portar pruebas de los tres norteamericanos, es previsible que sean extraditados a Estados Unidos y juzgados allí por secuestro y terrorismo.

Pero si la captura fue milimétrica, el ajedrez político que hay en juego también parece serlo. Si la inteligencia militar tenía la pista de las pruebas desde hace más de una semana, es posible que el presidente Álvaro Uribe ya supiera de su existencia en el momento de suspender la mediación del presidente Hugo Chávez y la senadora Piedad Córdoba, ocurrido el 21 de noviembre. Es bastante probable que como el propio Uribe lo dijo en su momento, los cálculos políticos que el gobierno hizo al nombrar estos mediadores le habían fallado. Con Iván Márquez mojando prensa en Caracas sin ningún gesto humanitario sustancial, y con un Chávez demasiado locuaz, el escenario para el gobierno se complicó.

Por eso la llamada que le hicieron Piedad Córdoba y Chávez al general Mario Montoya, y que fue el florero de Llorente para romper los acercamientos, al parecer le dio al gobierno la oportunidad que necesitaba para salirse del tema.

Con un Chávez desbocado, unas Farc protagónicas, y unas pruebas de supervivencia tan absolutamente dramáticas como estas, el intercambio humanitario se convertía en un escenario obligatorio para el gobierno, del que difícilmente podía salirse en el futuro.

La hipótesis de que Uribe supiera que las pruebas ya estaban en camino explica la desmesurada furia del presidente Chávez. Y la intención que al parecer tenía de mostrar este fin de semana, con los familiares de los secuestrados en Caracas y, seguramente con las pruebas, que las Farc sí le estaban caminando al intercambio.

En un balance meramente político, Uribe es el gran ganador. La infamia de las Farc repugna al mundo entero. Chávez no podrá montar su tinglado, mientras el gobierno colombiano vuelve a abrirle la puerta a Francia como eventual facilitador. Los videos y las fotos demuestran que la crueldad de las Farc no tiene límites. Que la falta de respeto por los seres humanos es única. Pero también hacen reflexionar sobre si realmente existen razones de Estado que hagan más larga la agonía de tantos secuestrados.

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