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| 12/11/1980 12:00:00 AM

A Palacio

El nuevo secretario general de la Presidencia, Bernardo Moreno, es lo más parecido a Alvaro Uribe: trabajadicto, sobrio, trotador diario y se define como 'montañero'.

La precipitada renuncia de Alberto Velásquez como secretario de la Presidencia convirtió a Bernardo Moreno Villegas en el hombre idóneo para rematar los proyectos legislativos del gobierno, bajarles la temperatura a las tensas relaciones con los congresistas y sacar la reelección adelante. Será una carrera contrarreloj pero está acostumbrado al ritmo del presidente Álvaro Uribe, frente al cual varios ya tiraron la toalla.

"Aproveche para preguntarme lo que quiera porque a partir de esta semana seré como una tumba", dijo, haciendo gala de su fino sentido del humor. Bernardo Moreno, un cuyabro nacido hace 45 años, recibió una de las noticias más gratas de su vida cuando lo invitaron a trabajar con su amigo el Presidente. "Es una persona sobrada de lote, cálida, persistente, luchadora y honesta", dice Moreno, quien no disimula la profunda admiración que siente por el presidente Uribe. Se conocieron hace 10 años incursionando en la política y hoy Moreno corona una larga amistad que lo lleva a ocupar uno de los cargos más difíciles: secretario general de la Presidencia. Le toca desempeñar una de las tareas más desgastadoras y polémicas: ser el enlace entre el Ejecutivo y el Congreso. "Por fortuna aprendí de la política a entender a los políticos, dice. Entiendo sus angustias y sus problemas y lo complejo que es conseguir un voto". Lo vivió en carne propia hace cuatro años, cuando perdió las elecciones para gobernar el Quindío, pero luego se convirtió en el pilar fundamental de la campaña presidencial de Uribe en el Eje Cafetero.

Viene de la presidencia de la Financiera de Desarrollo Territorial, Findeter, y quienes han trabajado con él afirman que es estudioso y su estilo de vida y de trabajo es sorprendentemente similar al de Uribe. Él mismo se define: "Trabajo hasta el cansancio, salgo a trotar todos los días, soy enemigo de los cocteles y las comidas, no bebo, tomo todo el día goticas homeopáticas, soy un pésimo bailador y soy un montañero".

Moreno no es cuota de nadie. Nunca ha militado en ninguna facción partidista ni ha seguido a algún cacique político. Es liberal uribista. Y aunque es muy medido en sus palabras, aprovechó la oportunidad de la charla con SEMANA para soltar una frase reveladora: "Las relaciones con el Congreso no se pueden limitar sólo a la repartición de cargos burocráticos". Será un reto difícil ahora que le toca impulsar la última cruzada por la reelección en el Congreso.

Algunos políticos ven su llegada con buenos ojos. Por lo menos así se lo demostraron el martes pasado, cuando se hizo público su nombramiento. SEMANA fue testigo de por lo menos 30 llamadas telefónicas de felicitación que recibió en menos de dos horas de congresistas de diferentes bancadas.

Los timbres de celulares serán en su nueva vida lo que reemplace los conciertos de Elton John que adoraba escuchar en su minicomputador. Por eso cuando se le preguntó qué fue lo primero que pensó cuándo Álvaro Uribe le dijo que se fuera a trabajar a dos metros de distancia de él no dudó en contestar: "Me dio mucho susto, pero me llegó la hora".
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