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| 1/28/2012 12:00:00 AM

Otra noche de Halloween

La celebración del pasado 28 de octubre se convirtió para Camilo López en una película de horror que superó con creces a Chucky, el personaje que él y su novia escogieron como disfraz.

La noche del pasado 28 de octubre, Camilo López salió con ganas de gozarse Halloween. Había conseguido boletas para la fiesta de Alma, una discoteca en la zona rosa de Bogotá que tenía un concurso de disfraces de películas. Él, estudiante de Ingeniería de Sistemas de la Universidad de los Andes, eligió ser Chucky: overol, camiseta a rayas y pintura roja en el cuerpo. Su novia, Camila Forero, estudiante de Gobierno del Externado, era la novia de Chucky: vestido blanco, botas negras y una herida pintada en el rostro. Los muñecos diabólicos a la perfección. Pero esa noche ambos protagonizaron su propia película, con el diablo casi de frente.

Alma parecía ser el lugar para vivir esa noche la "rumba al 200 por ciento", como promete su publicidad. Pero se convirtió en lo contrario. Un aparente malentendido por una botella de aguardiente provocó una riña en la que Camilo perdió un ojo y parte de la movilidad de una pierna. Las lesiones de esa noche le cambiaron la vida para siempre, a él y a sus dos presuntos agresores, que están en la lista de los 100 criminales más buscados de Bogotá por tentativa de homicidio. Uno fue detenido la semana pasada y enfrenta un largo proceso judicial. Y el otro sigue prófugo.

Quienes escuchan su historia no pueden dejar de recordar el caso de Luis Andrés Colmenares, otro estudiante de los Andes, asesinado en la noche de Halloweeen de 2010. El desenlace de la historia de Camilo, por fortuna, es diferente. "Era tan conocido lo que le pasó a Luis Andrés, que a pesar de lo grave que estaba esa noche los médicos me felicitaban por estar vivo", cuenta Camilo. ¿Cómo terminó en pesadilla una noche que solo debió ser de fiesta?

A Alma llegaron más de 500 personas. Camilo y sus amigas compartían un mesón con otro grupo de jóvenes. Laura, una de las amigas de Camila, incluso bailó con uno de ellos. Sin embargo, la fiesta acabó brutal e inesperadamente antes de la 1 de la mañana. Los vecinos les reclamaron a Camilo y sus compañeras que se estaban tomando su aguardiente. Camilo cuenta que, aunque no era verdad, para evitar problemas les devolvió la botella junto con las copas de plástico recién servidas. "Una de las niñas de ese grupo le tiró a Laura el trago encima. Pensé que se iba a armar una pelea y me metí en la mitad. Se vinieron dos tipos y solo les dije: 'no le pueden pegar a una mujer', porque yo era el único hombre entre mis amigas. Ninguno me contestó ni una palabra. Luego sentí un golpe en el ojo y caí arrodillado", relata.
 
Lo que sucedió después solo se puede reconstruir por la historia médica pues la discoteca no tiene cámaras de seguridad. Lo que sí se sabe es que, tendido boca abajo, Camilo recibió varias heridas más en una vértebra cervical, la cabeza y los hombros. A Laura, la amiga, le fue 'mejor', una cortada en el hombro y una docena de patadas. "Solo me acuerdo de escuchar gritos y de ver al guardia sacándonos a empujones, mientras Camilo perdía sangre. Le pedí que me ayudara a llamar a una ambulancia y el tipo solo me respondió que nosotros habíamos armado esa pelea y que nos fuéramos", cuenta su novia.
 
El administrador de Alma, David Cañón, sostiene que intentaron llamar a una ambulancia pero que les sugirieron tomar un taxi porque en la noche de Halloween aquellas tardan mucho. Para entonces era ya la 1:30 de la mañana y el caos reinaba en el lugar. Los tres estudiantes terminaron tirados en el andén pidiendo auxilio. "Esa noche me di cuenta que la vida no vale nada, o mucho menos de lo que uno piensa. Yo sabía que tenía que llevar a Camilo a un hospital, él ya no podía caminar, no reaccionaba. Paré tres taxis y ninguno nos llevó. Pensaban que se les iba a manchar la cojinería", recuerda Camila. Finalmente, un joven de Medellín que pasaba por ahí les ayudó a llamar a una patrulla, en la que llegaron a la Clínica del Country con Julián Romero, del grupo de los vecinos de mesón, quien hoy se encuentra detenido por tentativa de homicidio,

Por la riña, la Policía cerró esa noche la discoteca. Las 500 personas que estaban adentro fueron evacuadas. "Casi se arma una manifestación", señala Mauricio Moreno, el propietario. A la Policía, alega, no le "importó ni el herido, ni el problema", ni capturar a los culpables. "Cuando hay una pelea uno no debe llamarlos porque siempre con lo primero que se meten es con el sitio", dice. Sostiene que su personal de seguridad persiguió al presunto agresor y lo entregó a la Policía, pero esta no lo judicializó sino que lo llevó al Country, donde se encontraba su amigo herido en la mano, de donde salió como si nada, a pesar de que las amigas de Camilo pedían que lo detuvieran. Y que fue tal el escándalo con los clientes furiosos que nadie de la discoteca pudo acompañar a Camilo al hospital, una de las quejas de los universitarios.

A la 1:52 am, Camilo fue internado. A las 10 de la mañana ingresó al quirófano a dos cirugías que duraron casi todo el día. Mientras tanto Camila tenía otra en la URI de Toberín intentando poner la denuncia. Ella, Laura, un amigo abogado y el papá de Camilo duraron más de ocho horas en ese engorroso proceso.

La familia decidió darle prioridad a la recuperación de Camilo y dejó el caso en manos de Francisco Bernate, un destacado penalista. La semana pasada en una requisa de rutina, Julián Romero, estudiante de Finanzas del Politécnico, fue capturado, pues estaba incluido en la lista de los 100 más buscados de Bogotá. Su familia alega que es inocente, "un niño de familia, hijo de un hogar católico" y apenas conocía al otro inculpado, Andrés Esteban Salgado, de quien se dice que habría huido a Estados Unidos.

Como se ve, queda mucho por aclarar de esa noche. Alma sostiene que Camilo fue atacado a botellazos, como él mismo pensó inicialmente. Pero esta hipótesis no explica la profundidad, la cantidad y la forma de sus heridas. Según las evidencias médicas, Camilo fue herido con un "arma blanca de material metálico", una pequeña fracción de la cual quedó incrustada en el cráneo. Si esto fue así ¿cómo entró el arma a la discoteca? ¿Por qué la Policía no requisó al sospechoso? Si es cierto que lo capturaron, ¿por qué lo dejaron ir? Tampoco está claro qué tanta ayuda prestó la discoteca a los heridos y si es cierto que los botaron a la calle, como alegan. "Yo pagué una boleta y asumí que el sitio era seguro", dice Camilo. Su novia insiste en que la discoteca tiene parte de la responsabilidad: "Primero, cuando entramos y no nos requisaron; segundo, cuando vieron la pelea y no la pararon; y tercero, cuando pedimos ayuda y nos ignoraron".

Camilo reconoce que está vivo de milagro. "Ya no puedo salir solo, no puedo caminar sin un bastón, no me puedo meter a una piscina, pero incluso no puedo ir a una discoteca, ver a alguien tatuado, ni pasar por la 85 sin que vuelva todo". Y agrega que cuenta su historia solo para que estas tenebrosas noches de Halloween no se repitan.
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