Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1998/07/06 00:00

ORDEN EN LA CASA

La investigación del Ejército por el desastre del Caguán desnudó graves problemas operacionales y disciplinarios en la Brigada Móvil 3. SEMANA revela el documento, el cual plantea serios cambios en la estrategia militar antiguerrille

ORDEN EN LA CASA

Eran las 11 de la mañana del 15 de enero. Una mujer de aspecto humilde, mediana estatura y unos 35 años de edad llegó a Caño Perdido (sur del Caquetá), en cuyos alrededores acampaba el batallón 52, adscrito a la Brigada Móvil 3 del Ejército. En medio de sollozos la desconocida le contó al comandante de la base militar, mayor John Jairo Aguilar, que un hombre a quien identificó como 'El Vallenato', segundo comandante del frente 14 de las Farc, la había golpeado en forma salvaje por haber vendido una vaca a soldados que patrullaban la región. Acto seguido la mujer se ofreció como guía del Ejército para colaborar en la localización de varios guerrilleros, entre ellos el que la había maltratado.
'La Mona', como la apodaron los soldados, empezó a colaborar con el Ejército. Acompañaba a las patrullas en sus operaciones de reconocimiento y les revelaba secretos sobre el funcionamiento del bloque sur de las Farc. La mujer se ganó definitivamente la confianza de los militares cuando, seis días después de su llegada al batallón, guió a las patrullas hasta La Bodega, sobre el río Caguán, donde fueron detenidos dos hombres, 'El Relojero' y 'Ardillo', presuntamente miembros de las Farc, a quienes les decomisaron dos pistolas, una subametralladora y dos radios.
La mujer siguió ganando terreno dentro del campamento militar. Pero el 12 de febrero, 150 soldados salieron de la zona en uso de vacaciones. Fueron recogidos por helicópteros militares en el sitio de Las Animas. En uno de ellos fue embarcada 'La Mona', quien también fue trasladada a Florencia.

El ataque
Días después las Farc atacaron el batallón comandado por el mayor Aguilar. La incursión subversiva se produjo en la quebrada El Billar, no lejos de Cartagena del Chairá. Al cabo de tres días de combates el balance fue: 62 militares muertos, entre ellos cuatro oficiales; 43 secuestrados, 47 sobrevivientes y dos desaparecidos. Igualmente, los guerrilleros se robaron importante material de guerra: 95 fusiles, seis ametralladoras, 44.000 cartuchos para fusil, 710 granadas, 259 uniformes camuflados y 153 equipos de campaña, entre otros. Para completar el panorama, tres helicópteros sufrieron daños cuando intentaban ingresar a la zona.
Tras el desastre del Caguán _el peor en los últimos 50 años_, los altos mandos de las Fuerzas Militares ordenaron una investigación que terminó varias semanas después y cuyos resultados sólo se conocen parcialmente. El documento ha sido mantenido en secreto, pero ha trascendido que contiene un descarnado análisis de las fallas operacionales y disciplinarias del batallón 52 de la Brigada Móvil 3, que son las que explican buena parte del fracaso militar (ver recuadro). Las primeras consecuencias de la derrota fueron asumidas por los comandantes de la Brigada y del batallón, el coronel Orlando Galindo Cifuentes y el mayor Aguilar, quienes fueron relevados de sus cargos. Igualmente, la Brigada Móvil 3 fue trasladada a la base de Tolemaida para reentrenamiento.

Las fallas
SEMANA conoció por fuentes militares la investigación. El documento consta de 31 páginas y ocho anexos, en el que el propio Ejército reconoce que sus hombres fallaron antes, durante y después del ataque de las Farc.
Algo muy revelador tiene que ver con 'La Mona'. Los investigadores concluyeron que la llegada de la mujer al campamento y su historia del maltrato, así como la captura de dos subversivos, no había sido más que una hábil estratagema de la guerrilla para infiltrar al Ejército. Por medio de 'La Mona', los alzados en armas conocieron los sistemas de operación de las tropas, el proceso de abastecimiento, las vulnerabilidades tácticas, las rutinas, los caminos utilizados y la localización de las bases de patrullaje. Así, con un infiltrado, la guerrilla hizo la labor de inteligencia necesaria para preparar el ataque.
De acuerdo con la investigación militar, la cadena de errores tuvo un primer eslabón: no haber reemplazado a los 150 soldados que salieron en licencia. Esta situación puso a las tropas acantonadas en el área en una clara desventaja frente a la superioridad numérica de las Farc, que tienen en el bloque sur a su más importante fuerza militar. Como si fuera poco, los hombres que permanecieron en la región, unos 150 en total, no hicieron una evaluación real del peligro que representaban las Farc. No hubo labores de inteligencia y tampoco fueron rastreadas las comunicaciones de los alzados en armas. El batallón de la Brigada Móvil se limitó a hacer presencia en la región.
Por otra parte, los militares al mando no inspeccionaron el material y la dotación de cada soldado profesional. Después del ataque se descubrió que carecían de cartas geográficas del área donde estaban operando y que no tenían granadas de humo ni bengalas de auxilio. Por esa razón el apoyo de los aviones de combate fue limitado. Se corría el riesgo _por la escasa información de las tropas de superficie_ de que atacaran a los mismos militares. La investigación también sostiene que los guerrilleros tuvieron una ventaja adicional, pues los soldados no tenían granadas de fusil, material clave para defenderse de un ataque masivo. Como si fuera poco, la munición básica y de reserva no era suficiente: escasos 280 cartuchos por fusil.
Pero esto no fue todo. Hay otros hechos que facilitaron la acción guerrillera: el batallón 52 no valoró la importancia de dos combates sostenidos con las Farc el 27 de febrero y el primero de marzo, pocas horas antes del asalto del 2 de marzo. Esos choques indicaban _según la investigación conocida por SEMANA_ que la guerrilla les pisaba los talones. Aún así y pese a lo ocurrido, los 153 soldados permanecieron en el mismo sitio durante las siguientes 36 horas, lo que facilitó su ubicación por parte de los insurgentes.

El caos
Este fue el escenario donde se produjo el ataque. Por eso los resultados no podían ser peores. La tropa olvidó todos los procedimientos para reaccionar en un caso de estos. De entrada, dice el documento, se perdió la unidad de mando, dirección y liderazgo, pues los soldados, desconcertados ante el ataque, se dispersaron en diferentes direcciones.
La confusión les permitió a los guerrilleros destruir cuatro de los cinco radios de comunicaciones que tenía el batallón. El único que siguió en funcionamiento fue el del mayor Aguilar, quien decidió internarse en la selva con otros cinco soldados, mientras llegaban los refuerzos: "Esto fue determinante dice el informe, en razón a (sic) que no se pudo coordinar la reacción de las unidades y tampoco se pudo conducir el apoyo de fuego aerotáctico". De igual manera, los investigadores concluyeron que la situación se agravó porque los soldados olvidaron hacer uso de los lentes de visión nocturna, que habrían facilitado el repliegue hacia zonas no controladas por la guerrilla. Por otra parte, las patrullas no tenían brazalates, lo que hizo que en varias ocasiones los soldados estuvieran a punto de enfrentarse entre ellos mismos.
El documento militar es especialmente duro en el juicio al mayor Aguilar quien, 16 horas después del ataque inicial, condujo a un grupo de sus hombres hacia un claro de la selva pensando que los guerrilleros ya se habían ido. Fue allí donde murieron numerosos soldados. Los insurgentes tenían totalmente controlado el lugar. No muy lejos del sitio, un suboficial de apellido Marulanda cometió otro grave error: se dirigió a un lugar conocido como Peñas Blancas en compañía de 25 soldados. El área estaba en manos de los guerrilleros. Los militares fueron secuestrados.

A cambiar la estrategia
La investigación del Ejército revela la necesidad de hacer una revisión a fondo de la estrategia y táctica del Ejército en la lucha contra la subversión. El análisis que los investigadores militares hicieron de lo ocurrido en el Caguán indica que desde 1996 el Ejército sabe que las Farc cambiaron su vieja estrategia de 'guerra de guerrillas' y pasaron a una fase más avanzada, la 'guerra de posiciones' (supone la ubicación de una cantidad de hombres, en una determinada zona, para atacar objetivos definidos). El informe reconoce que el fracaso de la 'Operación Destructor II', ejecutada el año pasado contra las Farc en los Llanos del Yarí, se debió a que la guerrilla empleó una nueva forma de operar que obligó a la Brigada Móvil 2 a replegarse después de dos semanas de combates.
El documento afirma que los ataques de Puerres, Las Delicias, La Carpa, San Juanito, Patascoy y el Caguán fueron ejecutados siguiendo el mismo patrón: gran capacidad militar, adecuadas labores de inteligencia sobre los objetivos y eficientes mecanismos de repliegue hacia la selva. Pero el informe militar va más allá. Reconoce que la ocurrencia y el éxito de la guerrilla en la mayoría de las incursiones de los últimos tres años ha obedecido en buena medida a la deficiente conducción de las tropas por parte de sus comandantes. El el caso del Caguán, por ejemplo, el documento dice: "Las órdenes de operaciones eran específicas en: la prohibición del consumo de bebidas alcohólicas, no empleo de caminos, prohibición de instalar bases cerca a casas o poblados y no permanecer en un lugar más de 24 horas. Estas instrucciones fueron incumplidas en su totalidad". Fueron las mismas deficiencias detectadas en las otras derrotas militares.
Esta cruda investigación sobre el desastre del Caguán demuestra que el Ejército está haciendo un esfuerzo serio por determinar el origen de sus fallas. La cúpula militar tiene, hechos los análisis, la firme decisión de poner orden en casa y de tomar medidas de fondo para reestructurar su estrategia y sus formas de operar. Sabe que no se pueden repetir hechos como los de El Caguán. Y sabe también que tiene que recuperar terreno frente a una guerrilla que ha demostrado una significativa capacidad para desarrollar nuevas modalidades de guerra irregular.


Indisciplinados
El informe militar sobre el ataque de las Farc contra el Ejército en el Caguán resalta la ocurrencia de dos hechos que a juicio de los investigadores pudieron incidir directamente en el éxito de los alzados en armas:
De acuerdo con el documento conocido por SEMANA, el batallón 52 "no era la unidad ideal para combatir las cuadrillas del bloque sur de las Farc dada su inexperiencia en combate. (...) Hubo improvisación en la incorporación de los soldados voluntarios de la Brigada Móvil 3, la cual se efectuó en un período muerto (no se hizo de inmediato a un licenciamiento), forzando a la postre una incorporación con baja calidad humana, alto índice de adicción a los narcóticos y mínimas condiciones y experiencia en el combate".
Según el análisis de los militares, estas condiciones facilitaron la aparición de graves brotes de desorden en el interior del batallón comandado por el mayor Aguilar. "El fracaso operacional podría haberse evitado si el batallón 52 no mostrara unos altos índices de indisciplina como: consumo de licor, atropellos a la población civil, robos, frecuentación de prostíbulos las prostitutas alias 'La Negra_y 'La Pereirana, fueron vistas en el ataque guerrillero_, y excesiva familiaridad con la población civil".
Así mismo, el documento dice que los abastecimientos no eran planificados adecuadamente puesto que se les suministraba dinero en efectivo a las patrullas para la compra de víveres. Esos recursos, dicen los investigadores, eran repartidos a los soldados, quienes en cambio adquirían licor y pagaban los servicios en los prostíbulos.
El mal trato a la población durante las semanas anteriores al ataque fue decisivo en favor de los insurgentes, pues los habitantes de varios caseríos no le informaron a los militares sobre la presencia de la guerrilla en los alrededores.

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