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| 12/13/2014 10:00:00 PM

País embotellado

El problema de la movilidad dejó de ser un asunto exclusivo de Bogotá y se trasladó a las principales ciudades del país, que ahora requieren la ayuda del gobierno para salir del embudo.

El sábado pasado, cuando comenzaba el puente de las velitas, la salida de Bocagrande en Cartagena colapsó por una gigantesca fila de carros que bordeaba esta parte de la bahía. Aunque nunca se había presentado un trancón así, los vecinos no se sorprendieron. La movilidad de La Heroica ha venido empeorando tanto, que según Cartagena Cómo Vamos, un ciudadano puede demorar 68 minutos para llegar al trabajo.

Ese panorama se repite en varias de las ciudades del país. En Barranquilla, las obras y el aumento de carros tienen una parte de la movilidad asfixiada. En Medellín, las horas pico se han extendido a casi todo el día y los ‘tacos’ en El Poblado son el pan de cada día. Entre tanto, las obras para descongestionar el tráfico se encuentran paradas desde hace más de un año por una acción popular que busca proteger 132 árboles. El problema ha llegado al punto de que el alcalde Aníbal Gaviria ha calificado la situación de alarmante. Ese mismo caos también afecta a ciudades más pequeñas como Sincelejo, Montería, Armenia o Pereira.

Tres factores explican el caos del tráfico. El primero es que el parque vehicular se duplicó en los últimos años, mientras las vías siguen siendo prácticamente las mismas. Entre 2004 y 2012, el número de automotores pasó de 2,8 a 4,6 millones. Y el caso de las motos es más dramático. En el mismo lapso se multiplicaron por tres, al pasar de 1,5 a 4,6 millones. En varias ciudades se han convertido en el principal medio de transporte, incluso por encima del servicio público. Y no pocos acusan a los motociclistas de ser los principales causantes de los atascos y de los accidentes que obstruyen la movilidad.

Pese a este incremento, en gran parte debido al boom económico que le permitió a miles de personas acceder a un vehículo propio, lo peor es que la tasa de motorización en Colombia sigue siendo baja en comparación con otros países del continente. Según un estudio de Fedesarrollo, en el país hay 100 vehículos por cada 100.000 habitantes mientras que en América Latina esta cifra se ubica por encima de 193. De ahí que el principal problema no sea el crecimiento del parque automotor sino el estancamiento en la construcción de vías para que circulen.

El caso de Bogotá es emblemático. Entre 2002 y 2014 entraron 1 millón de vehículos sin que se haya construido un kilómetro de vías. Este hecho, sumado al deterioro de la malla, las demoras en las obras y el colapso de TransMilenio, ha hecho invivible a la capital. Mientras la Alcaldía y la Nación les apuestan al metro y a nuevas troncales de TransMilenio, los bogotanos también quieren más autopistas, algo que parece no ocurrirá en el periodo del alcalde Gustavo Petro.

El segundo factor es la crisis que atraviesan los sistemas masivos en el país. A pesar de que desde 2000 la Nación ha invertido más de 7 billones de pesos en ponerlos en marcha, los que ya arrancaron como los de Cali, Barranquilla o Pereira tienen serios problemas. Y en otras ciudades, como Cartagena, no ha rodado el primer bus a pesar de que las obras comenzaron en 2006. Aun así, el gobierno le seguirá apostando a este modelo. Para 2020, según el Departamento Nacional de Planeación, se invertirán 8,5 billones de pesos para consolidar esta apuesta.

El tercer factor, la falta de cultura ciudadana y de autoridad, sigue siendo el mayor obstáculo. El desorden para recoger y dejar pasajeros o mercancías, el irrespeto permanente a las normas de tránsito, la falta de andenes y la imprudencia hacen que las escasas vías se conviertan en un infierno.

La suma de estos factores se traduce en el deterioro de la tranquilidad y la calidad de vida de los ciudadanos, y que tiene efectos sobre la economía del país. Según un cálculo de Fenalco, los trancones generan pérdidas por 3,9 billones de pesos al año.

Se requiere, sin duda, que el gobierno promueva políticas de corto, mediano y largo plazo. Pero sobre todo, que los colombianos pongan de su parte para que transportarse dentro de las ciudades deje de ser un calvario cotidiano.
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