Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2015/12/15 20:22

Otro testigo que parece comprometer a Plazas Vega

Aun cuando el coronel (r) no está siendo investigado por casos de tortura, se conoció el testimonio de otra probable víctima del oficial que espera una decisión de la Corte Suprema.

En su declaración, el hombre dijo haber sido tomado como rehén por parte de los rebeldes que irrumpieron en el emblemático edificio. Foto: Archivo SEMANA

La Corte Suprema de Justicia está a punto de tomar una decisión en torno al coronel (r) Alfonso Plazas Vega por la desaparición de civiles que se produjo durante el holocausto del Palacio de Justicia. Sin embargo, se han conocido nuevas declaraciones de testigos de esos hechos que parecen dejar mal parado al oficial.

La semana pasada se conoció la declaración de un ciudadano que dijo haber oído al oficial (r) ordenando trasladarlo al lugar donde, dice, fue torturado por militares. Ahora se conoce el testimonio de otra presunta víctima que parecería apuntar a la misma dirección.

La versión es del exconductor del hijo de un consejero de Estado de la época. Tuvo lugar en diligencia programada por la Fiscalía Cuarta Delegada ante la Corte Suprema de Justicia, encargada de investigar los probables excesos en los cuales incurrió la fuerza pública durante el operativo de recuperación del Palacio de Justicia.

Se encontraba en el sótano del Palacio, junto a otro grupo de conductores, cuando fue sorprendido por el asalto. Un comando armado del M-19 se tomó el complejo judicial donde se debatían las decisiones de más alta trascendencia que estaban a cargo del poder jurisdiccional. El miedo sería el principal protagonista de la dolorosa jornada.

En su declaración, el hombre dijo haber sido tomado como rehén por parte de los rebeldes que irrumpieron en el emblemático edificio. Después de horas de tiroteo y cuando se apagaron las llamas que acabaron con gran parte de la infraestructura, al día siguiente, los insurgentes lo liberaron. Cuando pensó que el horror había terminado fue cuando realmente empezó a vivir un verdadero calvario.

Su traslado a la Casa de Florero, donde funcionaba el centro de operaciones de la fuerza pública, no fue precisamente su carta de salvación. Una vez allí, como ninguno de los liberados logró reconocerlo, fue conducido al segundo piso, donde permaneció varias horas bajo la vigilancia de soldados.

En el lugar al que fue conducido permanecía una dama celosamente custodiada por otro militar. Dice haber sido testigo de cómo el uniformado le permitió hacer una llamada a la muchacha, a cambio de una joya y el pago de una suma de dinero en efectivo. Fue entonces cuando, molesto, hizo presencia un militar delgado de bigote.

Ese uniformado era el coronel (r) Luis Alfonso Plazas Vega. Según el testigo, el oficial (r) recriminó fuertemente al soldado por no mantener la vigilancia sobre la mujer. Después de verlos a los dos durante un buen tiempo, volvió a bajar, tras lo cual le ordenaron a él que volviera al primer piso. Allí lo esposaron y le cubrieron el rostro con una capucha para que no pudiera reconocer a sus captores, ni los sitios por donde lo conducían.

Después de transportarlo en un carro unos 20 o 30 minutos, lo condujeron a otro punto que, por obvias razones, no pudo reconocer, pero que parecía ser dentro de la ciudad. Tras caminar algunos metros, llegó a un lugar donde parecía haber arena blanca y un muy fuerte olor a excremento de caballo. Allí lo desnudaron y lo hostigaron física y verbalmente, acusándolo de guerrillero.

Una voz pronunció su nombre y fue su salvación. Cuando los soldados comprobaron su identidad, lo subieron a un automóvil en que lo trasladaron nuevamente a la Casa del Florero. Allí lo liberaron de sus ataduras y de la capucha que le impedía la visibilidad, no sin antes advertirle que debía guardar silencio sobre lo que acaba de ocurrir, si no quería tener problemas.

El testimonio ofrecido por este conductor no es el único que parece sugerir algún grado de participación del coronel Plazas en hechos de esta naturaleza. Hace ocho días, Semana.com reveló la declaración de otro conductor que trabajaba para un magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Según él, fue el oficial quien ordenó su traslado al Cantón Norte, donde habría sido víctima de torturas y tratos intimidantes.

Al parecer, en ambos casos, la mediación de un consejero de Estado permitió que la situación no pasara a mayores. Luego de que el jurista efectuó llamadas a algunos mandos militares, los dos conductores pudieron retornar a sus hogares sanos y salvos, aunque con una zozobra que difícilmente ha dejado de acompañarlos a lo largo de estas tres décadas.

Cabe aclarar que el coronel (r) no tiene ningún proceso judicial por estos hechos. De momento, la única actuación que se sigue en su contra es la que tiene en su haber la Corte Suprema de Justicia. En ella se estudia la legalidad de la condena que se le impuso por desaparición forzada. En primera instancia fue responsabilizado por 11 víctimas, pero luego fue declarado culpable frente a sólo dos de ellas.

De hecho, el oficial está cerca de recuperar su libertad. Se sabe que seis magistrados, entre ellos el ponente, Luis Guillermo Salazar, son partidarios de su absolución. Sin embargo, el fiscal Eduardo Montealegre dijo el viernes pasado que no se descartaba iniciar una nueva indagación contra el excomandante de Caballería.
Veremos si los testimonios son lo suficientemente contundentes para el investigador a la hora de tomar una determinación. Por ahora, es evidente que no lo son, pues frente al caso fueron llamados a indagatoria 14 uniformados retirados, entre los cuales no se cuenta Plazas Vega.  

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