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| 3/19/2001 12:00:00 AM

Ovejas negras

La vinculación de miembros de la Policía a los atentados de Wilson Borja y Raúl Benoit, ponen de nuevo en entredicho la imagen de esa institución.

No fue una buena semana para la Policía Nacional. La que terminó, puso contra la pared a una institución que en el pasado había logrado depurar sus filas. En menos de un año, y bajo la administración del general Rosso José Serrano, más de 4.000 uniformados fueron destituidos por corrupción. La Policía también logró permanecer ajena a la relación existente entre el paramilitarismo y la oficialidad. Ese tema había involucrado en mayor medida a las Fuerzas Militares.

Pero los hechos ocurridos en los últimos días dejó un mal sabor entre la opinión. El primer caso tiene que ver con la captura ordenada por la Fiscalía de un capitán en servicio que fue inmediatamente vinculado a la investigación que se adelanta por el atentado contra el líder sindical Wilson Borja. El segundo episodio está relacionado con el periodista Raúl Benoit, de la cadena Univisión, en la ciudad de Cali. Los escoltas del comunicador se enfrentaron a bala con un hombre que resultó ser un agente de la Policía que en medio de la balacera terminó gravemente herido.

Los dos casos pusieron a la institución armada en el ojo del huracán y revivieron el pasado oscuro de una entidad que en los últimos años fue considerada como una de las mejores a nivel mundial por su lucha contra el narcotráfico. ¿Qué pasó? El director de la Policía, el general Luis Ernesto Gilibert, fue enfático en afirmar que estos lunares no pueden convertir de la noche a la mañana a su institución en la oveja negra. “Si existen algunos casos en los que presuntamente involucra a policías con las autodefensas, no quiere decir que la institución que hoy dirijo sea aliada de esos grupos criminales”.

La referencia de Gilibert tiene que ver con la detención por parte del CTI de la Fiscalía del capitán Carlos Freddy Gómez Ordóñez. El ente acusador expidió la orden de captura contra el oficial después de descubrir que Elmer Horacio Rueda, el sicario que disparó contra Wilson Borja, realizó una serie de llamadas, 45 minutos antes del atentado, al celular de Gómez Ordóñez. Los fiscales evalúan la hipótesis de que Rueda tenía instrucciones precisas de reportar cada momento que antecedió y que siguió al atentado, ocurrido el 15 de diciembre pasado.

El celular del sicario fue encontrado en la escena del crimen después de que los escoltas de Borja lo hirieron y sus compinches lo abandonaron a su suerte. ¿Quién era el dueño del celular del que salieron las llamadas? De acuerdo con la investigación adelantada por los técnicos de la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía, la evidencia apunta a que las llamadas salieron del celular del capitán Gómez.

Cuando la semana pasada el oficial fue detenido por el CTI en un barrio al sur de Bogotá, negó enfáticamente su participación en el atentado y durante la indagatoria señaló que tenía cómo demostrar que era inocente: “A mí se me perdió el celular”, les dijo a los investigadores y les entregó una copia de la denuncia de la pérdida del aparato telefónico. Sin embargo, la fecha de la denuncia resultó posterior a los hechos.

Los agentes del CTI también comprobaron que el capitán Freddy Gómez Ordóñez, quien laboraba en Cúcuta, había salido de esa ciudad para la fecha del atentado y que había permanecido en Bogotá entre el 15 y el 17 de diciembre pasado. El oficial dijo que efectivamente había estado en la capital y la razón de su visita obedecía a unas diligencias que se encontraba realizando para su traslado que se llevaría a cabo en las siguientes semanas. Los investigadores no se convencieron de su historia y por el contrario en las pesquisas realizadas en Cúcuta descubrieron que el capitán se había reunido con varios hombres que era reconocidos como miembros de los grupos paramilitares. Ahora la tarea de la Fiscalía es tratar de establecer los nexos que puede haber entre los capturados en los días siguientes al atentado y el capitán Gómez Ordóñez.



Caso Benoit

En cuanto al hecho relacionado con el periodista Raúl Benoit ocurrido a mediados de la semana pasada en Cali, todavía es materia de investigación a pesar de que unos minutos después del episodio, el propio general Gilibert confirmó que el agente Carlos Emilio Molina había sido el autor del hecho y que “había sido inmediatamente destituido”.

Las investigaciones posteriores han apuntado a otra hipótesis. Esta tiene que ver con la intolerancia ciudadana. Al parecer se presentó en la vía un enfrentamiento entre el conductor del carro en que se movilizaba el periodista y el agente que se transportaba en una pequeña moto.

Sin embargo la versión de Raúl Benoit sobre los hechos es bien distinta. Según el periodista de 42 años, a las 11:15 de la mañana del pasado jueves se produjo un atentado en el barrio La Merced de Cali. Benoit dijo que iba en un carro Mazda 323 de color blanco que conducía su cuñado Mauricio Lalinde, rumbo a la casa de sus suegros que viven en la capital del Valle del Cauca. Detrás iban sus dos escoltas en una camioneta.

Benoit recuerda que se bajó del carro y cuando iba a saludar a sus familiares que habían salido de la vivienda vio a un motociclista que venía en sentido contrario. “De pronto vi que sacó un arma. Mi cuñado se abalanzó sobre mí para protegerme y rodé por el suelo”. El periodista de Univisión no recibió ningún disparo. Los escoltas, sin embargo, reaccionaron y le propinaron siete tiros al agente que iba vestido de civil.

“Fue un claro atentado pero no contra mí sino contra el proceso de paz, alguien quiere poner una cuota de sangre para romper las conversaciones que adelanta el presidente Pastrana”, dijo Benoit. Según su testimonio, una fuente de la Casa de Nariño le había revelado a principios de la semana que se cuidara. “Es una persona que me pidió reservar su nombre, sólo puedo decir que es alguien muy cercano al Presidente. Me dijo que tuviera cuidado porque tenían información que las autodefensas podrían atentar contra mi”, agregó el periodista, que de inmediato recibió el respaldo de Univisión. “Se han portado maravillosamente bien conmigo, de inmediato me enviaron un vuelo charter para sacar a toda mi familia, son 23 miembros, pero lastimosamente no tenemos otra salida”.

No obstante, las investigaciones sobre este caso han señalado que el agente Molina trabajaba como policía comunitario en el sector de Terrón Colorado, una de las zonas más deprimidas de Cali y donde contaba con el aprecio de los habitantes. El arma de dotación que portaba era un revólver con capacidad para cuatro tiros y el día del atentado se movilizaba solo y en una moto de muy bajo cilindraje. “Eso contradice totalmente el mecanismo que utiliza un sicario: compañero de viaje, moto superveloz y el arma por lo general es una metralleta de alto poder destructivo”, señaló uno de los oficiales que investiga el caso.

Sin embargo todavía no se ha dicho la última palabra sobre los dos episodios que tienen hoy a la Policía en el ojo del huracán. Si se llega a comprobar la participación de la Policía en por lo menos uno de los atentados quedarían al descubierto los nexos que pueden existir entre miembros de la institución y los grupos de autodefensas. Y como lo dijo el propio general Gilibert, si eso es verdad, todavía se está a tiempo de ponerle remedio a semejante mal. “En las manos de la Fiscalía está la verdad”, sentenció el alto oficial.
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