Viernes, 31 de octubre de 2014

| 2013/06/08 05:00

"Para descansar están las vacaciones, no esos permisos"

Jaime Arrubla, expresidente de la Corte Suprema de Justicia, habla de la controversia causada por los viajes de la actual titular y sobre los problemas que aquejan a las altas cortes.

"Para descansar están las vacaciones, no esos permisos" Foto: León Darío Peláez / Semana

María Jimena Duzán: Usted, que fue presidente de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), ¿qué opina de que la presidente de ese alto tribunal pida vacaciones remuneradas y se vaya de crucero con uno de los aspirantes a la vacante que usted dejó? 


Jaime Arrubla: Lo del permiso es una norma perversa que está plasmada en el artículo 144 de la Ley Estatutaria de la Justicia que dice que los permisos remunerados deben ser justificados. Es tan amplia que ha sido interpretada por algunos con mucha laxitud y por otros de manera más estricta y lo que le pasó a la presidenta de la Corte es que le explotó el lío en sus manos, pero le pudo haber explotado a cualquier otro presidente de otra corporación. Personalmente creo que ese tipo de permisos debe ser estrictamente para cuestiones calamitosas, las que realmente son “causas justificadas”, pues para descansar están las vacaciones. 

M. J. D.: Sin embargo, me dicen mis fuentes que usted siendo presidente de la Corte utilizó esta misma figura varias veces. 


J. A.: Mire María Jimena, yo salí estrictamente a las comisiones de servicios que requería el cargo que desempeñaba. Y las dos veces que utilicé el permiso remunerado fue cuando me dio el infarto, que es una causa justificada. Pero los días que estuve con ese permiso los pasé en el hospital. No en un crucero. 

M. J. D.: Más que el permiso, lo que me parece realmente grave de este episodio es que la presidente de la Corte se haya ido de vacaciones con un aspirante a una de las vacantes. Eso en plata blanca se llama tráfico de influencias y es un delito. ¿Esa es acaso una práctica usual dentro de la Corte?


J. A.: No lo era. Entiendo que todos los que estuvieron en el viaje eran amigos de vieja data. Pero también sé que uno de ellos estaba aspirando a ese cargo. Y si ese era el caso, no debió haber ido y creo que va a tener que quedar por fuera del proceso. Las condiciones deben ser iguales para todos los aspirantes. Ese es el aspecto más deleznable de este episodio tan lamentable. 

M. J. D.: Si hubo o no delito tampoco lo vamos a saber. Su juez es la ‘Comisión de Absoluciones de la Cámara’, además de que el procurador ya le dio la bendición. 


J. A.: En términos generales –porque le aclaro: no me quiero volver juez de personas que aprecio y estimo– los magistrados de la CSJ tenemos fuero y por lo tanto nuestras faltas disciplinarias o penales le corresponden a la Comisión de Acusaciones de la Cámara. Y a los magistrados de los tribunales superiores, la investigación le corresponde al Consejo Superior de la Judicatura.

M. J. D.: ¿Usted cree que la presidente de la Corte cometió un error o un delito?


J. A.: De pronto pudo haber un error y una ligereza. Pero conociendo a las personas que fueron, no creo que haya mala fe. Pero entiendo que este episodio puede dar lugar a muchas interpretaciones.

M. J. D.: ¿Por qué renunció el magistrado Solarte? 


J. A.: En todas las cortes hay excelentes magistrados y en la CSJ uno de esos es el doctor Arturo Solarte. Leyendo su carta de renuncia entiendo que es porque no quiere convertirse en un obstáculo en la composición de la Corte. Hay quienes pensamos que los criterios y perfiles que deben tener los aspirantes a magistrados tienen que ser la independencia, el profesionalismo, la solvencia moral y que por ningún motivo se pueden comprometer esos criterios por el amiguismo. Sin yo saber qué pasa dentro de esa corporación –y sin manipular, como equivocadamente han dicho varios medios–, me preocupa que en esa carta de renuncia el doctor Solarte se esté doliendo de que esos no sean los criterios que en este momento dado estén primando. Y eso es muy preocupante.

M. J. D.: ¿Y por qué no dio la pelea?


J. A.: Uno la da cuando tiene forma de darla. Mire usted que últimamente casi todas las decisiones de la Corte en materia de las elecciones para estas vacantes son la mayoría contra tres. En la Corte ya no hay dos grupos como han dicho los medios. Hay solo uno. 

M. J. D.: ¿Y ese grupo es esa camarilla de la que habla el exmagistrado Hernando Yepes comandada por el doctor Francisco Ricaurte y Pedro Munar, magistrados que salieron de la CSJ para ser elegidos en el Consejo Superior de la Judicatura?


J. A.: Yo no lo llamaría camarilla, pero sí una tendencia. El último factor para elegir a un magistrado de una alta corte debería ser el amiguismo. Y uno nota que eso se está inclinando hacia allá. A la Corte debe entrar el mejor juez, el mejor académico, el mejor abogado y ojalá, que todas las salas tengan esos componentes. 

M. J. D.: ¿Está de acuerdo con el carrusel que han armado los magistrados Ricaurte y Munar entre la CSJ y el Consejo Superior de la Judicatura que es el que arma las listas de los aspirantes a las vacantes que dejan los magistrados para que sea la CSJ la que los elija?


J. A.: Respetando la posición de ellos al aspirar y de la Corte al elegirlos, desde el punto de vista institucional y sin personalizar, yo debo decir que no soy partidario de la puerta giratoria. ¿Por qué? Porque es mal visto que uno pase de una Corte a otra. Y más si los que uno eligió en una Corte son los que a su vez lo van a elegir en la otra. Esas son las cosas que hay que empezar a corregir para que la sociedad recupere la imagen de las cortes. Lo que hay que buscar es que estas elecciones sean más transparentes para que entren los mejores y no primen los amiguismos. 

M. J. D.: Usted se retiró hace un año, en marzo de 2012, y la corporación no ha podido elegir su reemplazo. Con la renuncia del magistrado Solarte serían cuatro vacantes. ¿Puede así funcionar la Corte?


J. A.: Se está repitiendo algo que sucedió cuando yo estaba en la Corte. Entre 2009 y 2010, yo fui vicepresidente y presidente de la CSJ respectivamente, y se presentó también una dificultad en elegir cuatro vacantes y algunas de ellas también pasaban de un año. Anteriormente, cuando alguien obtenía la mayoría, toda la Corte se plegaba alrededor del nombre, o la sala que estaba postulando postulaba otras personas, siempre tratando de que las elecciones fueran lo más rápido posible. De pronto nos encontramos con que ni venían nuevos nombres ni se cedía ante el que tenía mayoría y eso fue frenando los procesos electorales. Lo que está pasando ahora es lo mismo que pasó en 2009 y debe ser entendido como una voz de alarma para impulsar de nuevo la fracasada reforma a la Justicia. Hay que revivirla en lo que tenía de bueno. La reforma fracasó por unos oportunistas que se valieron de ella para regular sus intereses personales como el de ampliación de sus periodos vigentes, pero tenía cosas buenas. 

M. J. D.: ¿Y si la Corte no es capaz de llenar esas cuatro vacantes?


J. A.: Pues le va a tocar a la Nación buscar un mecanismo que haga efectiva esas vacantes. En ese caso tendríamos que reformar la Constitución y cambiar las mayorías. 

M. J. D.: La Constitución de 1991 les dio unas funciones electorales a las cortes que han politizado a la rama. ¿Usted es partidario de que estas sigan existiendo?


J. A.: Eso quedó mal. Las funciones electorales de las altas cortes deben ser las estrictamente necesarias. Yo dejaría la elección del fiscal y la elecciones de los mismos magistrados de la CSJ, pero las que tienen que ver con Contraloría, Auditoría, Procuraduría yo las eliminaría a nivel nacional y seccional. Eso no solamente distrae sino que permite manoseos y todo un trámite electoral que debe ser ajeno al juez. 

M. J. D.: Usted ha dicho que está entrando gente a las cortes sin la idoneidad requerida. ¿Eso no afecta la jurisprudencia y la seguridad jurídica?


J. A.: Fíjese: yo no era enemigo de que se elevara el periodo a 12 años. Yo era enemigo de que se aplicara a los vigentes, porque nos iban a ver como si estuviéramos negociando la reforma para quedarnos allá. Uno nunca debe hacer una reforma para quedarse. Hay países donde los magistrados son vitalicios, lo que tampoco es bueno. Pero es muy corto el periodo de ocho años porque eso no es bueno para la estabilidad de la jurisprudencia. 


M. J. D.: ¿Usted volvería al sistema de cooptación anterior al de la Constitución de 1991?


J. A.: Ese sistema de cooptación fue muy cuestionado porque la misma Corte elaboraba la lista de la cual iba a sacar el reemplazo del magistrado. Pero mire usted. La sala respectiva era la responsable de eso. En esas ternas siempre se incluían los mejores juristas del país y nunca hubo demoras. Los enemigos de la Corte en la constituyente –que fueron muchos– acuérdese que le quitaron funciones y la atomizaron, se decidieron por un sistema de cooptación mixto y decidieron que el Consejo Superior de la Judicatura hacía las listas y la Corte elegía. 

M. J. D.: ¿Se acabó la parapolítica?


J. A.: No creo. Por el contrario, esta tiene que tocar otros niveles. No eran congresistas, sino diputados, alcaldes, gobernadores, empresarios. 

M. J. D.: ¿Y con ese amiguismo que se ha tomado la Corte sí se puede avanzar en temas como ese?


J. A.: Hipotéticamente usted tiene razón. Para lograr estos objetivos se necesita un sistema judicial independiente y con carácter para que pueda tomar decisiones y no responder a ningún tipo de influencias. 

M. J. D.: ¿Dicen que es más fácil hacer la paz en La Habana que una reforma a la Justicia?


J. A.: Yo creo que hay que ser optimistas. 

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