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| 11/11/1996 12:00:00 AM

PAISA, POETA Y POLITICO

El nombre de este joven y multifacético gobernador ya suena para más altos destinos.

Lo primero que llama la atención sobre Alvaro Uribe Vélez es su cara de niño. Teniendo en cuenta la imagen que está proyectando como un hombre de mano dura, su apariencia física es un gran contraste. Detrás de sus modales de muchacho bien educado hay un hombre de mucho talento, una disciplina férrea y grandes ambiciones. En estos momentos en que los colombianos son pesimistas y no creen prácticamente en nada, él es exactamente lo contrario. Irradia un gran optimismo y tiene profundas convicciones, que contagia automáticamente a sus interlocutores. Es un hombre que siempre habla en serio. 'Trascendental' sería la palabra más adecuada para describirlo. El mismo se autodefine como 'cansón', por su indiferencia a la frivolidad y el chisme. Pero si bien puede no ser la persona más entretenida para tener en una fiesta, su seriedad impresiona. Tiene una cultura muy poco común para estas épocas. Es un poeta frustrado y un experto en folclor antioqueño. Es un gran estudioso y conocedor de la historia colombiana y diserta sobre el tema como una versión 'sardina' de Abelardo Forero Benavides. Cita de memoria frases enteras de discursos de Uribe Uribe, López Pumarejo, Jorge Eliécer Gaitán y Alberto Lleras. Cuando le falla la memoria tiene que recurrir a la billetera, en la cual guarda algunas de estas frases como compañeras permanentes. Frases de presidentes conservadores no hay. Si intelectualmente es trascendental, políticamente está pasado de moda. Es liberal a la antigua. Cree en el liberalismo con el mismo fervor que se tenía en Colombia en los años 30 ó 40. Vibra y se emociona cuando habla de los logros de su partido en los últimos 100 años como si fueran propios. Político vitalicio Uribe Vélez nació el 4 de julio de 1952 en Medellín, en el hogar de Alberto Uribe y Laura Vélez de Uribe. Fue el primero de cinco hijos, y desde muy niño se reveló como un político en potencia. Dicen que cuando apenas comenzaba sus estudios le preguntaron qué quería ser cuando grande. Contestó: presidente de Colombia. Y que cuando le preguntaron lo mismo a uno de sus hermanos dijo: hermano del presidente. Ya lo había convencido. Paralela a su amor por la política es su fascinación por los caballos, que montó con gran destreza desde sus primeros años. Cuando vivía en Bogotá, después de las ocho de la noche se iba a las afueras de la ciudad a la finca de un amigo a adiestrar caballos. Andaba con un galápago en el baúl del carro. Es reconocido, además, como un ganadero de avanzada tecnología, innovador, eficiente y líder en ceba intensiva. Desde cuando asumió como gobernador, todos los días entre las 5:00 y las 5:30 a.m. habla con la finca y maneja todos los asuntos por teléfono. Luego trota en máquina, ya que por razones de seguridad no lo puede hacer en las calles. Es uno de los pocos momentos que pasa en su hogar. Los rigores de la vida pública no le permiten dedicar todo el tiempo que él quisiera a su esposa Lina Moreno, con quien se casó en diciembre de 1979, ni a sus hijos Tomás, de 15 años, y Jerónimo, de 12. Estos lo apoyan activamente en su carrera. Uribe Vélez hizo sus primeros pinitos políticos en el bachillerato del Instituto Jorge Robledo, donde se convirtió en voceador de votos de las juventudes liberales. Luego estudió derecho en la Universidad de Antioquia, de 1970 a 1974, en una época de gran convulsión social. Allá militó en el liberalismo progresista como una opción diferente al marxismo, que en ese momento era la ideología predilecta de sus compañeros, y participó como minoría contra las tendencias del movimiento estudiantil. Según Uribe, "el haber vivido en la universidad pública en condiciones de minoría ideológica fue una experiencia excelente que me preparó para el futuro". Lealtad ante todo A pesar de sus escasos 24 años, durante el gobierno de Alfonso López Michelsen fue nombrado secretario general del Ministerio de Trabajo. Gracias en parte a su exitoso desempeño en ese cargo, el presidente Julio César Turbay lo nombró director de la Aeronáutica Civil en 1980, en reemplazo de Fernando Uribe Senior, quien había sido asesinado. Turbay le encomendó impulsar la terminación de los aeropuertos de Medellín y Barranquilla. Su gestión terminó el 6 de agosto de 1982. Su carrera política ascendente tendría irónicamente una pausa en diciembre de 1982, cuatro meses después de ser nombrado alcalde de Medellín por el presidente Belisario Betancur. El gobernador de la época, el conservador Alvaro Villegas, exigió la destitución de dos funcionarios del gabinete municipal, entre ellos la de Ramiro Valencia Cossio. Uribe Vélez se opuso por solidaridad y prefirió renunciar a la alcaldía. Los vaivenes de la política: Valencia Cossio es hoy uno de los principales críticos de la administración del gobernador y Villegas uno de sus aliados. Alvaro Uribe Vélez nunca olvidará el día en que le informaron, en 1983, que su padre había sido asesinado por las Farc. A pesar del golpe emocional que le significó esa muerte, participó en la Comisión de Paz del presidente Betancur, convencido en ese entonces de las bondades del diálogo. Años después colaboraría en la reinserción de los guerrilleros del M-19 en Antioquia. Algunos han llegado a vincular su actual política de mano dura con el asesinato de su papá. Uribe Vélez siempre había sido conocido como un hombre de centroizquierda. Su respaldo a las cooperativas de seguridad Convivir y su política de mano dura contra la guerrilla en el departamento han transformado su imagen. Es visto hoy por muchos como un guerrero y militarista que ha renunciado a sus ideales. Para Uribe, lo que ha habido es una evolución de los hechos. "En 1988 tenía una imagen muy fresca de los guerrilleros de la universidad _explica_. Eran marxistas respetables que pensaban que la Revolución Cubana era un gran modelo para América Latina. Sin embargo, la guerrilla siempre sacó disculpas para negarse a un diálogo efectivo. Hoy controla el 80 por ciento del narcotráfico. Con sus acciones le niega al país la posibilidad de un gran desarrollo. Uno se convence que para dialogar hay que confrontarla con determinación y autoridad". El Estado comunitario Debido a la tragedia familiar, Uribe Vélez tuvo que aplazar sus planes de estudio en el exterior, los cuales sólo se cumplirían en 1991 en la Universidad de Harvard, donde estudiaría una materia muy propia de su personalidad: negociación de conflictos. El año 1983 significó su ingreso definitivo en la política. Creó el Instituto de Estudios Liberales y al año siguiente encabezó una lista para el Concejo de Medellín de Bernardo Guerra Serna, el barón electoral del departamento. En poco tiempo, sin embargo, afloraron diferencias entre los dos sobre el manejo que Guerra le estaba dando al Directorio Liberal de Antioquia. En 1985 Uribe lanzó una lista disidente. Para muchos, enfrentarse a Guerra era un suicidio político. El viejo zorro de la política antioqueña una y otra vez dejaba tendido en la lona al que se atreviera a desafiarlo. Uribe silenció a los escépticos al ser elegido con 39.000 votos. Luego sería reelegido en 1990 con 90.000 votos y en 1991, estrenando circunscripción nacional, con 65.000 votos. En el Senado participó activamente como ponente de los dos proyectos más importantes de política social del gobierno del presidente César Gaviria: la Ley 50 de 1990, que modernizó la legislación laboral, y la Ley 100 de 1993, que cambió el sistema de seguridad social. Ambas reformas llevaban años en el tintero por ser muy impopulares. Uribe Vélez no sólo apoyó esas normas sino que desde cuando asumió la gobernación en enero de 1995 ha impulsado decididamente la ejecución de la Ley 100 en los 124 municipios de Antioquia. Uribe Vélez formó equipo con Ernesto Samper y siempre lo respaldó en las consultas liberales. Incluso cuando Luis Carlos Galán le propuso unirse a su movimiento rehusó hacerlo por lealtad con Samper. Se distanciaron, sin embargo, en la campaña presidencial de 1994, cuando el candidato se abstuvo de apoyar la Ley 100. En una manifestación en Bello fue sometido al desaire de tener que escuchar en la tarima, al lado del candidato, toda clase de críticas a su proyecto, sin que le dieran acceso al micrófono para defenderlo. Aunque no tuvo lugar un rompimiento público con su jefe, el hoy Presidente, la relación se enfrió. Ahora, durante el proceso 8.000, ha sido criticado por algunos sectores en Antioquia por su discreción en la crisis política. El se defiende, asegurando que su obligación como gobernador es obrar ante todo por el bien del departamento y eso es lo que está haciendo. Uribe Vélez se define hoy como un promotor del Estado comunitario. Atrás ha quedado su confianza en el Estado banquero o benefactor después de observar las experiencias de Francia y de México. "Lo importante _dice el gobernador_ es cómo se gastan los recursos". Y pone como ejemplo el nuevo programa ideológico del Partido Laborista británico: "Mejorar la eficiencia debe ser una prioridad, al igual que asegurarse que el gasto público llegue a los grupos a los cuales busca beneficiar".
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