Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1985/04/29 00:00

PAJARO DE MAL AGUERO

¿Falla técnica o humana la causa del accidente de Satena?

PAJARO DE MAL AGUERO

Según algunas leyendas indígenas "Marandúa" significa "pájaro de mal aguero". Esas leyendas parecen haberse confirmado en la mañana del jueves de la semana pasada, cuando un avión bautizado con ese nombre se estrelló contra un cerro de 400 metros de altura, en el sitio Montañitas, a pocos kilómetros de Florencia,en el Caquetá, dejando un saldo de 46 muertos. Se trataba de un aparato recientemente estrenado por la aerolínea estatal Satena, dedicada a servir los Territorios Nacionales, que había costado más de 150 millones de pesos y que apenas alcanzó a completar mil 700 horas de vuelo.
Desde que se conocieron los primeros detalles de la tragedia, la impresión de que lo sucedido era poco menos que absurdo se dejó sentir en las declaraciones de las autoridades aeronáuticas. "No entendemos que pudo haber pasado", era la frase que repetia una y otra vez a los periodistas de radio que lo interrogaban, el gerente de Satena, general Alberto Guzmán. En efecto, las informaciones iniciales permitían establecer que el piloto, mayor Jairo Orozco, había salido a las 8 de la mañana de Bogotá, haciendo una escala en Neiva, antes de llegar a San Vicente del Caguán, de donde salió rumbo a Florencia a las 9 y media de la mañana, pese a que el centro del control del aeropuerto de la capital de Florencia habia ordenado el cierre de sus operaciones por "malas condiciones atmosféricas".
Una fuente de Aerocivil dijo a SEMANA que "ningún piloto puede despegar en un avión rumbo a un destino que, en esos momentos, no está disponible para una maniobra de aterrizaje". Pero el mayor Orozco despegó de San Vicente, pese a que el terminal aéreo de Florencia estaba cerrado. Surgen dos opciones: o estaba enterado de ese cierre y su actitud no tiene explicación, o fue mal informado lo que también resulta difícil de entender.
Pero no es éste el único punto sobre el cual hay discusión. Otro tanto sucede con el número de pasajeros que venían en el aparato y que fallecieron tras el accidente. Los diferentes periódicos del viernes no se pusieron de acuerdo sobre el total de muertos. El Tiempo habló de 40, mientras El Espectador se limitó a registrar 39. La radio barajaba cifras distintas y los noticieros de televisión en la noche, citando fuentes de las comisiones de rescate que trabajaban en el lugar de accidente, hablaban de 46 muertos. Esto parecía indicar que, como ha sucedido en muchos otros casos, el registro de los pasajeros que había abordado el avión no era exacto y que algunos viajeros se encontraban en el aparato sin que sus nombres hubieran sido anotados en los documentos de abordaje de la aerolínea.
El dato más sobrecogedor respecto a los pasajeros es el testimonio de la única testigo del accidente, una campesina de la zona llamada Domitila Acosta, quien asegura haber escuchado gritos después de que el avión se estrellara y antes de que estallara en llamas. Según la testigo, el avión venía volando muy bajo y echaba humo, antes de estrellarse contra la montaña. Pasaron unos segundos, se escucharon algunos gritos y luego dos explosiones que hicieron volar en pedazos el aparato.
Esta información parece en un principio muy valiosa para los investigadores del accidente, pues revelaría que la causa no habría sido el mal tiempo, sino una falla técnica en el avión que se habría manifestado con el humo que la testigo asegura haber visto antes de que el aparato diera contra el cerro. Claro que el humo podía ser producto de un roce inicial con árboles o un cerro cercano, pero todo esto sólo se aclarará cuando culmine la investigación y se revelen sus conclusiones.

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