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| 7/27/1998 12:00:00 AM

OPOSICION MAMOLA

Por cuenta del llamado a la oposición Horacio Serpa podría quedar enfrentado a su maquinaria.

En este momento la mayoría de los colombianos cree que hay un debate sobre si el Partido Liberal debe participar en el gobierno de Andrés Pastrana o si debe mantenerse en la oposición. Esta es la impresión que dejan las declaraciones contradictorias de Horacio Serpa, el jefe del partido, quien el día de la derrota anunció una oposición patriótica, y un grupo de disidentes liberales encabezado por Juan Manuel Santos, quien afirma que la reconciliación nacional debe anteponerse a cualquier consideración dada la gravedad de la crisis. Pero como es usual en Colombia, lo que parece no es. El libreto sobre participación en el gobierno por parte del partido derrotado está ya escrito en Colombia y cada cuatro años se escenifica prácticamente sin variaciones. El candidato perdedor se siente obligado a decir que va a estar en la oposición, pues tendría muy mala presentación aparecer abrazado con el contendor victorioso, repartiéndose el ponqué. Al fin y al cabo hasta el día de la elección esos dos candidatos eran para la gente adversarios irreconciliables. El partido perdedor, sin embargo, no tiene interés en prácticamente nada distinto que su cuota burocrática. Colombia es un país donde la supervivencia política de cualquier dirigente está directamente relacionada con la capacidad que tenga de darles puestos a sus seguidores. Teniendo en cuenta esa contradicción estructural, en el país existe la tradición de inventarse un nombre pomposo para que el partido perdedor pueda entregarse al gobierno salvaguardando cierta dignidad. Esa hoja de parra en el pasado se ha llamado 'colaboración con independencia crítica' en el gobierno de Turbay y 'colaboración técnica y personal' en la administración de Belisario Betancur. Estos eslogans les permiten a los futuros candidatos hacer discursos de oposición mientras sus tenientes políticos aceitan sus maquinarias con la burocracia estatal. El objetivo es que llegada la fecha de la campaña presidencial se unan las dos partes de la tenaza. En otras palabras, la bancada colaboracionista termina respaldando al líder independiente, mientras éste le da garrote al gobierno que ha alimentado a su partido en los cuatro años de desierto.Otra característica de este libreto es que tanto el nuevo presidente como el jefe de oposición plantean que debe existir un acuerdo nacional sobre ciertos temas fundamentales, los cuales no pueden ser monopolio del partido de gobierno. Cuando se trata de ilustrar esta idea se mencionan invariablemente la paz y las relaciones internacionales. En la práctica, los temas fundamentales terminan abarcando casi todas las actividades de la administración pública. Cuando hay piñata burocrática de por medio nada más 'fundamental' que la salud, la educación, la minería, las comunicaciones, la cultura y hasta los deportes. Un ejemplo de esto se dio al inicio del gobierno Samper. Andrés Pastrana, como candidato derrotado por lo que él denunció como una narcocandidatura, anunció su total rompimiento con la nueva administración por razones de principio. Su partido, sin embargo, reconoció que existían temas de crucial importancia en los cuales tenía la obligación de participar. La consecuencia de esta actitud patriótica fue que Samper le entregó al Partido Conservador varios ministerios, entre ellos el de Transporte, al movimiento de Fabio Valencia Cossio. Dos años después Valencia Cossio se retiró del gobierno y su cuota la llenaron los lentejos conservadores. Hoy Valencia Cossio se ha convertido en el principal elector de Andrés Pastrana, empuñando la bandera de la lucha contra la corrupción del gobierno del cual hizo parte. El artífice de la neutralización de la oposición a través del lentejismo fue Horacio Serpa, quien paradójicamente hoy reclama un esquema gobierno-oposición. Esta ha sido siempre la historia de Colombia. Y los eventos de la semana pasada demuestran que no ha cambiado. En el país no existe la posibilidad de oposición real porque la carrera administrativa es una ficción. En otras partes del mundo los puestos públicos ni pueden tener su origen en recomendaciones parlamentarias ni cambian con el relevo del gobierno. En Inglaterra, por ejemplo, con la caída del partido conservador y la llegada del partido laborista, el nuevo primer ministro Tony Blair no puede cambiar sino a 136 personas. El resto de la burocracia está incorporada al servicio civil y totalmente por fuera de la órbita del primer ministro. Además, el Estado en los países desarrollados es de una dimensión mucho menor, por lo cual no es el principal empleador como sucede en Colombia.Aquí el poder político depende del poder burocrático, y viceversa. Por lo tanto el mantenimiento de la burocracia es un requisito para la supervivencia electoral. Este principio es válido tanto en el ámbito nacional como en el departamental y en el municipal. Teniendo en cuenta que las necesidades burocráticas van en contra de la coherencia ideológica, en Colombia no ha existido y no puede existir una oposición real de partido. Esta es una realidad, aunque cada cierto tiempo se pretenda acudir al esquema gobierno-oposición, como lo hizo Virgilio Barco durante su gobierno y como lo pretende Horacio Serpa hoy. ¿Qué va a pasar ahora con Horacio Serpa, quien anunció que renunciaría si su partido no lo acompaña en su grito de rebeldía? ¿Y qué le va a pasar a Juan Manuel Santos, quien ha desafiado la voluntad del jefe único liberal anunciando la necesidad de rodear al gobierno? De acuerdo con la tradición, a los dos les va a ir bien. Serpa le planteará a la junta de parlamentarios y a la convención nacional liberal su convicción filosófica y su decisión de renunciar si no lo respaldan. Terminará aclamado, en el entendido de que el Partido Liberal colaborará con el gobierno Pastrana solo en los temas fundamentales. Igualmente se estipulará que los que quieran colaborar lo harán a título personal sin llevar la representatividad del Partido Liberal. Nadie ha entendido muy bien qué quiere decir todo esto.Y si a Serpa le va a ir bien, a Juan Manuel Santos le irá mucho mejor. De la noche a la mañana se ganó una lotería política: montarse en el tren de la voracidad burocrática de los caciques liberales a nombre de la unidad nacional. Semejante mina de oro le permitirá quedar, sin un solo voto comprobado, como contraparte de Serpa, quien acaba de obtener 5.600.000. De la misma manera le otorgará el liderazgo del bloque parlamentario lentejo, que no solo arrancará siendo importante sino que irá creciendo durante el gobierno. Y, por último, le garantizará un ministerio de peso, como el de Defensa por ejemplo, donde tendrá la pantalla necesaria para disputarle a Serpa la candidatura liberal de 2002.
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