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| 9/8/2017 8:40:00 PM

De Armero a Villavicencio: Francisco repite la conmovedora imagen de Juan Pablo II

Tres décadas después de la visita del papa polaco a Armero, el argentino revivió una escena que caló en la memoria de los colombianos: la del pontífice conmovido frente a una inmensa cruz que simboliza a las víctimas de una tragedia.

El papa Juan Pablo II encontró un desierto de barro seco y sobre éste una gigantesca cruz de cemento. Entonces avanzó hasta la base de la estructura, se agarró las manos, agachó la cabeza y visiblemente afectado se arrodilló sobre el suelo bajo el cual habían quedado sepultados alrededor de 22.000 muertos. Era el 6 de julio de 1986 y en Colombia seguía vivo el dolor de la catástrofe.

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Siete meses antes, un deshielo del volcán Nevado del Ruiz había producido una avalancha de agua, lodo y piedra que sepultó Armero, un próspero pueblo del departamento del Tolima. Fue una de las tragedias naturales más letales de la historia y el mundo entero compartió la pena que se extendió por todo el país. El entonces papa Juan Pablo II también manifestó su dolor y desde ese momento se supo que quería visitar el lugar de la tragedia.

Este viernes, en el Parque de los Fundadores de Villavicencio, Francisco pareció revivir ese episodio de uno de sus predecesores que quedó grabado en la memoria nacional. También tocado por el dolor de una tragedia, el papa se paró frente a una gigantesca cruz blanca de concreto, similar a la que aún sigue en pie en Armero, construido en honor de las ocho millones de víctimas del conflicto armado colombiano.

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Conmovido, Francisco, vestido totalmente de blanco, como lo estuvo Juan Pablo II en Armero, entrelazó las manos, agachó la cabeza y se quedó en silencio durante un minuto dedicado a la memoria de tantos muertos, secuestrados, desparecidos, y a los padecimientos de sus familias.

Han pasado 31 años desde la visita del que ahora es un santo. Entonces, la peregrinación apostólica tuvo un profundo significado: Colombia acababa de vivir el que tal vez ha sido el año más doloroso en su historia. En 1985 no solo ocurrió la tragedia de Armero, sino también el Holocausto del Palacio de Justicia, donde murieron alrededor de 100 personas. La visita del papa, entonces, fue una especie de bálsamo para empezar a sanar esas heridas.

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Esta vez, la visita de Francisco tiene un significado similar. El papa llegó al año siguiente a la firma del acuerdo de paz con las Farc, que puso fin a un conflicto que dejó millones de víctimas. Esta vez, su peregrinación, como se manifestó en Villavicencio, tuvo como intención transmitir el mensaje de que el país debe dar un paso hacia la reconciliación, precisamente para cicatrizar las heridas de la guerra.

Por eso, en la capital del Meta,  Francisco escuchó el testimonio de víctimas y actores del conflicto y beatificó a dos sacerdotes que murieron en el transcurso de esa violencia acumulada. Coincidencialmente, uno de ellos, el beato Pedro Ramírez, era oriundo de Armero. Como en 1986, la visita pretende ser la antesala de un momento de tránsito en el que el país espera poder empezar a superar sus tragedias.  

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