Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2015/11/06 21:00

“Que cese el fuego” piden de nuevo desde la Corte Suprema

Con estas palabras, el presidente de la Corte Suprema, Leonidas Bustos, trató de documentar por qué la justicia sigue estando sitiada, como hace 30 años.

Presidente de la Corte Suprema, Leonidas Bustos. Foto: Archivo particular

“Que cese el fuego”, dijo el presidente de la Corte Suprema, Leonidas Bustos, en lapidaria evocación de las palabras con las que el pueblo colombiano recuerda a su inmolado homólogo Alfonso Reyes Echandía. Para él, ya no con las armas, la justicia sigue igual de amenazada que hace 30 años.

Aunque no hizo referencia explícita a lo que quiso retratar con su evocación, la sentencia de Bustos parece inequívoca: un poder público amenazado por varios estamentos sociales. Por eso pidió a la sociedad rodear a sus jueces, ante la arremetida de la que, según parece leerse en sus palabras, viene siendo víctima la rama jurisdiccional.

“Señor presidente, una vez más como hace treinta años le exigió angustiosamente nuestro presidente de la Corte Suprema de Justicia al presidente de aquel entonces, pido ahora, para el bien de Colombia: cese al fuego”, dijo eufórico el togado.

En su discurso, dejó ver que la situación que hoy vive la justicia no está lejana de los hechos luctuosos que se conmemoran este viernes y sábado. Para él, la fuerza de las armas que con toda su furia se desató esos días contra el Palacio de Justicia es equiparable a la que viven hoy las instituciones que en él operan.

El jurista aprovechó su turno al micrófono para saludar a los familiares de las víctimas y honrar la memoria de sus seres queridos. Se mostró satisfecho por encontrar en este acto la oportunidad para que la institucionalidad se congraciara con personas que por décadas han vivido el lastre de llorar a los muertos que aparecieron, como a los que no. Para él, es el momento de reconocer, pedir perdón y reconciliarse.

El escenario no fue igual de constructivo para algunos de los familiares de los desaparecidos. "¿Cómo perdonar a quien no ha pedido perdón?", se preguntó indignado Héctor Beltrán, padre de una de las víctimas. Para él, esa posibilidad seguirá siendo remota, mientras el presidente de la época, Belisario Betancur y sus ministros no le expliquen al país lo que realmente ocurrió en las 27 horas que duró la toma.

Don Héctor, papá del desaparecido Héctor Jaime Beltrán, no se cansó de reclamar justicia y verdad. A nombre propio y el de los demás familiares, sostuvo que siguen sin explicarse el por qué quienes tenían el deber de defender la vida de los suyos no solo no lo hicieron. Los desaparecieron y luego se dedicaron a “empañar mancillar ensuciar y agredir la memoria” de los suyos.

En similar sentido se expresó Alejandra Rodríguez, quien solo contaba con un mes de nacida cuando su padre, que administraba la cafetería del Palacio de Justicia, se convirtió en uno de los 11 desaparecidos. Se mostró frustrada por tantos años de silencio de las instituciones. Para ella es inadmisible que haya tenido que mediar una condena internacional, como la que le impuso la CIDH al Estado colombiano, para que los estamentos oficiales se vieran forzados a reconocer su responsabilidad por estos dolorosos hechos.

"Por nuestros muertos ni un minuto de silencio", dijo Alejandra en alegoría a la memoria de su papá, Carlos Augusto Rodríguez. Como don Héctor, reconoció la labor decidida de los familiares, que durante tres décadas se han negado a renunciar a su búsqueda.

Con la intervención de otros familiares y la del presidente del Consejo de Estado, Luis Rafael Vergara, continuó el acto. Sus palabras, en las que resaltaron la honra y la memoria de los caídos, fueron el preludio del discurso de cierre, en el que el presidente Juan Manuel Santos pidió perdón en nombre del Estado, por la desaparición y muerte de los civiles que murieron durante la recuperación del Palacio.

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