Jueves, 19 de enero de 2017

| 2006/02/12 00:00

Palabra que no

Con las últimas denuncias, los veinte años de la toma del Palacio de Justicia, y pugnas en el Polo, Navarro pasa por un momento difícil. Pero no se da por vencido

Antonio Navarro considera que está pasando 'una semana de pasión'. Al final, sin embargo, el Polo lo apoyó.

Antonio Navarro está en su mala hora. "He tenido una semana de pasión", dice, a causa de una acusación que le hizo el periodista Alberto Giraldo, en su polémico libro póstumo Mi verdad. Afirma que recibió donaciones de los hermanos Rodríguez Orejuela, en sus campañas a la Presidencia y a la Asamblea Nacional Constituyente en 1990. Cincuenta millones para cada una, en billetes de 5.000 pesos. Agrega que los contactos los hizo "una veterana periodista que se había vinculado al M-19", y que los enlaces entre Navarro y el cartel se habían generado por la amistad entre el padre del primero con Gilberto Rodríguez. Una hermana de Gilberto y Miguel había sido su secretaria. Después de 48 horas, Navarro anunció la suspensión de la candidatura y la conformación de un tribunal de honor que debe revisar los señalamientos y emitir un fallo. Su partido, el Polo, rechazó el miércoles la idea de la detención de la campaña. Y el tribunal será anunciado esta semana, después de varios intentos fallidos por incluir a varias personalidades que han escurrido el bulto. Estará conformado por un abogado, un empresario y alguien que ejerza un cargo de elección popular. Hasta el momento sólo Mauricio Vargas, el director de Cambio donde Navarro publica una columna semanal, ha aceptado formar parte de la comisión. Navarro Wolf puede salir bien librado. El jueves de la semana pasada, Santiago Giraldo, hijo del autor del libro, llamó a La W radio y dijo que nunca le había escuchado a su padre la versión y agregó que el libro había sido manipulado. ¿Quién pudo hacerlo? ¿A quién le interesaría? El senador afirma que la familia Rodríguez está detrás. "Todos los días recibo información de que los Rodríguez Orejuela quieren darme golpes", le dijo Navarro a SEMANA. ¿Qué buscarían? ¿Por qué atacar a este senador si, en general, están en plan de no casar muchas peleas? Aunque todavía no hay respuestas definitivas para estas decisivas preguntas, para Navarro son preferibles que la inculpación a secas de haber recibido la plata. En la época en que sucedieron los hechos, además, era poco probable que el M-19 acudiera a esta fuente de financiación. Ante la grave situación de orden público, el gobierno saliente de Virgilio Barco dictó decretos de estado de sitio para asignarles a los candidatos tiempo en televisión, dinero para las campañas y cuñas. La financiación no era un problema demasiado complejo, especialmente para una opción de opinión y poca maquinaria, como la de Navarro en ese entonces. Pero una cosa es la credibilidad sobre las insinuaciones incluidas en el libro del 'Loco' Giraldo y otra, muy distinta, los efectos políticos del debate. El incidente surge en un momento muy inoportuno. La semana entrante se cumplirá el vigésimo aniversario de la toma del Palacio de Justicia, que seguramente hará revivir los sentimientos negativos de la opinión pública hacia sus autores. Navarro salió mal librado del enfrentamiento que tuvo hace exactamente un año con el presidente Uribe sobre la posible alianza entre el Eme y los narcos para llevar a cabo el atentado. Hoy su imagen negativa alcanza 38 por ciento, una de las más altas del país. La gran pregunta es si la polémica afecta los planes electorales del candidato del Polo. Desde el punto de vista de la imagen, el episodio sólo puede ser negativo. Sin embargo, para la mecánica electoral, ha habido efectos favorables. En especial, la convergencia de apoyos dentro del Polo ha servido para poner en segundo plano, al menos por el momento, los conatos de división, las disputas por la conformación de las listas y las versiones de que hay un gran distanciamiento entre Navarro y Gustavo Petro. A la larga, todo dependerá de la manera como el Polo maneje la crisis. Navarro sabe que tiene que recuperar confianza. Volver, precisamente, al lema de la primera campaña: 'Palabra que sí'. En este caso, en relación con el dinero del cartel de Cali, tendrá que lograr que le crean que: 'Palabra que no'.

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