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| 1/14/2017 12:00:00 AM

¿Cuáles son los retos del nuevo vicepresidente?

El general retirado Oscar Naranjo tendrá como desafíos sacar adelante el posconflicto, la lucha contra el narcotráfico y la seguridad.

Cuando acompañaba al presidente Juan Manuel Santos a recibir el Premio Nobel de Paz en Oslo, Noruega, en la segunda semana de diciembre pasado, el general Óscar Naranjo se sorprendió cuando el mandatario le pidió a él y a su esposa, Claudia, acompañarlo en la visita oficial al papa Francisco en el Vaticano. El exdirector de la Policía fue el único integrante de la numerosa comitiva que no regresó al país, lo que llamó la atención en el círculo más íntimo del jefe de Estado, pero también en el áspero mundo político.

Las imágenes de los noticieros del viernes 16 de diciembre mostraron al exoficial próximo al sumo pontífice y al presidente Santos. Muy pocas personas en el alto gobierno tenían claro que el gesto del presidente con Naranjo era una demostración más de que los dos estaban más cerca que nunca, y que ya en ese momento era un hecho que Santos estaba decidido a convertirlo en su fórmula vicepresidencial, cuando más temprano que tarde se produjera la renuncia de Germán Vargas Lleras. Una prueba más de esa determinación fue el comentario sin explicación que Santos le hizo a Claudia de Naranjo en un restaurante de Roma esa misma noche: “Se lo voy a quitar por un rato más”.

Las festividades de Navidad y Año Nuevo parecieron sumir al país en una especie de marasmo que habría de durar muy poco, porque al despuntar los primeros días de enero de 2017 los principales medios de comunicación comenzaron a especular con la posibilidad de que Naranjo acompañara a Santos en la última etapa de su mandato.

Las conjeturas fueron confirmadas el jueves 12, cuando el propio jefe de Estado anunció en una entrevista con Caracol Radio que, en efecto, había elegido al general Naranjo, al tiempo que no ahorró elogios para él: “Es una persona cuya lealtad está a toda prueba, que se ha ganado el respeto de los colombianos y del mundo”.

Lejos de generar controversia, el anuncio presidencial produjo una extraña sensación de tranquilidad política en el país y prácticamente no se escuchó una sola voz en contra. En otras palabras, pareciera que el presidente Santos mató varios pájaros de un solo tiro y envió el mensaje claro de que Naranjo llenaba todos los requisitos exigidos por el complejo momento que vive la nación.

En la charla con la cadena radial, Santos delineó en pocas frases la tarea que cumplirá Naranjo: “Ha sido una persona que ha participado muchísimo en el proceso de paz y le voy a dar unas funciones específicas que tienen que ver con la implementación del acuerdo, la sustitución de cultivos ilícitos y la lucha contra las bandas criminales”.

Ninguna de las tareas descritas inicialmente por el presidente es fácil, pero Naranjo tiene una dilatada carrera de investigador y la experiencia de haber dirigido la Policía durante cinco años. El posconflicto exige una gran dedicación y capacidad gerencial, cualidades que Naranjo tiene de lejos porque durante más de 30 años vivió la dureza de la milicia y tuvo bajo su mando a miles de hombres y mujeres.

Lograr que los excombatientes de las Farc se acomoden a su nueva vida es un desafío de marca mayor, y de su éxito depende que la desmovilización y reinserción a la vida civil se produzca de manera ordenada y eficiente. Para lograrlo es clave que el Estado llegue a esas zonas con inversión social y oportunidades para los campesinos y colonos, y en ese sentido el actual consejero para el Posconflicto, Rafael Pardo, ha avanzado con seriedad en varias regiones.

En plata blanca, todo indica que Santos se decidió a utilizar el prestigio e influencia de Naranjo para llevar a buen puerto los retos que plantea la nueva coyuntura derivada de la desaparición de las Farc y la posibilidad de que otros actores al margen de la ley ocupen sus espacios, como ya empieza a ocurrir según estiman previsiones iniciales de la Defensoría del Pueblo.

Además, Naranjo deberá esforzarse en acompasar a la fuerza pública para que controle los conatos de disidencia que asoman en algunos frentes de las Farc y que amenazan con generar choques, como el producido la semana pasada cerca de San Vicente del Caguán, en Caquetá.

Pero quizá el mayor reto del vicepresidente tiene que ver con un tema que conoce como pocos: el narcotráfico. Desde 2015, cuando el gobierno determinó suspender las fumigaciones de cultivos ilícitos con glifosato, las plantaciones crecieron de manera exponencial, a tal punto que a finales de 2016 serán más de 200.000 las hectáreas sembradas. Semejante retroceso empieza a generar presión de parte de Estados Unidos, cuyo embajador, Kevin Whitaker, expresó la semana pasada, en una entrevista en Canal Capital, la creciente preocupación de Washington por el desbordado crecimiento de la hoja de coca en el país.

Para enfrentar este serio problema, Naranjo cumplirá un doble papel: en el frente interno moverá los hilos de las agencias antinarcóticos para cumplir la meta de reducir los cultivos en 50.000 hectáreas anuales, mediante la fumigación manual y voluntaria de las plantaciones. Y en el frente externo buscará estar en contacto permanente con las autoridades antidrogas y judiciales estadounidenses, pero también con un amplio sector republicano del Congreso, al que conoció cuando estaba a cargo de la Dirección de Inteligencia de la Policía, Dipol, y luego como director de la institución.

La agenda de seguridad para el posconflicto incluye necesariamente mejorar los índices de confianza de la ciudadanía en el país, y Naranjo parece ser la persona indicada para avanzar hacia ese objetivo. Las recientes quejas contra la Policía del alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, por el inusitado aumento de los casos de homicidio en su ciudad, indican sin duda alguna que la paz en las zonas rurales no riñe con el combate eficaz y duradero de las bandas criminales que operan a sus anchas en las regiones más pobladas.

En este aspecto, el nuevo vicepresidente tiene un gran activo: la gran masa policial lo respeta y es muy cercano al alto mando de la institución, que trabajó con él hasta hace muy poco tiempo. Es sabido que Naranjo ha estado al frente del desmantelamiento de las principales organizaciones delincuenciales del país, cuyos jefes duran cada vez menos. Sin embargo, los millonarios recursos provenientes del microtráfico y la extorsión favorecen la mutación permanente de esas redes ilegales.

Es previsible que las duras normas contenidas en el nuevo Código de Policía, impulsado por Naranjo cuando aún estaba en el servicio activo, contribuyan a mejorar la percepción de seguridad de la ciudadanía. Y aun cuando los principales indicadores han disminuido –entre ellos el homicidio, que alcanzó 12.000 casos en 2016, la cifra más baja en más de 30 años–, delitos comunes como el robo, el atraco y otras infracciones menores acechan el día a día de quienes habitan los principales cascos urbanos del país.

Desde la hermosa casa construida por Rogelio Salmona en el corazón de Bogotá, el nuevo vicepresidente tendrá a la mano las herramientas necesarias para cumplir el encargo del presidente. No se trata de una tarea menor, pero conociendo a Naranjo, como lo conoce el país, es presumible que se produzcan buenas noticias.

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