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| 9/7/2017 9:00:00 PM

Estudiantes venezolanos llevaron su bandera al papa

SEMANA acompañó a un grupo de jóvenes en su peregrinación para ver al sumo pontifice. Muchos llevaban días de recorrido.

Por: Dalia Medina y Patricia Rangel

Luego de 24 horas de un largo camino, con el afán de reconfirmar su fe en un  encuentro con el papa y dejando atrás su patria adolorida, llegaron a la capital un grupo de venezolanos, en un viaje desde Maracaibo. Eran apenas algunos de los cerca de 22.000 jóvenes que llenaron la Plaza de Bolívar en la visita del sumo pontífice y a quienes el santo padre les entregó quizás las palabras más conmovedoras del día: “¡No le teman al futuro! ¡Atrévanse a soñar a lo grande! A ese sueño grande los quiero invitar hoy”, les dijo emocionado desde el balcón.

Yerwin Hernandez había llegado desde la noche anterior para poder presenciar ese momento. Como no se podía acampar en la plaza, muchos colegios religiosos cercanos prestaron sus salones para que los estudiantes se resguardaran así del frío. En uno de esos colegios, el María Auxiliadora, Yerwin encontró con sus amigos un cupo.

A las  tres de la mañana ya estaba sentado en las escaleras del segundo piso del colegio esperando que sus compañeros terminaran de alistarse para ir a desayunar y luego iniciar la caminata. Yerwin es un peregrino: ha visto al papa tres veces. El joven, de piel trigueña y con unos saltones ojos pardos, cuenta que emprendió esta aventura con muchos bolívares, pero que al pasar la frontera, ese dinero apenas se tradujo en unos pocos pesos. Apenas le alcanzó para el tiquete. A punta de vender labiales se costeó la comida de sus días en Bogotá.

El joven de 25 años cuenta que comenzó esa aventura con un propósito de fe: encontrase con Cristo y llevar su mensaje a los 200 jóvenes pertenecientes a la Pastoral Juvenil, de Maracaibo. Allí trabaja como en la Secretaria de Cultura, mientras termina la carrera de Ciencia Política. Vive con sus padres, pero sus dos hermanos se fueron a Chile a buscar mejores oportunidades. 

Cuenta que la Pastoral Juvenil se fundó hace cinco años y se encarga de acompañar a los jóvenes a que descubran su fe. A diario hacen labores sociales como regalar ropa, llevar alimento a los niños y ayudar a los ancianos. Yerwin no es la primera vez que ve a Francisco, ya que gracias a la labor pastoral que hace en su país, ha tenido la oportunidad de ir a Brasil y a Polonia a escuchar los mensajes del papa.  Una frase que recuerda del papa cuando visitó Brasil es “Jóvenes vayan a la calle, hagan lío y no se queden encerrados”. De Polonia se llevó otro mensaje: “No quiero jóvenes que se jubilen a los 20 años, no quiero que se duerman; quiero que estén despiertos y sean capaces de cambiar realidades”

Todos sus compañeros en Maracaibo querían viajar pero solo algunos lo lograron. En la Plaza de Bolívar, sus amigos y él eran de los que gritaban con más entusiasmo: “Esta es la juventud del papa, esta es la juventud del papa”.  

Ese clamor contagió en un momento a los cerca de 22.000 jóvenes y el grito retumbaba en los oídos de todos los presentes. Nasly, una estudiante bogotana, relata que llegó a las cuatro de la mañana para ver al sumo pontífice. El recorrido inició por la carrera Séptima hasta el parque Tercer Milenio.

No hubo hora, ni clima que detuviera a esta generación ávida del mensaje del papa. Todos iban preparados para la ocasión: tanto su indumentaria alusiva a Francisco, como sus colaciones debidamente preparadas para que ni el hambre, ni el frío, ni el calor, opacaran ese momento. A las siete de la mañana arribaron a la Plaza de Bolívar. Fueron más de cuatro horas de canto, de alabanza y de baile. A las once de la mañana el tan esperado momento llegó.

El papa les entregó a los jóvenes un discurso profundo y lleno de vitalidad. Aseguró que las nuevas generaciones deben enseñar a los mayores a perdonar, para que dejen atrás el lastre del odio. Reconoció que muchos de estos estudiantes, que lo esperaban con tanto fervor, habían nacido en ambientes donde la muerte, el dolor y la división han calado tan hondo que los ha dejado medio mareados, como anestesiados.

“Mantengan viva la alegría, es signo del corazón joven, del corazón que ha encontrado al Señor. Nadie se las podrá quitar. No se la dejen robar, cuiden esa alegría que todo lo unifica en el saberse amados por el Señor... ¿Cómo no van a poder cambiar esta sociedad y lo que se propongan?, ¡No le teman al futuro! ¡Atrévanse a soñar a lo grande! A ese sueño grande los quiero invitar hoy”. 

El papa los invitó a “descubrir esa Colombia profunda”: llena de diversidad, que ha buscado durante mucho tiempo la paz y que ahora está en un proceso de reconciliación y de perdón.

A lo lejos el viento movía sin parar la bandera de Venezuela, divisando al grupo de jóvenes liderado por Yerwin. Su solicitud era de peso: que el santo padre diera su bendición al pueblo venezolano para frenar la crisis política y social por la que atraviesan.

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