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| 12/18/2003 12:00:00 AM

¿Pablo Escofarc?

El atentado terrorista en Medellín revive el fantasma de Pablo Escobar. SEMANA explica qué significa que las Farc sigan el mortal libreto del extinto capo.

A los que madrugaron esta vez Dios no los ayudó. A las ocho y cinco de la mañana los funcionarios judiciales más cumplidos se aprestaban a iniciar su jornada, una decena de personas hacía fila para atravesar los estrictos controles de ingreso a la Fiscalía y Erika Martínez aseaba el Billar Aburrá cuando explotó el carro bomba en el parqueadero del centro comercial El Cid, en pleno centro de Medellín.

En medio de la polvareda y la confusión Erika salió desesperada, gritando el nombre de su hijo, Kevin, de 3 años, que se encontraba con ella justo antes del estruendo. Como no respondía pensó que quizá los socorristas lo habían llevado al hospital. Pero Kevin yacía debajo de una de las mesas de billar, una víctima más de la sangrienta respuesta terrorista emprendida por las Farc a los operativos adelantados por las autoridades en las últimas semanas contra sus tentáculos en las ciudades. Se cree que fue una retaliación contra la Fiscalía de Medellín, que está en el edificio contiguo al centro comercial, por haber liderado los allanamientos y capturas de los milicianos en las comunas.

Al ser detenido en su casa, a las afueras de la comuna 13, con el pelo todavía húmedo y tintura en las orejas, que recién se había aplicado para diferenciarse de su retrato hablado, Rigoberto García Quintero, de 21 años, confesó pertenecer a las milicias bolivarianas. Las mismas que fueron nuevamente golpeadas el lunes de la semana pasada en el sector nororiental de Medellín.

En la operación Estrella VI la Policía Metropolitana, la Fiscalía y la IV Brigada del Ejército había capturado a 68 personas, de las cuales más de la mitad, según el general Teodoro Campo, director general de la Policía Nacional, pertenecerían a la guerrilla. Según Campo la labor de inteligencia arrancó hace seis meses, cuando las autoridades se enteraron de que las Farc habían movilizado a unos 300 guerrilleros para reforzar su frente urbano en Medellín. Casi 1.000 miembros de los organismos de seguridad se infiltraron en los barrios del noroccidente, a donde se habían trasladado milicianos de la comuna 13 después de que la Fuerza Pública recuperara a mediados de octubre el control de ese sector, al noroccidente de la capital paisa.

Entre los detenidos, según el general Leonardo Gallego, comandante de la Policía de Medellín, estaba el sindicado de abandonar un carro bomba frente a la estación de policía San Blas hace un año, líderes de movimientos comunitarios que promovieron las tomas de desplazados a la Universidad de Antioquia y a la Red de Solidaridad, milicianos que controlaban la comuna 13 y varios ideólogos y políticos de las Farc que estaban adoctrinando a jóvenes de las comunas nororientales de Medellín para reclutarlos.

¿La escofarquizacion?

Este atentado, que se ha interpretado como una reacción a esas capturas, revive una vez más el fantasma de Pablo Escobar. Y la gente se pregunta qué significa que las Farc comiencen a seguir el mortal libreto del temido capo del narcotráfico.

"Es un atolladero sin salida", afirma un analista, quien considera que este ataque, así como los carros bomba que se han desactivado en otras ciudades (ver recuadro), demuestran que la guerrilla de 'Marulanda' aún no encuentra una respuesta estratégica a la ofensiva militar emprendida por el gobierno de Alvaro Uribe Vélez.

Aunque falta establecer si el secretariado de las Farc ordenó este atentado o si fue una decisión autónoma de las milicias bolivarianas, entre cuyos miembros hay varios delincuentes rezago de la guerra terrorista del cartel de Medellín contra el Estado, no parece lógico que un ejército de 17.000 miembros, la mayoría campesinos, entrenados para una guerra maoísta-leninista de largo aliento, se dedique a detonar carros bomba en las grandes capitales.

Si bien los jefes de las Farc han dicho en varias ocasiones que su objetivo es llegar a las ciudades, el nuevo estilo 'farcoterrorista' no sólo termina de enterrar el sentido político de su lucha, pues los aleja cada vez más del pueblo, sino que, paradójicamente, demuestra su enorme debilidad para realizar operativos urbanos.

Una cosa eran los carteles de Cali y Medellín, que se mimetizaban como camaleones en la jungla de cemento y que contaban con sofisticadas redes de apoyo, como taxistas, testaferros, comerciantes y una lista infinita de políticos, policías, fiscales y demás funcionarios del Estado que trabajaban a sueldo para ellos. Y otra cosa es una guerrilla campesina que no entiende la complejidad de las urbes modernas y que tampoco goza en las ciudades de la intrincada filigrana de apoyo que compraba Escobar.

Por ejemplo, la mayoría de las 98 personas capturadas y judicializadas desde octubre en los más de 600 allanamientos contra la guerrilla en Bogotá provienen de la zona rural del Meta, Guaviare y Caquetá. "Su aspecto campesino los delata más fácilmente", afirma uno de los comandantes de la Policía Metropolitana que ha estado a cargo de estos operativos. Dice que si bien cuentan con gente citadina que les sirve de fachada para arrendar los lugares desde donde planean los atentados, la mayoría de los actos terroristas son ejecutados por guerrilleros rurales con poca escolaridad y un alto grado de adoctrinamiento que duran unos meses ubicándose en Bogotá, período que las autoridades aprovechan para capturarlos.

El hecho de que para las Farc las ciudades sigan siendo lugares hostiles habitados por enemigos que se convierten cada vez más en "los ojos y los oídos del Estado", como ha pedido reiteradamente el Presidente, les dificulta sostener una guerra terrorista de este tipo. (Porque si bien la ETA, por ejemplo, lleva más de tres décadas de terrorismo urbano en España con escaso apoyo popular, tienen a su favor el que sus miembros son todos jóvenes de las ciudades donde efectúan sus ataques terroristas y conocen muy bien cada rincón de la realidad urbana).

La desactivación de los carros bomba en las últimas semanas, así como la captura del jefe de explosivos de la red urbana Antonio Nariño y el operativo que frustró el atentado contra el Portal de Transmilenio de Usme, en Bogotá, se lograron en gran parte por la colaboración de ciudadanos que reportaron movimientos sospechosos.

Pero quizá la pieza clave que explica los éxitos recientes para contener la urbanización de la guerra por parte de las Farc es que, finalmente, los organismos de inteligencia, el Ejército, la Policía y la Fiscalía comenzaron a trabajar juntos. "Esto evitó que Bogotá viviera el diciembre negro que querían las Farc", afirma un funcionario de la Sijin que participa en este grupo interinstitucional contra el terrorismo, que se reúne semanalmente para compartir información y planear las acciones bajo el liderazgo de la Fiscalía y el viceministro de Defensa, Andrés Soto.

También están trabajando juntos en Medellín. A esto atribuyen las autoridades el éxito de la Operación Estrella y la captura de García, el hombre del carro bomba. Minutos después de la explosión la Fiscalía ubicó en el video de la cámara del parqueadero del centro comercial El Cid el chofer del carro azul que había explotado. Con esta información realizaron un consejo de seguridad, en el que estaban presentes el Fiscal General, los comandantes nacionales y regionales de la Policía y el Ejército, el Alcalde de Medellín y los jefes de los organismos de seguridad. Y se distribuyeron funciones.

Con la placa del carro los agentes del DAS rastrearon los antecedentes del vehículo, que los condujeron directamente al barrio Juan XXIII, donde vivía García. Los del Ejército obtuvieron de ex milicianos de las Farc capturados en la Operación Orión de la comuna 13 la confirmación de la identidad del autor del atentado. A las 5 de la tarde ya lo habían capturado. "El secreto del éxito está en que todos nos estamos integrando", afirma Gallego.

Muro de contencion

Así le han propinado también duros golpes a las Farc en el Valle del Cauca. El fin de semana pasado la Policía Metropolitana adelantó una campaña preventiva en las comunas de Aguablanca y Siloé, en Cali, donde fueron detenidas 286 personas, entre las que se encontraban milicianos de la guerrilla, delincuentes con órdenes de captura, portadores de armas sin salvoconducto, aunque también muchos indocumentados. "Es una forma eficaz de anticiparnos a muchos de los delitos que se presentan en estos lugares", afirmó Oscar Naranjo, comandante de la Policía Metropolitana de Cali. Dice que el objetivo último de estas redadas es romperle el contacto y la logística de apoyo urbanos al bloque occidental de las Farc.

Las capturas la semana pasada de José Bocanegra, 'La Bruja', jefe de la milicia del bloque móvil Arturo Ruiz; de Walter Cores Ortiz, 'El Profe', jefe de inteligencia del frente 29 de las Farc, y de Yira Paola Bolaños, alias 'Laura', jefe de comunicaciones de ese bloque, apuntan en esa dirección. Las autoridades valoran sobre todo la captura de 'Laura'. Dicen que era el contacto entre los frentes subversivos del Valle, Cauca y Nariño con el secretariado de las Farc y que además estaba sindicada de dirigir la emisora La Voz de la Resistencia, que difunde sus proclamas en las montañas del Cauca.

El coronel Naranjo considera que con estas capturas, y las de Iván Antonio López, 'El Caleño', y Jorge Alberto Díaz, 'El Viejo', que estaban dedicados a manejar las finanzas y los secuestros de las Farc en el Valle, han debilitado a las Farc en el departamento. "Aunque no podemos cantar victoria, con las detenciones de mandos medios vamos llegando poco a poco a los grandes líderes de la subversión", asegura.

Es un hecho que santuarios de las Farc como los Farallones de Cali, zonas periféricas de Tuluá y el corredor natural del Tolima hoy cuentan con mayor presencia del Ejército, lo que le ha cerrado el margen de acción a la guerrilla y la ha obligado a recurrir al terrorismo, como ha sucedido en Medellín y Bogotá. El martes pasado, por ejemplo, técnicos antiexplosivos del DAS desactivaron un camión bomba abandonado en el sur de Cali, que de haber explotado habría causado tanto daño como el de Medellín.

Pese a estos éxitos es bueno no ser triunfalistas. Es cierto que las Farc no cuentan con una red urbana de apoyo como la que tenía el M-19 en los años 80. Que aún carecen de redes en la ciudad que les faciliten la logística para los atentados. Que el Estado es hoy mucho más fuerte que hace 10 años, cuando enfrentó a Pablo Escobar, y que de esa intensa lucha contra los carteles de la droga los organismos de inteligencia aprendieron a moverse muy bien en el submundo de la criminalidad.

Pero también es cierto que las ciudades no están blindadas, que la inteligencia del Estado tiene muchas falencias y que a la mamá de Kevin no le importa si la Fuerza Pública ha logrado evitar cientos de tragedias como la suya.
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