Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2005/04/10 00:00

Oxígeno rojo

Esta semana se sentarán en una misma mesa los ex presidentes López, Gaviria y Samper, y los jefes políticos Serpa, Peñalosa, Pardo, Gómez Méndez y Rivera.

El encuentro de esta semana entre ex presidentes liberales y representantes de distintas corrientes del partido, es la oportunidad para que este encuentre una identidad y se consolide en el centro del espectro político.

Hace mucho tiempo no se veía tanto movimiento en el Partido Liberal. Salpicado de escándalos de corrupción y eclipsado por Álvaro Uribe, la colectividad mayoritaria durante más de 50 años en Colombia había perdido su protagonismo. Lo han derrotado en dos elecciones presidenciales, y las encuestas indican que apenas 18 por ciento de los ciudadanos se considera liberal.

Esta semana la Dirección Nacional Liberal intentará enviar un mensaje creíble sobre la supervivencia de la colectividad y la factibilidad del quijotesco proyecto que significa montarle una alternativa a la candidatura de Álvaro Uribe. Aparecerán los ex presidentes López, Gaviria y Samper, y los presidenciables Horacio Serpa, Enrique Peñalosa, Rafael Pardo, Alfonso Gómez Méndez y Rodrigo Rivera.

Las estratégicas imágenes provendrán del Hotel La Fontana, en Bogotá, donde el Instituto de Estudios para la Democracia y el Desarrollo -órgano oficial del partido- ha organizado un foro dirigido a alimentar la plataforma ideológica que la DNL someterá al Congreso Nacional de junio. La discusión se centrará en dos documentos sobre empleo y pobreza, y sobre seguridad, preparados por grupos en los que aparecen integrantes que también alimentan la imagen de que por las puertas del oficialismo no solo hay estampidas desertoras sino ingresos valiosos como el de Luis Carlos Valenzuela, ex ministro de la administración Pastrana.

El debate, para un partido tan desdibujado, es una oportunidad para cerrar la vieja pelea entre neoliberales y socialdemócratas, para encontrar una identidad y consolidarse en el centro del espectro político, y para evitar que el único factor de unidad sea el propósito mecánico de frenar la reelección de Uribe. Además, el evento servirá como escenario del primer acto público de César Gaviria después de 10 años, y con una camiseta roja que hace poco no le acomodaba y del mismo modelo de la que usará Samper.

El heterogéneo equipo todavía tiene que demostrar su capacidad de actuar armónicamente y de ser competitivo. Y añora el fichaje de nombres como el de Juan Manuel Santos, quien rechazó la invitación para asistir a La Fontana con el propósito de dejar en claro que está con el uribismo y no con el oficialismo. Sin embargo, hace rato no llegaban tantas buenas noticias a la DNL. A dos meses de un congreso cuyos delegados se están eligiendo en todo el país con participación de un número de votantes que ya supera el récord de hace dos años, hay movimientos que indican que el liberalismo no considera que está condenado a la desaparición.

El ex presidente Alfonso López Michelsen, en entrevista con Yamid Amat, manifestó su disposición a volver a la plaza pública para defender al partido, y a la propia Constitución, de la amenaza que les podría significar la reelección. La posibilidad de que el ex presidente César Gaviria asuma la jefatura única, y que con esa garantía vuelvan al redil Enrique Peñalosa, Rafael Pardo y Andrés González, ha alimentado esperanzas que hace años no se sentían en la vieja casa de la calle 36, sede de la DNL. Simbólicamente van a tumbar los muros que la separan de la calle para promocionar su disposición a recibir nuevos aires y recibir a hijos pródigos necesitados del aval oficialista para sus aspiraciones personales; atraídos por la posible jefatura de Gaviria, o desanimados por controvertidas posiciones del actual gobierno, en especial frente al paramilitarismo.

Nada de lo anterior significa que el viejo Partido Liberal detuvo su caída libre o puede construir una candidatura competitiva frente a Uribe. Pero ha vuelto a soñar, y ese era un verbo que sus miembros habían olvidado.

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