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| 7/1/2016 10:34:00 PM

“Cada día tenemos más dudas de qué sucedió con mi papá”

Por tres décadas los familiares del magistrado auxiliar Emiro Sandoval, creyeron haberlo enterrado, tras haber muerto en los hechos del Palacio de Justicia. Ahora, Medicina Legal les dice que en su ataúd estarían los restos de otras tres personas.

Amelia Mantilla fue una de las primeras personas que entraron al Palacio de Justicia ese trágico noviembre de 1985. Llegó al día siguiente de la finalización de la toma buscando a su esposo, el magistrado auxiliar Emiro Sandoval Huertas, mano derecha del presidente de la Corte Suprema de aquel entonces, Alfonso Reyes Echandía, y quien se encontraba con él en ese momento. Todavía recuerda al detalle esa escena dantesca y la sensación de vacío que se sentía en cada paso. Tuvo ese mismo sentimiento la mañana del jueves de esta semana, cuando más de 30 años después, la Fiscalía la citó con su hija Alexandra para informarles sobre los primeros resultados de la exhumación de la tumba que hasta hace poco correspondía a la de su esposo y padre.

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Según les dijeron, el dictamen de Medicina Legal es parcialmente concluyente. Los restos que se encontraban en el ataúd de Emiro Sandoval no pertenecen a él. La entidad encontró que allí pueden estar al menos tres personas diferentes y logró determinar que estarían los restos de dos individuos y un fémur que no corresponde a ninguno de ellos.
 
Hasta el momento no hay claridad de quiénes podrían estar allí. Se sabe que al menos uno de los cuerpos y el fémur encontrado no son de Sandoval y que la tercera persona que también reposa allí aún no ha podido ser analizada por la imposibilidad de abstraer ADN del mismo. También se sabe que el ADN de ninguno de los dos primeros restos coincide con alguna de las personas que se han tenido como desaparecidas en este episodio.

Foto: Archivo familiar

Identificar los restos de las víctimas del Palacio de Justicia se ha convertido en una tarea titánica, en especial porque este ejercicio se está dando tres décadas después de los hechos. Medicina Legal actualmente sólo cuenta con las muestras de ADN de 37 familias. Por eso, por ejemplo en el caso de Sandoval, no tienen cómo concluir si los restos encontrados en su tumba podrían coincidir con los cuerpos de otras víctimas de esa tragedia que también podrían estar mal identificadas.

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Por eso, Alexandra les ha pedido a los familiares de quienes han muerto en el Palacio, incluidos magistrados, funcionarios, guerrilleros y militares, que entreguen su ADN a Medicina Legal.
 
“Sabemos que no es fácil, pero es muy importante para poder saber a quiénes corresponden los cuerpos que han sido encontrados. Y a su vez para poder entregarlos a sus verdaderas familias. Yo les pido a todos que se presenten, así no tengan dudas sobre la identificación de sus familiares.  Mientras más completo sea el banco de datos de Medicina Legal, será más fácil que todos encontremos respuestas. Lo que nos pasa a nosotras se puede repetir en otros casos”, sostiene.
 
Durante más de tres décadas, los familiares de las víctimas de la toma del Palacio de Justicia han tratado de encontrar la verdad de lo que sucedió esos dos días. Sin embargo, quizás esta verdad, tan esquiva y difícil, no se había asomado tanto como en los últimos años.
 
La Fiscalía y Medicina Legal adelantan una serie de investigaciones que buscan determinar quiénes son las personas que están hoy enterradas y quiénes definitivamente faltan. En ese ejercicio el año pasado se encontraron los restos de tres desaparecidos. Lo que fue un alivio para unas familias es el comienzo de un nuevo duelo para otras.
 
Alexandra considera que “parte de lo que dificulta este proceso es saber que quieren utilizar lo que está pasando con nuestros muertos para intentar desvirtuar la existencia de los desaparecidos del Palacio. Dos cosas ocurrieron y son una verdad innegable, hay gente que salió viva y nunca llegó a su casa, así como hay otros que fueron asesinados adentro y nunca llegaron a su tumba”.
 
La familia Sandoval Mantilla lleva más de un año en ese proceso, pero décadas intentando tener respuestas. “Es muy duro para una familia que durante 30 años visitó una tumba que le comuniquen que ha estado equivocada todo este tiempo, pero más duro habría sido permanecer en la mentira. Esto nos ha dado fuerzas para seguir buscándolo a él y a la verdad”, dice su hija Alexandra.
 
El camino a la verdad   


 
No ha sido fácil responder a esos interrogantes. La búsqueda de Amelia y Alexandra comenzó el mismo día de la tragedia. El 6 de noviembre de 1985, el país había visto estupefacto como el M-19 se había tomado el Palacio de Justicia, cómo el Ejército lo había rescatado con tanques a sangre y fuego y cómo el Gobierno había censurado la radio. Amelia había pasado la noche en vela porque su esposo estaba adentro.
 
El penalista era no sólo la mano derecha de Reyes, sino uno de los egresados más destacados de la Universidad Externado. Aunque las noticias sólo hablaban de su jefe, quien había suplicado al aire un cese al fuego, ella sabía que su destino en esa toma estaría ligado indisolublemente a él. Por eso, cuando la radio confirmó la muerte de Reyes, perdió la esperanza de encontrar vivo a Emiro.
 
El amor que se tenían los dos era profundo y sin matices. Se admiraban mutuamente desde cuando estudiaban derecho y habían construido una familia, con su hija, que en ese momento tenía tres años. Emiro se había ganado una beca para ir a estudiar un doctorado en criminología en Alemania, en donde Alexandra había pasado sus primeros años. Cuando fue nombrado magistrado Reyes, quien había sido su profesor, le propuso a Sandoval volver y acompañarlo en ese trabajo. A sus 33 años ya era un profesor reconocido, tenía tres libros y se había convertido en una autoridad que todavía hoy muchos citan y recuerdan en el mundo del derecho penal.   
 
Amelia se fue para la Corte Suprema y subió a buscarlo. “Entré por donde entraban los tanques. Vi cómo bajaban los cuerpos calcinados y luego como los lavaban. Parece increíble, pero eso hicieron: con mangueras lavaron los baños, con un único propósito de desaparecer las pruebas…”, cuenta.
 
Poco tiempo después de salir del Palacio, de la funeraria Gaviria la llamaron a avisarle que ya estaban los restos de su esposo. A todos los familiares de los magistrados les entregaron a su familiar en un ataúd sellado. A Amelia le advirtieron que no le recomendaban abrirlo porque por el incendio que había llegado al cuarto piso de la Corte, el cuerpo estaba calcinado. Le aconsejaron mantener el mejor recuerdo que guardara de él, en vez de verlo en esas circunstancias.
 
Por eso, cuando hace más de un año la Fiscalía buscó a ella y a su hija para volver a identificar el cuerpo, Amelia le encontró lógica a ese proceso. Desde ese día que fue a la Corte, ella siempre supo que nada podía salir bien de ese caos. Hoy se sabe que el levantamiento de los cadáveres no fue riguroso,  por no decir que se hizo muy mal.

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“La búsqueda de la responsabilidad de lo que pasó en el Palacio se ha centrado en estos años principalmente en el actuar desmedido y criminal del M-19 y de los militares que participaron en la retoma, pero lo cierto es que también se debería investigar la responsabilidad de los civiles que estuvieron involucrados en las decisiones de esos días. Por ejemplo: ¿Cómo es posible que Medicina Legal haya entregado los restos de al menos tres personas como si fueran los de mi papá? Para mí esto no es el resultado de un error producido por el caos de esos días, cada día me convenzo más de que las irregularidades en la entrega de los cuerpos son sólo una muestra más de un decisión consciente de ocultar la verdad de los hechos ocurridos”, expresa Alexandra.
 
Los abogados que conocían a Sandoval cuentan que él fue uno de los primeros penalistas en el país que defendió la necesidad de que el derecho penal no se centrara en los delincuentes, sino en las víctimas. Ahora cuando Colombia está ad portas de firmar la paz, la experiencia del Palacio de Justicia muestra los grandes errores que se deberían evitar. Y el enorme esfuerzo que se debe hacer para que se conozca la verdad a su debido tiempo.  

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