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| 4/25/2004 12:00:00 AM

Pacto de sangre

La desaparición (¿muerte?) de Carlos Castaño va al fondo de las contradicciones internas de las autodefensas. ¿Quién y por qué lo querían matar?

Carlos Castaño se equivocó: estaba seguro de que sus enemigos no podrían llegar al sitio donde se veía con su esposa Kenya y su hija. Pero el viernes 16 de abril unos 50 hombres de las mismas autodefensas, al mando de uno de sus viejos lugartenientes, al que apodan 'Monoleche', le descargaron una lluvia de plomo.

A las 2 de la tarde, cuando navegaba por Internet, como acostumbraba hacerlo sin falta casi todos los días, su escolta personal, que en ese momento era de nueve hombres, se vio asaltada y sin mayor posibilidad de respuesta, ante la superioridad numérica de los atacantes.

Jorge Antonio Ramos Montes, apodado 'El Tigre', un joven analfabeta de 21 años, miembro de la guardia de Castaño y quien sobrevivió al ataque, relató a la Policía Judicial que los agresores llegaron a la vereda El Guadual y abrieron fuego de inmediato.

En la tienda conocida como Rancho al Hombro, según testigos, se produjo la balacera que duró unos 20 minutos y tras la cual Castaño desapareció.

En las tablas de la construcción quedaron las perforaciones de los tiros de fusil. Los lugareños aseguraron que el jefe paramilitar se arrojó al piso y se protegió tras el enfriador del establecimiento.

La declaración de Ramos Montes indicó que en pocos minutos la guardia de Castaño se vio sometida. "Nos llevaron por muertos, pero de los cinco únicamente estaban muertos 'El Duende' y Richard, los otros estábamos heridos y yo me hice el muerto porque a los otros dos los ajusticiaron cerca de San Pablo, cuando 'El Noventa' decía: 'vamos por las palas para enterrarlos y yo me escapé" (ver recuadro).

El relato de este escolta, que logró llegar a Montería y fue trasladado a Bogotá el miércoles 21 de abril, coincide con el de Jairo Vladimir Rojas, apodado 'La Vaca', que también identificó a 'Monoleche' como el líder del comando agresor.

Rojas llegó a Necoclí y luego fue llevado al Hospital de Apartadó, desde donde los organismos de seguridad lo trasladaron al centro de operaciones aéreas del Ejército (Catam), en Bogotá, contiguo al aeropuerto El Dorado, para luego ser operado de una fractura de tibia y peroné causada por un proyectil.

Una de las personas más cercanas a Castaño en Urabá señaló también a Rancho al Hombro como el escenario de los hechos. "Llegaron fue dando bala, sin nada de risas", dijo.

Pero un jefe paramilitar contactado por SEMANA sostuvo que el ataque se produjo en una finca ganadera lujosa de las varias que hay en esa región. Según esta versión, siete escoltas cubrieron la retirada de Castaño y otros dos lo acompañaron en su carrera por los potreros aledaños.

Allí, entre una y otra finca, el jefe paramilitar se movía constantemente. Según la fuente, en la misma zona está la finca de Carlos Castaño conocida como La 37 o El Sapo. "Es que Carlos se mueve o se movía constantemente desde las 4 de la mañana o sea que él estaba recién llegado a esa finca. Él siempre llega y no se demora demasiado en ninguna parte. Es como picado de avispas a toda hora".

En San Pedro de Urabá, aunque todo era silencio en el recorrido que hizo SEMANA, la gente sabía que uno de los conductores y acompañantes permanentes de Castaño no volvió después del ataque del viernes 16 de abril.

Ese testimonio describió que el ayudante escuchó el tiroteo unos metros más abajo, donde se encontraba, y acudió al lugar, donde fue retenido.

"Aquí mandaron el vehículo, una camioneta Toyota Carevaca, y el muchacho que la trajo apenas dijo: 'a mí lo único que me ordenaron fue que trajera el carro". La familia del conductor desaparecido se negó a hablar sobre el asunto. Otra fuente anotó que "nadie sabe en qué va a parar esto. La gente de las fincas de la zona de El Guadual no sabe qué ocurrirá en adelante".

Salvatore Mancuso, al mando del Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia y uno de los más representativos jefes paramilitares en la mesa de negociación con el gobierno, aseguró al diario El Colombiano que apenas se trató de una refriega entre las propias tropas de las AUC.

Según la versión de Mancuso, al "incidente" también se sumó la presencia de tropas de la Brigada 17 en el área. Tras los hechos se perdió la comunicación con Castaño.

El fin de semana pasado la suerte del jefe paramilitar era desconocida. Un allegado aseguró que "Carlos no se ha entregado a la justicia de Estados Unidos". En el mismo sentido, Salvatore Mancuso había dicho desconocer una "negociación (de Castaño) con alguna agencia de Estados Unidos". Versión que corroboró el propio embajador William Wood a los medios la semana pasada.

Un hombre de la total confianza de Castaño relató a SEMANA que el pasado miércoles se internó en la zona del ataque en procura del algún rastro, pero su tarea resultó infructuosa.

"Di la vuelta por los alrededores. En Rancho al Hombro hablé con algunos soldados. Estuve en la finca de Carlos y todo estaba normal. Luego rodeé los potreros y no había nadie pendiente de la suerte de él, contó. La verdad, ante la certeza del ataque, es que no tuvo manera de huir porque la zona no se presta para eso. Son potreros, sin vegetación espesa para ocultarse. Además, los atacantes muy seguramente tenían acordonado el lugar. O está privado de la libertad por las mismas AUC o está muerto. No hay más".

En su declaración el escolta Ramos Montes detalló que en medio de la balacera uno de los atacantes gritaba: "Alto, paren el fuego, que el señor se entregó, Carlos se entregó' (.) Y yo no sé de la suerte que haya corrido Carlos Castaño ni tampoco mis otros compañeros: 'Cucaracho', 'El Duma', 'El Pollo' y 'El Vaca', que está herido".

Familiares consultados el viernes dijeron no tener noticias de Castaño e insistieron en que la agresión al jefe paramilitar es un hecho. "Estamos totalmente seguros. Hasta este momento (viernes 23 a las 11 de la mañana) no tenemos noticias de su paradero".

En su versión de los hechos los parientes confirmaron que el ataque se produjo en Rancho al Hombro, donde Carlos solía encontrarse con su esposa Kenya y su hija. "Él salía del campamento y allí se veía con ellas".

Recordaron que el 16 de abril Castaño esperaba en los alrededores de Rancho al Hombro a una persona que debía llegar al aeropuerto Los Garzones, de Montería, a las 9 de la mañana. "Pero el aeropuerto estuvo cerrado y esa persona sólo arribó a Montería al mediodía. Por eso, cuando llegó al sitio, ya todo el ataque había ocurrido".

¿Pura coincidencia?

Todas las versiones conocidas por SEMANA indican entonces que sí hubo ataque y en todas se señala al jefe paramilitar 'Monoleche' como líder del comando agresor.

Este hombre es uno de los llamados 'tangueros', el grupo con el que Fidel Castaño inició su ofensiva contra las guerrillas del EPL y de las Farc, desde el sur de Córdoba hacia el norte de Urabá, a finales de la década de los 80 y comienzos de los 90.

"Desde sardino se incorporó al grupo de Las Tangas (finca de los Castaño, a orillas del río Sinú, donde aparecieron apenas seis cadáveres de 43 campesinos de Pueblo Bello, desaparecidos en febrero de 1990). Se volvió una de las personas de confianza de Fidel y tras su muerte se sumó a sus hermanos Carlos y Vicente", relató a SEMANA un miembro de las autodefensas.

Esta fuente agregó que en los últimos años 'Monoleche' se convirtió en la mano derecha, "en el representante y vocero" de Vicente Castaño, al tiempo que amasó una notoria fortuna en haciendas. "Es un aficionado de los gallos de pelea y de los caballos de paso fino", dijo.

Según fuentes de los organismos de inteligencia, esta persona sería uno de los principales contactos entre los paramilitares de las AUC y los carteles del narcotráfico en el país.

Un jefe paramilitar comentó que "Monoleche' no hace nada ni mueve un dedo si no es con el visto bueno de Vicente, y pocas personas podrían ser encargadas para una misión de esa trascendencia como atacar a Carlos Castaño".

En el último año la relación de Castaño con los demás miembros de la cúpula de las AUC se 'enfrió'. El tono de sus pronunciamientos indicaba la distancia cada vez mayor de quienes por mucho tiempo aparecieron como sus notables aliados e incluso amigos: Salvatore Mancuso, Ernesto Báez, Adolfo Paz, Julián Bolívar y el mismo Vicente Castaño. Una persona cercana a las reuniones de los máximos jefes 'paras' con el gobierno en Tierralta y Valencia indicó que Carlos Castaño era un hombre al que se descubría cada vez más solo en términos de respaldo político y de protagonismo.

"Era un hombre despojado", dijo. Su ausencia del denominado Estado Mayor Negociador, que anunció el pasado 31 de marzo la reintegración de las Autodefensas Unidas de Colombia, reveló su marginación.

En la última entrevista que concedió, Castaño sugirió al periodista preguntar si temía por su vida. "Estaré en el proceso hasta cuando humanamente sea posible", y agregó, en una suerte de anuncio de sus temores, "sé que hoy corro riesgo como antes".

Desconfiaba hasta de su sombra y ya se lo habían advertido. "Y él que de por sí es bastante escurridizo", anotó una persona cercana a Castaño.

Las razones

En medio de un ambiente caldeado por sus explosivas declaraciones frente al maridaje creciente entre paramilitares y narcotraficantes, Carlos Castaño se granjeó numerosas enemistades.

Sus tensas relaciones con los jefes del Bloque Central Bolívar, e incluso con los mismos comandantes de las Autodefensas de Córdoba y Urabá, le cerraron cada vez más espacios de interlocución y conducción del proceso. Un jefe paramilitar observó que una de las iniciativas recientes en el seno de las AUC consistió en "descastañizar" la negociación con el gobierno.

Un conocedor de los pormenores de la negociación gobierno-AUC sostuvo que, en síntesis, se podría hablar de dos posiciones que se hicieron visibles en la mesa. Una, la de Castaño, era la desmovilización y el corte total de las relaciones y actividades con el narcotráfico. La otra, la de la mayoría de los jefes 'paras', era desmontar las autodefensas sin entrometerse ni tocar intereses ni ejes de poder de los narcos. "En la medida en que las iniciativas de la mesa se 'aterrizaron', las cosas se complicaron, porque era inevitable que las AUC deberían 'facilitar' una acción más eficaz en el desmonte de los carteles de la droga y eso significaba afectar poderes en la 'trasescena' del conflicto armado, social y político del país", dijo el conocedor.

En contraste con estas apreciaciones, en sus más recientes declaraciones, el jefe paramilitar Salvatore Mancuso enfatizó que las AUC permanecen al margen de ese otro conflicto que aqueja al país (el del narcotráfico). Y en tono vehemente rechazó cualquier señalamiento de las autodefensas como narcotraficantes. "No tenemos intereses en juego en ese conflicto". Dentro de las autodefensas se descubría un ambiente de malestar con Carlos Castaño porque muchas de sus afirmaciones y juicios sobre la relación narcotráfico-AUC se devolvieron como un bumerán que marcó a la organización ilegal y a sus jefes.

Una fuente de las AUC comentó que en los últimos días la aparición de Vicente Castaño en la "lista de grandes narcotraficantes" del Departamento del Tesoro de Estados Unidos se interpretó, en parte, como consecuencia de las incriminatorias y polémicas intervenciones de su hermano Carlos. Esa reseña también incluyó a Salvatore Mancuso y Diego Fernando Murillo, 'Don Berna' o Adolfo Paz.

Con el Bloque Central Bolívar, hoy reintegrado a las AUC, los debates públicos fueron de grueso calibre y con sus tres máximos comandantes, ahora negociadores, Castaño nunca recompuso sus relaciones ni atenuó sus desacuerdos.

Aunque en menor grado, los jefes paramilitares también le reclamaron a Castaño su silencio y pasividad frente a los señalamientos del jefe del Bloque Metro, conocido como Rodrigo Franco o 'Doblecero', a quien le declararon una guerra abierta Vicente Castaño y Adolfo Paz, en las AUC, y Ernesto Báez, Julián Bolívar y Javier Montañez, en el BCB por sus vínculos con el narcotráfico.

Carlos Castaño evitaba referirse a esa situación, a la que calificaba de "ingrata". "Sólo puedo decir que les consulté a las personas que combatieron a Rodrigo si estaban dispuestas a superar el incidente. Dijeron que sí y que respetarían su condición de comandante", declaró en un correo electrónico que no trascendió nunca a la esfera pública.

Según una fuente consultada, los narcos también ejercieron presión para que Castaño, frente a este episodio, dejara claro a quién debía sus lealtades.

Los rumores del sometimiento de Carlos Castaño a la justicia de Estados Unidos acabaron por multiplicar la desconfianza desde todos los flancos. Uno de los consejeros del jefe paramilitar reveló en noviembre de 2003 que estuvo a punto de entregarse a la DEA.

Sólo algunas consultas finales hicieron desistir a Castaño de su iniciativa y por eso nunca abordó el avión que lo esperaba en el aeropuerto de Montería. "Hizo unas llamadas y le observaron que él apenas sería un trofeo de Estados Unidos en la lucha contra el narcoterrorismo, pero que su entrega poco o nada ayudaría a resolver el conflicto armado interno".

Las versiones de su entrega continuaron. En sus declaraciones del pasado 22 de abril, Salvatore Mancuso sugirió que el ataque podría ser "una estrategia" de él mismo para "argumentar su ida hacia el coloso del norte".

Uno de los consejeros permanentes de Castaño indicó que dentro de las autodefensas pudieron decidir el ataque como una "medida preventiva". "Le dieron 'por si de pronto'. Él sabía mucho y no dejaba de ser una amenaza que se concretara su sometimiento", dijo a SEMANA.

Los narcos consideraron que Castaño era un elemento perjudicial. Esos amagos de colaboración con los norteamericanos se volvieron intolerables, apreció un analista que conoce de cerca el proceso de negociación gobierno-AUC. "Aunque los rumores pueden ser también parte de una estrategia de los mismos gringos para desestabilizar el ya muy inestable Estado Mayor de las AUC", consideró un miembro de esos grupos al margen de la ley.

El jueves pasado, el embajador de Estados Unidos en Colombia, William Wood, negó que el desaparecido jefe de los paramilitares sostuviese algún tipo de diálogo o acercamiento para someterse a la justicia norteamericana.

"Definitivamente no. Y no sabemos nada de la suerte del señor Castaño", declaró a la prensa con el ánimo de disipar las dudas.

Sin remedio

Uno de los asistentes a la mesa de negociación entre el gobierno y las AUC vislumbró que aunque el ataque a Castaño es muy grave, rompe confianzas y siembra dudas sobre la estabilidad futura de la mesa y de las conversaciones, no deja de ser un problema de carácter interno de los grupos paramilitares.

"Es un asunto de ellos. Además, en la última reunión ya estaba definida la principal zona de concentración, que sería entre Tierralta y Valencia. Eso mantiene compromisos y plazos que las partes difícilmente abortarían", apuntó.

En opinión de esa persona es visible, por las características del hecho, que Vicente Castaño y Adolfo Paz "tienen la explicación de lo que ocurrió". A su modo de ver, hubo un pacto de sangre, porque nadie podría hacer solo lo que al parecer hizo. "Y ese pacto se selló con la sangre, con el precio de su hermano y compañero de filas. Así pasa en las guerras y eso lo enseña la historia".

La suerte de Castaño es incierta, pero cada vez se agotan más las posibilidades de que haya podido escapar a sus agresores y estar a salvo. También pierde fuerza, con el paso de las horas, que esté en manos de Estados Unidos. Su esposa no se ha movido de Montería y sigue a la espera de sentir del otro lado de la línea esa voz áspera y esa personalidad severa por la que hoy se pregunta todo el país.

Para resumir lo que pasó con Castaño y con las autodefensas y el narcotráfico en los últimos tiempos, un miembro de esos grupos ilegales citó la historia de un pájaro al que llaman cuco y que es una especie común en el territorio de los 'paras':

"Esa ave busca un nido ajeno, se come los huevos que encuentra, pone los suyos y se va. El otro pájaro los calienta y piensa que son suyos. Nacen los polluelos y, cuando están listos para volar, después de que han sido alimentados, lo último que hacen es asesinar a sus padres adoptivos y marcharse a repetir el ciclo, en otro nido. A Carlos Castaño, con lo que está pasando, le ajusta muy bien esa historia".
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