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| 2/24/2007 12:00:00 AM

‘Palo’ a la Cancillería

El nombramiento de Fernando Araújo demuestra que para el presidente Uribe la imagen y la popularidad son más importantes que la política exterior.

Incluso viniendo de un presidente como Álvaro Uribe, célebre por su capacidad de sorprender en materia de nombramientos, el anuncio de Fernando Araújo como Canciller dejó a todo el mundo boquiabierto. Este nombre no estaba en la mente de nadie. Para empezar, porque la designación se produjo apenas un par de horas después de la renuncia de su antecesora, María Consuelo Araújo, que se consideraba postergada por el fuerte apoyo que le había dado el Presidente. Pero sobre todo porque el nuevo Ministro, si bien estaba en la mente de todos los colombianos que un mes atrás se habían impactado con las imágenes de su liberación, tenía todo menos antecedentes y condiciones para ocupar esa cartera. Una vez más, Uribe demostró que en materia de política internacional pesan más lo mediático y la política interna.

Fernando Araújo Perdomo ha sido un exitoso empresario. El mundo exterior y la política internacional no han figurado entre sus pasiones. Y en los últimos seis años, víctima del cruel secuestro de las Farc, estuvo ausente del mundo justo cuando se produjeron acontecimientos trascendentales en el sistema internacional -el ataque de Al Qaeda contra Estados Unidos, la guerra de Irak- que modificaron la política mundial. El impacto mediático que había producido su liberación heroica y cinematográfica había llevado a algunos amigos suyos a postularlo como candidato a la Alcaldía de Cartagena, y en las encuestas de la ciudad amurallada ocupaba el primer lugar. Pero Araújo había mostrado pocas ganas con el creíble argumento de que quería recuperar el tiempo perdido para su familia y para actualizarse sobre todo lo que ocurrió durante el largo período en el que lo forzaron a vivir en el monte.

Ningún momento, como el actual, requiere un Ministro de Relaciones Exteriores con conocimiento y experiencia. Coinciden una difícil situación internacional -guerra, pérdida de credibilidad de la ONU, América Latina dividida- con uno de vulnerabilidad externa de Colombia: la negociación con los paras y la falta de un intercambio humanitario causan molestia en la comunidad internacional. Las relaciones con los vecinos, Venezuela y Ecuador, son más complejas que nunca antes. La demanda de Nicaragua sobre la soberanía del archipiélago de San Andrés se aproxima a su momento definitivo. Un Congreso menos amigo, en Estados Unidos, decidirá en los próximos meses la aprobación del TLC y del Plan Colombia. Hace muchos años la Cancillería de San Carlos no tenía que enfrentar desafíos tan complejos y simultáneos.

Por todo lo anterior, el nombre de Araújo Perdomo no podía estar en los cálculos de nadie. Además, su nombre evoca el escándalo de Chambacú, antes de su secuestro, que todavía está en la mente de la opinión pública aunque no tiene procesos abiertos ni pendientes en la justicia. Y hay inquietudes por la posibilidad de que después de unas semanas de euforia puedan aparecer las secuelas sicológicas del secuestro: el llamado estrés postraumático, que en la gran mayoría de los casos sale a flote con manifestaciones como depresión y ansiedad.

La sorpresa de este nuevo 'palazo' de Uribe y las acciones del Ministro designado aliviaron estas preocupaciones. En sus declaraciones radiales y televisivas, Araújo habló con tono de Canciller e hizo recordar la sorprendente serenidad con que enfrentó a los medios después de su secuestro. Dijo que en los años de cautiverio le había dedicado horas y horas a escuchar emisoras internacionales, gracias a lo cual se había empapado de los complejos temas de la política mundial y, de paso, había aprendido idiomas extranjeros. De su antecesora, la 'Conchi' -que lleva su mismo apellido, aunque no son parientes- recibió un espaldarazo mediático con apariciones conjuntas que proyectan la imagen de un empalme rápido y exitoso. La ex ministra, quien le sugirió al presidente Uribe el nombre de su sucesor, incluso aprovechó una reunión de cancilleres de la Comunidad Andina para hacerle una especie de presentación en sociedad con sus futuros colegas.

Más allá de si Fernando Araújo no es, como se suele decir de los buenos nombramientos, el hombre perfecto para el cargo perfecto en el momento perfecto, lo cierto es que el presidente Uribe salió bien librado. Una larga espera para dar a conocer el nombre del nuevo Canciller, después de la renuncia de la 'Conchi', habría dejado un amplio espacio para que se siguiera hablando de la creciente aproximación del escándalo de la para-política al despacho presidencial. Fernando Araújo, además, ha sido el colombiano más beneficiado en muchos meses por un baño mediático, y el hecho de ser víctima del secuestro despierta una profunda solidaridad. Su condición de ex plagiado lo convierte en un símbolo. Su historia impresionará a los medios de comunicación internacionales y servirá en otros escenarios para adelantar la diplomacia anti Farc que tanto le gusta al presidente Uribe.

Con su hábil jugada, el Presidente logró cambiar el tema de la renuncia de la 'Conchi' en el debate interno, y quedó armado con una valiosa carta para enfrentar las dudas que crecen en el exterior sobre las ventajosas condiciones judiciales que están recibiendo los jefes paramilitares y sobre los alcances del 'para-gate'. Falta ver si el as será suficiente para enfrentar el temporal. Esta semana The Washington Post y The Economist publicaron artículos en los que por primera vez se hacen preguntas sobre los efectos que podría tener la crisis sobre la gestión presidencial de Álvaro Uribe. Y en el cubrimiento internacional del relevo entre los Araújos -de María Consuelo a Fernando- las complicadas razones que motivaron la renuncia de la 'Conchi' recibieron más atención que el valiente perfil del sucesor.

No es la primera vez que llega al Palacio de San Carlos un jefe sin conocimientos sobre la técnica diplomática. Con excepciones como Julio Londoño en el gobierno de Virgilio Barco, y Guillermo Fernández de Soto en el de Andrés Pastrana, los presidentes han preferido personalidades con condiciones para trabajar por la deteriorada imagen externa del país. Eso hicieron cuatro mujeres -Noemí Sanín, María Emma Mejía, Carolina Barco y para allá iba María Consuelo Araújo- que tuvieron que aprender en el cargo, pero al final se crecieron y salieron en hombros.

Fernando Araújo pertenece a esta categoría. Es un símbolo para proyectar una percepción que rompe lo que el gobierno Uribe considera un cliché sobre la situación de los derechos humanos. El de conceptos sesgados según los cuales las violaciones sólo pueden ser cometidas por agentes del Estado o por sus aliados paramilitares. El nuevo Canciller de Colombia es una víctima de una de las peores infracciones posibles: la del secuestro, que es un atentado cruel y directo contra la libertad. Y el victimario son las Farc. De paso, su llegada a la libertad fue posible gracias a un operativo militar que el gobierno presentará ante el mundo como una prueba de que la seguridad democrática funciona.

Araújo Perdomo necesitará refuerzos. Una vez más, el vicecanciller Camilo Reyes, un juicioso diplomático de carrera, tendrá que asumir la tarea de aportarle al jefe su experiencia y su conocimiento. En muchos asuntos, además -como las relaciones con Venezuela-, el presidente Uribe es su propio Canciller. Y en otros más, el vice, Francisco Santos, ha ido consolidando un efectivo protagonismo para mostrarle a la comunidad internacional un diagnóstico sobre Colombia más favorable que el que muestra la prensa. En las últimas semanas Santos incorporó a su equipo a María Ángela Holguín, ex embajadora en Venezuela y en la ONU, que estaba en fila para ser Canciller, tal vez en el puesto siguiente a Fernando Araújo.

Como todas las movidas audaces, la escogencia del nuevo Canciller es toda una aventura. Pero ya a nadie le sorprende que los riesgos le importen muy poco al presidente Uribe.
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