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| 10/15/2001 12:00:00 AM

Otras crónicas

EN LA ESQUINA DE MI CASA, LAS TORRES VI CAER.



Las Palabras no son precisas para describir el sentimiento,

Pero hago el esfuerzo de poner algo en papel para asimilar lo que vivo



En la mañana del once de septiembre, como usualmente lo hago, prendí el televisor para ver las primeras noticias del día. Lo primero que veo es una imagen irreal. No sabía si estaba viendo una nueva película de ciencia-ficción o todavía no había despertado de una pesadilla.



Me tocó salir a la esquina de mi apartamento en el West Village de Nueva York para confirmar y ver cómo, delante de mis ojos, las torres gemelas se colapsaban.

En el panorama diario de mi rutina, lo que veo es el símbolo de equilibrio y dualidad del mundo caer en ruinas e inundar la ciudad de humo y cenizas.

Ante este hecho la única línea precisa es una línea en blanco



……………..

Silencio

……………..

No hay palabras

……………………





A través del día cuando los sentimientos de pánico son remplazados por una mente racional y práctica observé y viví muchas cosas que son las que hoy, mañana del 12 de septiembre, me hacen escribir.

En una situación de esta magnitud los primeros e-mails que mandé a mi familia tenían como titulo; "Desilusión humana"

Más que temor y confusión tuve, como toda la gente a mi alrededor, una desilusión profunda de los humanos que todavía pueden concebir en sus mentes actos como éste. Pero cada que veía a los habitantes de esta ciudad asumir la desgracia con luz, me llenaba de valor y esperanza.



La Gente



Mientras en el horizonte se derrumbaban las torres, la gente de mi calle Hudson St, a sólo cuadras de distancia, caminaba. No hubo pánicos, nadie se violentó con nadie, en el mercado de la esquina la gente hacía fila en silencio. Sus miradas, llenas de confusión, profundo dolor y desasosiego, pero con un respeto colectivo nunca imaginado.



Acababan de estrellarse dos aviones en las torres gemelas que poco a poco se iban derrumbando. Otro avión se explotaba en el mayor símbolo de poder y seguridad: El Pentágono. Y lo único que se ve en las calles de Nueva York es la gente evacuando la ciudad en silencio; esquinas con grupos oyendo noticias, filas interminables en los hospitales para donar sangre, sensibilidad ante el otro, ayuda, compasión. Cuando caminé y sentí esta consciencia a mi alrededor pensé en mi interior:

"Mis respetos a los seres que hoy habitan esta ciudad". Su manera civilizada y racional de actuar, su organización y cooperación son un ejemplo para el mundo. Todos los reniegos que venía expresando de la ciudad, de su intensidad, de la cantidad de trabajo, de la soledad, se desvanecieron, y tuve una gran reconciliación con ella.



Al avanzar el día me di cuenta cómo, de un instante a otro, ya no eres un individuo solamente, me di cuenta de mi naturaleza egocéntrica e individualista. Todos los días me levanto pensando en mis sueños, mis inseguridades, mis dudas, mis pensamientos propios de mi generación tan ensimismada.

El día de hoy me transformó. Me di cuenta que aunque la esencia individual es la única manera de evolucionar y unirme a los demás, soy un Envirorganism o un organismo totalmente relacionado con el medio que habito y, aunque esto parezca muy obvio, no lo es.

Estamos aislados de una consciencia grupal porque sólo pensamos en nosotros mismos.



Cuatrocientos bomberos entraron a las torres; su misión: salvar vidas. De ellos, Doscientos murieron.

Dos Cientos.

El saber que mi vida está en manos de bomberos, policías, enfermeras, la gente que dona sangre (su propia sangre), y miles de personas que trabajan en el gobierno y toman decisiones, me hizo caer en cuenta de la ilusión de estar separada de los demás cuando en realidad todos somos uno.

Soy parte de una consciencia colectiva que tengo que empezar a entender, a querer, a ayudar.



Veo las noticias durante todo el día; veo cómo senadores, víctimas, peatones, repiten las misma frases; El día de hoy ha transformado el mundo y el interior de cada uno de nosotros.

Veo cómo los líderes de esta nación asumen sus roles y enfrentan el pánico de sus habitantes. Veo su credibilidad. Me llenan de seguridad. Están preparados. Están educados.

Cuántas naciones en el mundo no envidiarían el respeto y la confianza de la gente por sus líderes Su unión.

Respeto a este estado, porque su poder reside en la responsabilidad de su gente, en su fe y su valor para afrontar cada circunstancia.



Cambiando canales escojo algunos canales latinoamericanos para informarme de otros puntos de vista.

Para ser honesta, lo único que deduzco es que tan primitivistas y amarillistas son algunos medios de comunicación. En un momento de tanta transcendendencia y de tanto simbolismo; con la posibilidad de guiar al mundo a un cambio, a una consciencia clara, a una información precisa; con la posibilidad de educar a millones de personas confundidas al frente de sus televisores, lo único que estos medios me brindaron fueron especulaciones acerca del presidente, críticas, imágenes de gente calléndose de las torres, imágenes de pánico, Claro que esta información es importante, pero por favor, hay tanto más !!! Hay cosas con tanta relevancia, hay que mirar de manera global, universal, ampliar nuestros puntos de vista, cuestionarnos interiormente y la sociedad de la cual somos parte. No nos quedemos en el pánico. Hagamos del pánico un escalón para una claridad racional y para implementar conclusiones en cambios positivos. Si no lo logramos, las torres gemelas pasarán a la historia sin hacer impacto real. Sólo unas imágenes televisivas que dan escalofrío y punto.



En la esquina de mi casa me paré.

La torres gemelas vi caer.

Todos estos pensamientos que cruzaron mi mente durante el día fueron sólo impresiones confusas, pero han transformado mi vida y la vida de todos.

Vi la maldad, pero vi mucha luz a través de los humanos, vi la entrega.



El conflicto de Colombia cambió de dimensión. Cuánto tenemos que aprender del día de hoy, de esta gente, de su civilización, de su dar, de su consciencia colectiva.



Saludos desde la ciudad de Nueva York



Catalina Mesa

CATYM@aol.com





NADA SERA IGUAL



Por: Vanessa de la Torre



Desde la ventana del que era uno de los pisos mas cercanos al cielo se agitaba desesperadamente una toalla blanca. Eran cerca de las nueve de la mañana del once de septiembre del 2001. El hombre que la movía angustiado, apenas si podía verse desde abajo. Y en medio de una humareda, densa y gris, que unía el cielo con la tierra, el hombre con su toalla se vieron caer desde una de las Torres Gemelas.



Minutos antes de que se lanzara, un silencio desgarrador había inundado el ambiente. Gestos de horror narraban sin palabras el derrumbe que acababa de suceder. Y tras el, a las personas que se lanzaban sin esperanzas de los pisos mas altos. La piel de todos completamente erizada y la mente sin comprender nada de lo que estaba sucediendo fueron el panorama que dio inicio al día que jamás se olvidará en la memoria de la Capital del Mundo.



El incendio de las Torres Gemelas estaba vistiendo de luto a la ciudad que engalanaban desde que habían sido construidas entre 1969 y 1973. No quedo ni el silencio. Las calles de Nueva York llenaron sus oídos de sirenas que, por primera vez en la historia, hicieron del ruido algo enloquecedor en este lugar en el que sus habitantes y visitantes parecían amarlo. La ciudad quedo trastornada por el miedo y la desolación; bajo el influjo veloz del tiempo que cambio su paisaje, las caras de sus habitantes y hasta el concepto de seguridad que por siempre había reinado en este populoso, internacional e inigualable lugar del planeta. La magia y la fuerza que antes se respiraba hasta del humo saliente de las alcantarillas, fue reemplazado por un aire de angustia e incomprensión.



El disfrute del espectáculo ofrecido por los ferrys que se acercaban al Parque "Battery" para recoger pasajeros que día a día se transportaban a la Estatua de la Libertad, fue reemplazado por una bruma cada vez mas densa y más abarcadora. Caminar por el World Trade Center, el centro financiero mas importante del mundo, se volvió una utopía en cuestión de segundos. La

destrucción del edificio que por muchos anos fue el mas alto del planeta, cambio por completo la vida cotidiana de este lugar.



Y es que la ciudad de grandes rascacielos, de millones de personas saliendo y entrando a través de sus túneles y puentes majestuosos, el lugar de la moda, de los shows espectaculares, el lugar donde luces, suenos y realidad se conjugan y rompen día a día la idea del imposible; la ciudad que se convirtió en el icono del progreso y la modernidad, quedó completamente vestida de ausencia y pintada de gris tras el atentado del martes.



Tanto el cuerpo del hombre que agitaba la toalla blanca, como muchos otros que se lanzaron desesperados de las altas torres, quedaron perdidos en los escombros del edificio.



Cuenta Carlos, un trabajador colombiano que fue testigo de este cuadro, y quien alcanzó a ver por la ventana de su oficina ubicada hasta ayer en una de las torres destruidas, como el edificio de enfrente quedó con un "hueco enorme" que se fue cubriendo de polvo. Tras bajar veintisiete pisos en medio de un estruendo indescriptible, alcanzó a desalojar el lugar y se llevó para siempre el recuerdo de un escenario que "hubiera preferido no vivir".



"Ven esos aviones? No sabemos de dónde son, no sabemos nada sobre ellos, escóndanse, no sabemos que esta pasando, aléjense" gritaban policías desesperados a lo largo de angostas calles por las que el humo perseguía a quienes huían enloquecidos. La famosa Quinta Avenida, donde están ubicados los almacenes mas prestigiosos del mundo, y en cuyo fin resplandecían imponentes las Torres Gemelas, fue cerrada indefinidamente. Nadie entendía lo que estaba pasando. Cambió el paisaje, cambió la vida. La gente corría sin rumbo.

En las cuadras de todo Manhattan se escuchaban radios que narraban los hechos, se veían televisores con imágenes inverosímiles, y caras apagadas ante el incendio que se consumía lentamente y ante los ojos de un mundo completamente atónito, a un par de edificios que posiblemente hubieran sido monumento histórico de nosotros y todos los que vienen detrás.



Es cierto que la situación en Colombia no es la mas pintoresca. Pero para los colombianos que vivieron los hechos, aun acostumbrados al deterioro del país, la situación de Nueva York supera todos los límites. Muchos lo comparan con películas de ciencia ficción, las que nunca imaginaban reales. Otros se llevaran el recuerdo de personas trasbocando (vomitando??? Por favor ayúdame aquí) de la angustia, corriendo y cayéndose desesperadamente. Juan Carlos Fuenmayor, colombiano también, recuerda con un inmenso dolor la llamada de un compañero que trabajaba en uno de los pisos mas altos de la torre norte. Su compañero se despidió diciendo que había un incendio terrible, que iba a evacuar. Y nunca mas se volvió a saber nada de el.



En la noche del inolvidable martes, una medialuna consentida trataba de reinar desde el cielo. Ella y su estrella acompañante, eran las únicas testigos que no habían huido desconsoladas del desierto en que, increíblemente, se había convertido la ciudad. La sirenas no dejaron de sonar a lo largo de toda la noche y a eso de las dos de la mañana un agitado estruendo despertó a mas de uno. La idea de un atentado contra el Empire State, se apodero de algunos. Ya no había limites. Podía desaparecer la Torre Eiffel, o cualquier otro monumento de este mundo.



Veinticuatro horas después y aun bajo el llamado del alcalde de la ciudad, que pide a sus habitantes desempeñar en lo posible su vida cotidiana, Nueva York esta sumida en la tristeza. Las calles siguen desalojadas, en los metros subterráneos nadie levanta la vista, pareciera como si todo estuviera listo para volver a la normalidad lo antes posible. Todo, menos sus habitantes que, a pesar de lo inhumano de la experiencia vivida, no dejan de ser inmensa e intensamente humanos. Ante todo.



Vanedelatorre@hotmail.com
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