Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1983/05/09 00:00

¿OTRA COLOMBIA CONNECTION?

Joven de la sociedad bogotana y 80 sospechosos más, acusados de trafico de droga en gigantesca operación antinarcoticos.

¿OTRA COLOMBIA CONNECTION?

Cuando el nombre de Luis García apareció mencionado en un artículo de primera página de un diario capitalino vinculado a un caso de narcotráfico, pocas personas entendieron que se trataba del mismo Luis Fernando García López, 38 años, conocido hombre de negocios y miembro de una distinguida familia colombiana.
Las acusaciones contra García cayeron como una bomba en los círculos sociales del país, y durante días se convirtió en el tema de conversación. Pero fuera de la noticia aparecida inicialmente en el diario "El Tiempo", los medios de comunicación no volvieron a publicar nada al respecto.
No fue así en los Estados Unidos, donde el caso García fue objeto de despliegue en prensa y televisión en la última semana de marzo, principalmente en el diario "Miami Herald" .
Garcia fue uno de los principales implicados en una cuidadosa operación anti-droga ejecutada durante 18 meses por la DEA (Drug Enforcement Administration) conocida con el nombre de "Screamer" (pájaro chillador), que tuvo todas las características de lo que habría podido esperarse de una auténtica "Colombia-Connection".
El origen de la operación parece radicar en que la DEA se encontraba frustrada porque la mayoría de sus operaciones apenas lograban interceptar eslabones bajos y medianos de las bandas de narcotraficantes, pero pocas veces a los verdaderos cabecillas. Se decidió entonces adoptar una estrategia de mayor alcance y a más largo plazo, consistente en lograr que agentes de la DEA se infiltraran de alguna forma en el negocio para ganarse la confianza de sus "socios" e ir acumulando evidencia irrefutable para un golpe definitivo.
Todo comenzó en un hangar situado en las inmediaciones del aeropuerto internacional de Fort LauderdaleHollywood en el que, según los agentes de la DEA habían dejado correr la voz, era fácil arreglar aterizajes, y conseguir pilotos y aviones para colombianos dedicados al tráfico de marihuana.
En lo que respecta a García, la única información sustancial que aparece publicada en el "Miami Herald" del 24 de marzo, está redactada en términos confusos e imprecisos. De ésta logran deducirse los siguientes hechos: Los agentes establecieron contacto con García en un restaurante de Coconut Grove, barrio donde reside el colombiano. Ahí, en medio de grabadoras camufladas, se negoció la compra de un DC-6, la contratación de pilotos y otros aspectos prácticos de una futura operación. Esta consistió en introducir por vía aérea 11 toneladas de marihuana que aterrizaron en abril del año pasado en un pueblo de Carolina del Norte. Posteriormente, cuando era transportado por tracto mula en carretera, el cargamento fue interceptado y confiscado por autoridades del Estado. García fue entonces informado del fracaso de la operación, pero se le exigió sin embargo que debía pagarle a los pilotos por el trabajo realizado. Esta conversación se hizo telefónicamente, y existen grabaciones en las cuales se oye a García regañando a los agentes por haber cometido la imprudencia de haber llamado desde sus propias residencias. "Eso no se hace eso, no se hace nunca".
Con el objeto de pagarle a los pilotos, García se presentó "ingenuamente", en palabras del "Miami Herald", en un parqueadero de un Howard Johnson, cerca de un lugar llamado "Golden Glades" con un maletín que contenía 320 mil dólares en efectivo. Y otra vez, en medio de grabadoras funcionando, realizó el pago.
Más allá de lo anteriormente descrito, el periódico no hace ninguna referencia específica a otras operaciones de Garcia, pero da a entender que la operación prosiguió hasta la semana pasada, cuando finalmente Garcia fue arrestado en su propia residencia a las seis de la mañana, y señala que a través de la operación se lograron incautar 42 mil toneladas de marihuana, 1.2 millones de tabletas de metacualona, 200 toneladas de opio y algunas muestras de cocaína.
En la noticia publicada por la prensa colombiana se sugería que García también estaba vinculado con la negociación de misiles "Exocet". Sin embargo, en ningún momento la prensa norteamericana menciona su nombre en relación con este cargo. Lo que sí menciona es que dentro de algunas de las grabaciones recogidas durante el desarrollo de la operación "Screamer" sí consta que algunos narcotraficantes detenidos mantenían una estrecha relación con la guerrilla colombiana, y que estaban en capacidad de abastecerlas con misiles "Exocet". Como dato curioso, surge de las grabaciones que en el mercado negro de las armas el precio de los "Exocet" ha subido de 250 mil a 400 mil dólares como consecuencia del éxito de este tipo de cohete francés en la guerra de Las Malvinas.
Luis Fernando García, quien se encuentra en este momento detenido por no haber podido pagar una fianza de 5 millones de dólares, ha contratado los servicios del penalista F. Lee Bailey, el Perry Mason de los Estados Unidos. En sus antecedentes figura la defensa de Patricia Hearst, la del "Estrangulador de Boston" y la del sargento Colley acusado de la masacre de Mai Lai en la guerra del Vietnam.

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