Lunes, 24 de noviembre de 2014

| 2013/08/17 04:00

¿Otra vez el proceso 8.000?

El hijo de Miguel Rodríguez Orejuela prende el ventilador. ¿Qué hay de nuevo?

Horacio Serpa Uribe / Ernesto Samper Pizano

La semana pasada apareció un video que para algunos era la última pieza del rompecabezas del proceso 8.000: la versión de los Rodríguez Orejuela. El vocero fue el hijo de Miguel Rodríguez, William Rodríguez Abadía, quien pasó cinco años en la cárcel por narcotráfico después de una negociación con la Justicia norteamericana en la cual testificó contra su padre y su tío. Ahora, libre y residiendo en Estados Unidos, acaba de prender el ventilador. 

La razón por la cual salen hoy a flote sus revelaciones está indirectamente relacionada con el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado. La familia del líder conservador, frustrada porque no se ha llegado a un resultado sobre ese magnicidio, decidió tomar cartas en el asunto y contrató a un exagente de la DEA para que llevara a cabo su propia investigación. 

Se trata de Edward Kacerosky, un hombre que jugó un papel fundamental en la lucha contra los carteles de la droga en Colombia y quien es considerado un experto tanto en el Cartel de Cali como en el del Norte del Valle. Como el tema contiene elementos de narcotráfico, los interrogatorios se han realizado en territorio norteamericano en presencia de autoridades tanto colombianas como de ese país. Y es ahí donde fue citado Rodríguez Abadía, quien manifestó no tener ningún conocimiento sobre el homicidio de Gómez, pero aprovechó para decir que su padre le había dado luz verde para que el país supiera la verdad sobre el proceso 8.000. 

En su gran mayoría, las revelaciones que ha hecho confirman lo que ya se sabía. Las novedades son que la financiación de la campaña presidencial de Ernesto Samper fue solo una parte de lo que giró el Cartel de Cali, pues ya elegido este tuvo que sobornar al Congreso para comprar la absolución del presidente. 

Asegura que les dieron 1 millón de dólares a Heyne Mogollón y Jairo Chavarriaga, que eran los dos hombres clave de la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, para que cumplieran esa misión. La razón de ese soborno sería, según él, el convencimiento de que si Samper caía, el que lo reemplazara los extraditaría. 

Rodríguez menciona haberse reunido tanto con Horacio Serpa como con Fernando Botero, pero solo después de la elección de Samper, con el fin de transmitir inquietudes de su familia tanto penales como financieras. Serpa y Botero niegan haberse reunido con los hermanos Rodríguez Orejuela, pero lo que se dijo en la audiencia en Estados Unidos fue que el encuentro se dio con William y no con los mayores. 

El testimonio fue una desviación del propósito de la entrevista, que se suponía iba a ser sobre el caso de Gómez Hurtado. Pero aunque él manifestó que el cartel de Cali no tenía nada que ver con ese asunto, su declaración ya ha tenido un impacto político. A pesar de que tuvo lugar hace cuatro meses, se hizo público el mismo día en que Serpa anunciaba su candidatura al Senado de la República y su regreso a la política nacional. 

El nombre de Serpa está mencionado repetidamente en la investigación del crimen del dirigente conservador, pues la familia de Gómez Hurtado siempre ha creído que tanto Samper como él tienen algún grado de responsabilidad en lo que denominan un crimen de Estado. 

Pero de lo que se ha filtrado hasta ahora de las investigaciones de Kacerosky es que el Cartel del Norte del Valle organizó ese operativo. Lo hizo porque en ese momento circulaban rumores de un supuesto golpe de Estado de los militares, quienes llevarían a Gómez a la Casa de Nariño. Y en ese escenario los capos de ese cartel estaban convencidos de que era absolutamente seguro que los extraditarían. 

Aunque ese cuento sí circuló en ese momento, era bastante difícil de creer y no tenía ninguna posibilidad de convertirse en realidad. Sin embargo, los narcotraficantes lo creyeron y la familia de Gómez Hurtado ha querido establecer si ha podido existir alguna conexión en el diseño de ese crimen entre el Cartel del Norte del Valle y la Casa de Nariño.

Esa hipótesis es considerada fantasiosa por todas las personas que conocen a Samper o a Serpa. Sin embargo, por cuenta de esos testimonios se ha revivido el fantasma del proceso 8.000, casi 20 años después de la elección de Ernesto Samper. Como ha pasado tanta agua debajo del puente y está tan documentado todo lo que sucedió en ese escandalo, reabrir esa vergonzosa página de la historia nacional a estas horas de la vida tiene poco sentido. 

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