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| 8/8/2017 7:38:00 PM

El silencioso guardián de la Virgen que viajará en helicóptero a su encuentro con el papa

El lienzo que ha sobrevivido al agua, un terremoto, un secuestro y ante el que se han postrado Bolívar, el papa Juan Pablo II y ahora Francisco, es protegido por un fray en Chiquinquirá. Así se convirtió en la reliquia más venerada de Colombia.

Desde hace 400 años los dominicos son los guardianes de la reliquia religiosa más venerada en Colombia, esa misma que ha sido amenzada por un secuestro y hasta un terremoto. Desde hace 9 meses, la delicada responsabilidad de cuidarla pesa sobre los hombros del Fray Nelson Novoa, quien fue elegido entre los miembros de su orden como prior del santuario, en una especie de cónclave similar al que se organiza para escoger al máximo jerarca de la iglesia romana. 

Por eso, cuando la Virgen de Chiquinquirá salga de su refugio en la basílica de ese municipio por décima vez en cuatro siglos, el fray será el hombre que la custodiará. Será su escolta durante el vuelo en helicóptero, tan distinto a esas primeras prosesiones jaladas por lomos humanos, y el encargado de custodiarla los 9 días en los que la imagen estará en la Catedral Primada de Bogotá para ser venerada por las mayorías de un país católico y por el mismo papa Francisco.

No será la primera vez que se verá a uno de los hombres más poderosos del mundo hincarse ante el sencillo lienzo de 1,2 por 1,1 metros. Hace 200 años, el mismo Simón Bolívar llegó hasta su altar, se arrodilló ante la imagen y agradeció por el éxito de su campaña castrense.

Ya en 1816, Manuel Serviez, un general patriota, había secuestrado la imagen para llevarsela en su carpa militar, a escondidas, y consagrarla como la protectora de sus tropas. Pero las fuerzas españolas lo interceptaron en el camino al llano y devolvieron la imagen al santuario, impidiendo que abandonara Chiquinquira con rumbo a una empresa en la podría haber perecido.

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Creer que el éxito de Bolívar en la liberación de cinco países está marcado por su devoción mariana es cuestión de la fe de cada quien, pero lo cierto es que el general tenía razones para agradecer cuando se postró ante la chiquinquireña. Durante años de veneración, la Virgen había acumulado un tesoro que sus feligreses dispusieron como ofrenda. Y esas mismas joyas se las llevó el ejército patriota luego de encomendarse a la imagen y de que los dominicos decidieran destinar ese patrocinio divino a la pobre pero valiente causa militar.

El fray Novoa, el custodio, explica que esa apuesta por la campaña libertadora se justificó por la vocación de la orden de la que hace parte pero también por el mismo origen de la Virgen de Chiquinquirá, cercana siempre a la gente del común, a los que entonces eran sometidos por la tiranía de la corona española. Y es que según el relato católico, la Virgen se le manifestó a una india, que llevaba por nombre prestado Isabel. "Es una muestra de que Dios no quería ese maltrato, esa explotación", asegura el fray.

La mujer, sierva de doña María Ramos, fue quien presenció lo extraordinario. La imagen estaba tan maltratada por la humedad y el abandono que fue trasladada a una capilla que ocasionalmente servía como sitio de oración. Allí, el 26 de diciembre de 1586, la india Isabel vio que del lienzo brotaron resplandores, que su color se restauró y los agujeros del desgaste se cerraron por sí solos.

Luego de esa visión mística los indígenas de la zona construyeron un santuario donde empezó su veneración. Y en ese lugar guardaron un espacio para la habitación de doña María Ramos, quien se convirtió en su primera guardiana, en la encargada de una labor que hoy le corresponde al fray Novoa.

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La relación de ese lienzo se hizo aún más estrecha con la población a comienzos del siglo XIX, en una de las escasas peregrinaciones de la imagen. La peste encarnaba la amenaza más contundente a la existencia de la humanidad cuando una epidemia de viruela causó muertes y miedo entre los boyacenses. Entonces, el lienzo de Chiquinquirá salió de su caverna en una peregrinación que, dice el relato religioso, despejó la enfermedad de los pueblos a su paso.

Para comienzos del siglo XX, con el recuerdo de la Virgen como patrocinadora de la campaña bolivariana y a cien años de la batalla que selló la independencia en el Puente de Boyacá, el presidente Marco Fidel Suárez la coronó como reina de Colombia. Sin embargo, su nueva investidura no la puso a salvo del riesgo. En 1967 un terremoto destruyó su capilla, pero la imagen sobrevivió intacta.

Siempre esquivando peripecias, la imagen cumplió 400 años de la milagrosa restauración ante la india Isabel. En 1986 fue sometida a exámenes para determinar su antiguedad y autenticidad. Los resultados indicaron que la pintura data de 1562, que había sufrido los efectos del agua, de la electricidad y que su lienzo y la pintura con que la realizaron, que nunca había sido retocada, no era de la mejor calidad. Por eso, los expertos a cargo del análisis dictaminaron que su conservación "es realmente prodigiosa".

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Ese mismo año, Juan Pablo II, que entonces no solo era el papa sino que en medio de las disputas de la Guerra Fría encarnaba a uno de los hombres más poderosos del planeta, visitó a la Virgen en su santuario y se postró ante ella.

La última vez que la imagen de la Virgen de Chiquinquirá salió de su santuario fue en 1999, en una peregrinación por la paz. El próximo primero de septiembre, antes del mediodía y custodiada por el fray Novoa, la imagen será cargada en un helicóptero y aterrizará en un aeropuerto de Bogotá tras 40 minutos de vuelo. Monseñor Pedro Salamanca explica que será escoltada por la Guardia Presidencial hasta la Catedral Primada. Desde entonces comenzará una vigilia de oración en su honor, hasta que el papa Francisco llegue a su encuentro.

El pontífice se presentará ante la imagen en la mañana del 2 de septiembre. Recitará letanías y el Magnificant, la oración que María le dirigió a su prima Isabel, según el relato bíblico. Le dejará una ofrenda floral y posiblemente una joya como tributo. La Virgen seguirá allí mientras el papa esté en Colombia. El 10 de septiembre, cuando Francisco ya esté ene le Vaticano y el ruido de su visita haya disminuido, el sencillo fray Novoa, que para entonces no se habrá movido ni un instante del lado de la imagen, volverá en silencio con la Virgen al santuario de Chiquinquirá.

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