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| 9/6/2014 10:00:00 PM

Para sembrar confianza en sí mismos

El premio a los mejores líderes del país 2014, entregado el pasado miércoles, resaltó que la Selección Colombia demostró que el liderazgo colectivo puede empoderar a una nación, así como lo hacen 30 líderes más desde sus áreas.

Hace un año James Rodríguez pasaba los días sentado en el banco de su nuevo equipo, el Mónaco. Su entrenador no había logrado incorporarlo dentro del juego como quería; a su juicio, tenía “un problema de mentalidad” porque se concentraba en el ataque y descuidaba la defensa. El 10 se convirtió en 0, y eso hizo mella en la mente de aquel joven de 22 años. 

Ante ello, José Néstor Pékerman viajó a Francia, lo buscó y se sentó a su lado para decirle que creía en él, que siguiera preparándose con tesón y disciplina y que lo único que no podía permitirse era dejar de soñar. Al final, James se convirtió en el goleador del campeonato mundial y una de sus figuras más descollantes, y Pékerman confirmó que, en el fondo, un auténtico líder no es el que pide que lo sigan a la tierra prometida, sino el que siembra tal confianza que logra empoderar a sus dirigidos de su propio talento. Así lo reconocen el jugador y técnico Jorge Valdano y el empresario Juan Mateo, en su libro Liderazgo: “Un buen entrenador será, entonces, aquel que prepare atletas que se lideren a sí mismos, en los momentos de afrontar grandes presiones”. Y si eso, como admiten, es difícil hacerlo con tiempo y serenidad, lo es mucho más a plena carrera, en medio de las urgencias y vanidades del fútbol. 

Esa capacidad del director técnico de la Selección Colombia le hizo merecedor en 2013 de uno de  los premios a los mejores líderes por Colombia, proyecto organizado por la revista SEMANA y la Fundación Liderazgo y Democracia, con el apoyo de Telefónica-Movistar. Se trata de un certamen que busca detectar, cada año, fenómenos de liderazgo individual en diversos sectores o áreas de trabajo que ejemplifiquen cómo un líder es el motor de cambio de una sociedad y por qué sin él es muy difícil aprovechar tanto una crisis como una oportunidad.

En la cuarta versión del premio, celebrada el miércoles pasado, el jurado quiso hacer un reconocimiento especial al valor de lo colectivo con el mejor modelo posible: la Selección Colombia. Si liderar es el “arte de gestionar voluntades” y “el líder es ante todo un seductor”, según los autores, Pékerman logró –como los perspicaces conocedores de fútbol y, sobre todo,  de seres humanos– “que 11 voluntades sueltas se pusieran de acuerdo alrededor de una idea, un sentimiento y un interés”. Pero eso no hubiera sido posible sin que esas voluntades tuvieran conciencia de su poder al servicio de un fin común. Esa actitud ya se perfilaba antes del Mundial, pero durante el campeonato dejó claro su contundencia y alcance.  

“En un momento de gran conflictividad del liderazgo político (que llegó a su clímax durante la campaña electoral por una polarización extrema) la selección dio un ejemplo único de trabajo en equipo, humildad, colaboración, juego limpio y pensamiento en grande, y eso hizo que los colombianos sintiéramos algo especial”, señala Álvaro Forero, director de la Fundación Liderazgo y Democracia, quien recalca la fuerza de esa actuación enmarcada en la teoría moderna del liderazgo. 

En su criterio, Colombia tiene una amplia tradición del liderazgo autoritario y heroico, pero la selección puso de manifiesto una forma distinta: inclusiva, silenciosa, humilde, respetuosa y con el grupo antes que al individuo. Por eso fue tan sorprendente y arrolladora. 

Así también han sido las diez historias de vida de líderes individuales que este año son premiados, cada uno como adalid de una causa particular: el ciclista Nairo Quintana por su esfuerzo para escalar los sueños; la cantante Shakira por su generosidad en el proyecto educativo que hará grandes a los más pequeños; la senadora Claudia López por su brío para hacer política con transparencia; el empresario Maurice Armitage por su compasiva lección de perdón, reconciliación y equidad;  la excandidata presidencial y dirigente del Polo Democrático Alternativo, Clara López, por converger sus diferencias en apoyo de una salida negociada del conflicto, a través del proceso que se desarrolla en La Habana; la alcaldesa de Barranquilla, Elsa Noguera, por su capacidad de ejecución modernizadora de una ciudad; el exministro Rafael Pardo por su conciliación con distintos actores para promover políticas de empleo que erradiquen la informalidad, la desprotección social y el trabajo infantil: el padre Ciryllus Swinne por su auténtica vocación de servicio a los más desvalidos y su convicción de que la turbina de la fe es la acción; la ambientalista Julia Miranda por su disciplina y rigor en la defensa de la biodiversidad del país, y el periodista Ignacio Gómez por su impulso férreo de la libertad de expresión y la protección de quienes la ejercen profesionalmente. 

Todos ellos prueban fehacientemente que una persona es capaz de hacer la diferencia. Su liderazgo transmite vigor a través del ejemplo; por ello han logrado convocar y trazar un camino. Pero son conscientes de que no hay líder sin seguidores, como advirtió el célebre filósofo de la administración Peter Drucker, y eso impone tener claro que el liderazgo es un proceso que se construye con y para el otro. Esa es quizá la más valiosa lección de un equipo que conectó al país con lo mejor de sí mismo.

Las diez personalidades mencionadas trabajan a la sombra, mientras que la selección lo hizo frente a la pantalla de 47millones de colombianos. Ahora a estos últimos les corresponde demostrar que lo visto no fue solo farándula de la alegría.  
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