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| 11/5/2001 12:00:00 AM

Pagar o no pagar: esa es la cuestión

Esta semana el Concejo capitalino discute el paquete tributario propuesto por el alcalde Antanas Mockus. De no ser aprobado quedarían paralizadas las inversiones.

Hace dos semanas Antanas Mockus presentó por cuarta vez un paquete tributario a la comisión de presupuesto del Concejo de Bogotá para conseguir unos 300.000 millones de pesos al año necesarios para inversión en educación, salud e infraestructura vial. Mockus sólo está cumpliendo con una de las promesas electorales con las que salió elegido: más impuestos. Sin embargo en tres ocasiones los concejales han hundido su reforma tributaria y la ciudad se está enfrentando a la parálisis ante la dificultad de financiación.

Los habitantes de Bogotá se acostumbraron durante la administración de Enrique Peñalosa a la realización de proyectos trascendentales que transformaron la vida de la ciudad, como las tres primeras troncales de Transmilenio, las alamedas, los 49 nuevos colegios, las ciclorrutas, la red de bibliotecas públicas, los parques. Sin embargo este boom de inversiones fue financiado en gran parte con los 500 millones de dólares de la descapitalización de la Empresa de Energía. Sin esa inyección de recursos extraordinarios las finanzas de la ciudad necesitan aumentar sus ingresos por vías distintas, como el endeudamiento, las transferencias de la Nación y los impuestos.

Los continuos enfrentamientos con el Concejo han disminuido las ambiciones de la Alcaldía. El nuevo paquete de impuestos sólo cubre dos tributos: el cobro del alumbrado público y un aumento progresivo del 15 por ciento en el Impuesto de Industria y Comercio (ICA). No obstante, para la Cámara de Comercio de Bogotá, la economía capitalina no aguanta un tributo más dada la crisis de varios años que vive. Según el observatorio económico de la Cámara el año pasado el recaudo del ICA aumentó en unos 23.000 millones de pesos mientras que la tasa de desempleo aumentaba 0,8 por ciento hacia junio de 2001.

Esfuerzo tributario

Para Alvaro Montenegro, economista investigador, “la gran fuente de recursos está en la evasión y la elusión y no en el aumento de los impuestos”. Mientras que la evasión cubre a quienes no pagan aunque tendrían que hacerlo, la elusión compete a quienes pagan menos dinero del estipulado por la ley. La Secretaría de Hacienda Distrital calcula en 150.000 millones de pesos anuales el monto de los dineros que pierde el fisco en estos dos rubros. Ya que las inversiones crecieron temporalmente por la descapitalización de la Empresa de Energía, “ese no es el nivel contra el que hay que medirse”, afirma Montenegro.

Otro aspecto que hay que tener en cuenta es el esfuerzo tributario considerable que los bogotanos han realizado en los últimos ocho años. Según la Misión de Instituciones Capitales entre 1994 y 1999 los impuestos promedio que paga cada bogotano se han prácticamente duplicado: de 100.000 a 190.000 pesos. ¿Hay un margen para seguir cobrando tributos? Un estudio comparativo entre ciudades latinoamericanas de Roberto Steiner y Jorge Rodríguez, economistas de la Misión, revela que los ingresos tributarios de la ciudad por habitante de Bogotá en 1999 eran los más bajos si se comparaban con Buenos Aires, Ciudad de México y Santiago de Chile.

Desde el debate televisivo del 10 de octubre de 2000 en Citytv, que lo enfrentó a la entonces candidata María Emma Mejía, el alcalde Antanas Mockus ha defendido la necesidad de aumentar los impuestos como una forma de “acumular riqueza colectiva e invertirla bien para producir más bienestar que gastada privadamente”. Mockus ha hecho de todo para conseguir más recursos. Sacó del paquete de reforma original el impuesto predial y los peajes y bajó las tarifas para así facilitar su trámite en el Cabildo distrital; organizó un recorrido con empresarios para que vieran de primera mano en qué se invertían los tributos que pagaban; usó los paraderos de buses de las principales avenidas para informar en un afiche cómo se transformaban los impuestos de industriales, tenderos y comerciantes en atención médica, cupos escolares y asistencia a los más pobres. En su intento por transmitir la necesidad de la reforma el Alcalde ha cantado rancheras de José Alfredo Jiménez: “Una obra en mi camino me enseñó que mi destino era pagar y pagar”.

Mockus no está solo en tan ingrata tarea. Los concejales Juan Carlos Flórez y David Luna hacen parte de la minoría que, aun a costa de la impopularidad de defender impuestos en plena campaña para el Congreso, se han comprometido con la reforma tributaria.

Choque de trenes

Este choque de trenes entre el Alcalde y las mayorías del Cabildo muestran las distintas agendas que manejan Mockus y los concejales. Mientras que la Alcaldía considera que tiene la legitimidad de las urnas para el alza de los impuestos la alianza opositora emplea su mayoría en la comisión de presupuesto para no dejar avanzar los proyectos. Luego de un año de acercamientos infructuosos es el peor momento posible para aprobar una mayor carga de impuestos para los bogotanos a poco más de un mes para las elecciones de senadores y representantes a la Cámara.

Si tanto al Alcalde como a los concejales les conviene la construcción y el mantenimiento de obras públicas por toda la ciudad, ¿cuál es la razón del bloqueo continuado de la coalición mayoritaria a los paquetes tributarios de Mockus? El factor electoral tiene un peso considerable ante los acuerdos políticos entre concejales para llegar al Congreso; no obstante la mayor queja de la coalición mayoritaria a la administración es la negativa de negociar puestos y contratos a cambio de apoyo. “Más que el momento electoral, el ambiente está en contra del proyecto de impuestos porque Mockus no les da puestos”, afirmó un concejal.

Es paradójico que los habitantes de la capital escojan, en un ataque de ‘esquizofrenia’ política, a un independiente como Mockus a la Alcaldía y a políticos tradicionales y clientelistas al Concejo. El resultado es el evidente y peligroso bloqueo de las relaciones y se refleja en el trámite accidentado de la reforma. En resumidas cuentas, más allá de las interpretaciones técnicas de los expertos, aumentar los impuestos de una ciudad es una decisión política y depende del grado en que se quieran ampliar los beneficios públicos y que debe tener en cuenta los efectos sobre empresarios, comerciantes y ciudadanos.

El juez Oliver Wendell Holmes afirmó en 1904: “Los impuestos son el precio que hay que pagar por una sociedad civilizada”. Los 14 concejales de la comisión de presupuesto tendrán que pensar bien si les conviene más para su futuro político contribuir a la construcción de esa sociedad o responder a los intereses de sus aliados políticos, quienes están en plena campaña. Y para los ciudadanos empieza a quedar claro que la mayoría de los concejales que han elegido parecen menos interesados en la sostenibilidad de la calidad de vida de la capital y más en la propia.
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