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| 1/2/1989 12:00:00 AM

OPOSICION "REFLECTIVA"

Debate entre el Distrito y el gobierno nacional, destapa que el negocio de las placas es mucho más grande de lo que se cree.

Durante los últimos meses los colombianos han tenido que presenciar un debate poco usual: el de las placas de los automóviles. Y aunque casi nadie entiende por qué esta controversia ha adquirido dimensiones similares a las del enfrentamiento entre la administración distrital y el gobierno nacional por el metro de Bogotá, todo el mundo supone que algo grande se mueve en medio de esta polémica.

Un caso en el que han intervenido dos ministros, el alcalde de Bogotá, varios alcaldes del país, el director del Intra, el director del Datt, el Consejo de Estado, los periódicos, las fábricas nacionales de placas, la multinacional Hunterdouglas, la Contraloría y hasta la Procuraduría, deja la impresión de que en esta discusión deben estar en juego importantes intereses.

La verdad es que el enfrentamiento se ha inflado. Y a pesar de que hay una suma de aproximadamente 5 mil millones de pesos de por medio, el debate no merece la proporción que se le ha dado. El director del Datt de Bogotá, Rubiel Valencia Cossio, puso el grito en el cielo cuando el Intra decidió hacer un contrato con la firma norteamericana Hunterdouglas para que se encargara de cambiar las actuales placas metálicas, pintadas de blanco y negro, por una nueva línea de placas reflectantes. Según el director del Datt, este es un gasto innecesario, ya que si se trataba de poner un elemento reflectante a los carros, bastaba con obligarlos a instalar una pequeña lámina con esas características.
El director del Intra, Guillermo Anzola Lizarazo, por su parte, afirmaba que esto permitiría hacer un censo para establecer realmente cuántos carros están en circulación, lo que de paso ubicaría de inmediato un gran número de carros que pertenecen al mercado negro del contrabando y el robo. El director del Datt se salió por el lado populista y puso el problema del precio. Dijo que el cambio de identidad del vehículo obligaría al usuario a desembolsillar por lo menos 40 mil pesos. Por su parte, el director del Intra se fue por el lado de la seguridad.

Surgieron entonces los argumentos jurídicos. Para Valencia Cossio, el Intra no era autoridad de tránsito, luego no podía ser el encargado de contratar las placas. Para Anzola Lizarazo, el problema no está en si el Intra es o no autoridad de tránsito sino en que se trata de una entidad "del ramo" y que lo que importa es que sea designada por una autoridad de tránsito, en este caso el ministro de Obras, que de acuerdo con el decreto 1344 de 1970 sí lo es. El ministro de Obras Públicas expidió un decreto para zanjar la discusión.
El decreto asignaba al Intra, como organismo adscrito al Ministerio, la fabricación o elaboración de la placa además de su distribución a nivel nacional. Y para rematar, o para que el director del Datt no tuviera ninguna duda, en uno de sus parágrafos se especificaba que "ningún organismo autoridad de tránsito podrá sin previa autorización del Intra fabricar o elaborar la placa única nacional ni distribuirla a otros organismos o autoridades similares".

Ahí fue Troya. Rápidamente se movieron tanto el director del Datt como algunos de los perjudicados con la nueva norma: los fabricantes de las placas actuales. El primero sacó a la uz pública el hecho de que quince días atrás, cuando se encontraba como encargado en el Ministerio de Obras, el ministro de Comunicaciones, Pedro Martín Leyes, había devuelto el decreto que ahora firmaba Luis Fernando Jaramillo, justamente con el argumento de que "mal podría encargarse al Intra la elaboración de la placa, sin ser un organismo con autoridad para tal efecto". Los segundos, es decir, los fabricantes, demandaron ante el Consejo de Estado la promulgación del decreto.

El Consejo de Estado se pronunció para ambos lados. Dijo que aceptaba la demanda, pero no la petición de suspender el acuerdo del Intra que establecía la elaboración de la placa reflectante. Las cosas volvieron a quedar en tablas y cada uno arreció su ofensiva.

En todo caso, el enfrentamiento tomó ribetes de peso pesado cuando, en realidad, un asunto de placas apenas da para peso mediano. Lo que sí se puso al descubierto es que la administración distrital se ha empeñado en hacerse respetar y que, apoyada en las reformas descentralízadoras que ha sufrido la Constitución y en las recientes reformas que otorgan autonomía municipal, no piensa dejarse ignorar. Todo esto ha hecho pensar a algunos que de lo que se trata en el caso de las placas, es de aplacar un poco al gobierno en cuanto a su tono sobre la financiación del metro. Y, aunque se ha hablado de negociaciones entre el ministro de Obras Públicas y el director del tránsito de Bogotá, en las que han llegado a algunas concertaciones en torno a las placas, todo indica que la administración de Bogotá puso a prueba su capacidad de negociación y al parecer logró sus resultados. Por eso, no es raro que ahora se haya comenzado a decir que si Andrés Pastrana se quiere inmortalizar con la construcción del metro de Bogotá, tendrá que dejar de dar lata con las placas. -
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