Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2015/11/07 22:00

Palacio de Justicia: un perdón que tardó 30 años

El acto de contrición del presidente Santos y de Belisario Betancur tiene mucho valor, pero también grandes ausencias.

El presidente Juan Manuel Santos aseguró que hace 30 años se “sacrificó a la Justicia y a sus más altos magistrados”. Foto: Carlos Julio martínez

Habían pasado 30 años y sin embargo, la tragedia del Palacio de Justicia se vivía como si fuera ayer. Algunos familiares de las víctimas lloraban desconsolados. Los parientes de los desaparecidos llegaron con sus camisetas estampadas con el rostro de sus seres queridos. Un conjunto de violines tocaba música clásica. Las columnas con fotos gigantes de los magistrados fallecidos y 13 sillas naranjas al frente del pódium rememoraban a quienes ya no están, algunos ni siquiera en sus despojos. Todo recordaba lo que pasó ese 6 de noviembre de 1985 que partió en dos la historia del poder judicial en Colombia.

La ceremonia, que convocó a cerca de 1.000 personas, no era solamente para recordar. El viernes pasado al mediodía, el presidente Juan Manuel Santos realizó un acto por el que muchas víctimas llevaban esperando 30 años. “Como jefe de Estado pido perdón, lo hago de corazón y no solo para cumplir una orden”, dijo el primer mandatario.

Durante semanas se había especulado si el propio presidente asumiría la obligación que le impuso la Corte Interamericana de Derechos Humanos al Estado colombiano de reconocer sus errores en la retoma del Palacio de Justicia. Como se sabe, la orden de recuperar el edificio emblema de la Rama Judicial de manos del M-19 produjo un desenlace fatal: un centenar de muertos, entre ellos 11 magistrados, más de una decena de desaparecidos, al menos una ejecución extrajudicial probada y un grupo de víctimas de torturas y tratos crueles. Por eso tenía tanto significado que el presidente y el pleno de sus ministros asistieran a ese mismo lugar donde hace 30 años se había presentado semejante tragedia.

Santos habría podido pedir perdón escuetamente para cumplir la sentencia, pero fue mucho más allá. “Aquí, hace 30 años, este edificio construido para impartir justicia fue escenario de horrores y atrocidades”, comenzó su discurso. Aseguró que él reconocía la responsabilidad del Estado por “la falta de esclarecimiento judicial de los hechos, por el retardo injustificado en la administración de justicia, por las alteraciones a la escena del crimen, por las irregularidades en el levantamiento de los cadáveres, y por los múltiples errores en la identificación y entrega de los cuerpos”. Al final concluyó que “la cicatriz solo se irá borrando en la medida en que haya respuestas, verdad y compromiso por encontrar a los desaparecidos”.

Al otro lado de la ciudad, Belisario Betancur también hizo un acto de contrición. “Pido perdón porque hoy sé que mis actuaciones causaron inmenso dolor a los familiares de las víctimas y tanto dolor histórico al país, y reitero que haría cualquier cosa para aliviarlo”, escribió el expresidente en un documento que hizo público el viernes.

A pesar de lo que simboliza el perdón de Santos, el país siempre ha estado a la expectativa de lo que pueda decir el expresidente conservador. Aunque Betancur ha afirmado en múltiples ocasiones que solo contará lo que pasó en un libro a ser publicado después de su muerte, sus palabras dieron alguna esperanza. “Es visible, por tanto, que no he guardado silencio; que he atendido y continuaré atendiendo todos los requerimientos que la administración de justicia me ha hecho y que me haga en el futuro”, escribió.

Muchas víctimas esperan que el expresidente decida contarlo todo. Héctor Fabio Beltrán, padre de uno de los desaparecidos de la cafetería, dijo que “quienes deberían pedir perdón son Belisario Betancur, los ministros y la cúpula militar de entonces… No es razonable perdonar a quien no ha pedido perdón. Este requiere verdad, arrepentimiento y justicia”.

Lo mismo dijeron los hijos de los magistrados asesinados en un foro en la Universidad del Rosario. “La memoria necesita verdad porque solo se pueden recordar los hechos verídicos. Y eso precisamente es lo que se ocultó después de la toma. Y sin esta verdad no puede haber perdón”, dijo el exministro de Justicia Carlos Medellín, quien perdió a su padre en la toma. Agregó que para que las heridas se curen tienen que estar limpias y que ese proceso de sanación ha faltado en estos 30 años.

La Justicia seguramente seguirá construyendo esa verdad que tanto desean las víctimas, aunque tarde. Hace unas semanas la Fiscalía encontró los restos de tres de las desaparecidas: Cristina Guarín, Luz Amparo Oviedo y Luz Mary Portela. La identificación de los restos seguramente fue un descanso para sus familias, pero abrirá enormes heridas. Cada vez se hace más clara la necesidad de exhumar todos los cadáveres para establecer si cientos de colombianos han llorado al muerto equivocado.

Así mismo, también se acaba de abrir un nuevo capítulo para esclarecer las torturas que sufrieron una decena de personas, entre ellos los estudiantes del Externado Eduardo Matson y Yolanda Santodomingo. Por esto, 14 miembros de las Fuerzas Armadas fueron llamados a declarar. Eso sin contar con las sentencias del general Jesús Armando Arias Cabrales y el coronel Alfonso Plazas Vega que están a la espera de casación en la Corte Suprema. Así, aun con el perdón, las heridas del Palacio de Justicia seguirán abiertas.

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